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Trump se apropia del 250 aniversario de EEUU para imponer su agenda ultra
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Trump se apropia del 250 aniversario de EEUU para imponer su agenda ultra

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
3 de julio de 2026 21:33 h

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Es el día del país. Siempre se ha celebrado de forma festiva, con ferias y fuegos artificiales. Pero este año está lleno de ingredientes MAGA, lo que convierte el 250 aniversario de la independencia de EEUU en una plataforma política para la agenda ultra de Donald Trump a cuatro meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato y en medio de una guerra en Irán que no termina de cerrarse, con los efectos que eso tiene en el bolsillo de los ciudadanos estadounidenses.

El presidente de EEUU arrastra una popularidad en mínimos históricos, por debajo del 40% de media, si bien entre los suyos aún conserva una aceptación por encima del 80%. Es decir, Trump es un presidente que suspende entre los estadounidenses, pero que roza el sobresaliente entre sus votantes, que son cada vez más MAGA y cada vez menos republicanos en el sentido de lo que ese partido ha representado históricamente.

Desde el desfile militar por su cumpleaños el año pasado, hasta la velada sangrienta de artes marciales mixtas en la Casa Blanca el pasado 14 de junio, pasando por la inauguración de la Gran Feria, el pasado 27 de junio, hasta el discurso de este sábado, 4 de julio, por la noche en el National Mall, después de un desfile militar con aviones militares sobrevolando cada hora Washington DC, todo ha sido diseñado para la mayor gloria de Trump y su agenda ultra.

Los demócratas han publicado un informe en el que muestran cómo Trump ha ido “secuestrando” el 250 aniversario de EEUU.

En 2016, el Congreso de EEUU creó una comisión independiente y no partidista, encargada de organizar las celebraciones del 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia de EEUU: America250.

“Pero bajo el mandato del presidente Donald Trump, este aniversario ha sido secuestrado y pervertido hasta convertirse en un semillero de corrupción y enriquecimiento personal”, afirma el informe, que “documenta cómo la maquinaria creada para una conmemoración nacional se transformó, de forma deliberada y a lo largo de varios meses, en un aparato para recaudar y gastar dinero al servicio del ego del presidente, su ideología política y sus proyectos favoritos”.

Así, los demócratas denuncian cómo la Casa Blanca ha intentado “doblegar a America250, exigiendo espectáculos centrados en promocionar al presidente Trump en lugar de al país, al tiempo que imponía contenidos partidistas, eventos de recaudación de fondos y contratistas afines a una organización que el Congreso había diseñado para servir a todo el país, no a un partido ni a un presidente”.

¿Y qué pasó cuando la comisión America250 se opuso a las exigencias del presidente? La Casa Blanca creó un reemplazo: Freedom 250 LLC, una organización paralela capaz de infiltrarse en las celebraciones e inyectar en el 250 aniversario de EEUU la agenda ultra de Trump.

En este sentido, los demócratas denuncian que “Freedom 250 podría haber cometido fraude electrónico al atraer a donantes que pretendían apoyar a la fundación autorizada por el Congreso y proporcionar, en su lugar, los datos bancarios a Freedom 250. Se vendió acceso al presidente a quienes estuvieran dispuestos a pagarlo. Se impuso una historia falsa del país para adaptarla a la visión distorsionada que el presidente tiene del pasado. Se inyectó ideología nacionalista cristiana en los actos, erosionando el muro de separación entre Iglesia y Estado. La concesión de licencias de logotipos sin restricciones permitió a Freedom 250 comercializar artículos profundamente racistas bajo el amparo del Gobierno. Una organización que en su día fue responsable de planificar los actos relacionados con la insurrección del 6 de enero ha sido ahora contratada para las celebraciones del 250 aniversario de Estados Unidos”.

El informe añade: “El dinero de los contribuyentes se canalizó hacia los contratistas preferidos del presidente. La información privada y personal de los estadounidenses ha sido recopilada por los aliados de Trump con fines políticos”.

En todo caso, quedan sin respuesta cuestiones importantes: las listas completas de donantes y el destino final de los fondos que Freedom 250 ha recaudado y gastado.

“La celebración nacional que pertenecía a todo el país fue secuestrada para satisfacer la vanidad de un solo hombre”, afirman los demócratas, “y los métodos que han utilizado y perfeccionado, desde el control de organizaciones sin ánimo de lucro hasta la explotación de donantes, el desvío de fondos públicos y el desmantelamiento de entidades independientes, han allanado el camino para que los ultrarricos y quienes cuentan con conexiones políticas se aprovechen del pueblo estadounidense.

Los estadounidenses, cada vez menos orgullosos de su país

De acuerdo con una nueva encuesta reciente de AP-NORC, los estadounidenses se sienten menos orgullosos de la historia de su país y del funcionamiento de su democracia.

El orgullo de los estadounidenses por EEUU en varios aspectos clave ha disminuido desde 2017 —entre ellos, el ejército del país y su influencia política en todo el mundo—, según la encuesta realizada por el Centro de Investigación de Asuntos Públicos de Associated Press-NORC.

Esta encuesta se llevó a cabo en abril, mientras Estados Unidos e Irán se enfrentaban por el estrecho de Ormuz en una guerra prolongada que comenzó con los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán.

Una nueva encuesta de Gallup también revela que solo el 53% de los adultos estadounidenses se sienten “extremadamente” o “muy” orgullosos de ser estadounidenses, la cifra más baja registrada en la tendencia que se remonta a 2001.

El orgullo de los estadounidenses por el funcionamiento de la democracia en EEUU ha disminuido en 14 puntos porcentuales, pasando del 42% en febrero de 2017 al 28% actual.

Además, el orgullo de los estadounidenses por sus fuerzas armadas ha caído 19 puntos porcentuales desde 2017, y el orgullo por la historia de EEUU ha disminuido 14 puntos porcentuales. En ambos casos, el descenso se debe en gran medida a los demócratas, aunque también se observa cierto cambio entre los independientes.

¿Trump en el Monte Rushmore?

El 250 aniversario se está convirtiendo cada vez más en una sucesión de fastos para la mayor gloria de Trump, su agenda ultra y sus valores, retratados en la sangrienta velada de artes marciales mixtas del pasado 14 de junio en la Casa Blanca.

Estados Unidos vive, desde su fundación, la paradoja de la libertad entre quienes la disfrutan y los oprimidos —antes esclavizados— que la anhelan; entre quienes pueden pagar un seguro médico y quienes no tienen sanidad en el país más rico del mundo; entre los que ejercen la dominación sobre el resto y quienes la padecen; entre quienes son multimillonarios y tienen a los políticos en sus bolsillos a través de la financiación de sus campañas y quienes alimentan a sus familias con subsidios; y entre los nativos americanos que sufrieron un genocidio y han quedado sistemáticamente relegados y quienes controlan la política y la economía del país.

Y en los discursos de Trump nunca hay ningún recuerdo ni ningún gesto para ese Estados Unidos.

Es más, este viernes el presidente de EEUU vuelve al célebre Monte Rushmore, donde están esculpidos los padres fundadores de la patria en las Black Hills de Dakota del Sur, una tierra que los sioux lakota llaman Paha Sapa y consideran sagrada. El Gobierno de Estados Unidos se apoderó de este territorio en 1877, violando el Tratado de Fort Laramie de 1868, lo que convierte al monumento en un símbolo profundo de las promesas incumplidas y de la resistencia indígena.

Pero eso a Trump le importa poco. Es más, lo que anhela es sumar un rostro más a esas montañas profanadas por los colonos: el suyo.

“No habría mejor incorporación al emblemático Monte Rushmore que la del presidente número 45 y 47 de Estados Unidos, Donald Trump”, ha declarado Taylor Rogers, uno de los portavoces de la Casa Blanca, a The Washington Post.

Para un presidente al que le han erigido una estatua de oro de sí mismo en su complejo de golf y cuyo nombre e imagen figuran en edificios, programas gubernamentales, pasaportes, monedas digitales y físicas, carreteras y un aeropuerto, este lugar emblemático siempre le ha rondado la cabeza.

Pocos días después de tomar posesión de su cargo por segunda vez, la congresista ultra Anna Paulina Luna (republicana por Florida) presentó en enero de 2025 un proyecto de ley en el que se ordenaba al Departamento del Interior que iniciara el proceso para esculpir el rostro de Trump en el Monte Rushmore.

Además, el congresista Andy Ogles (republicano por Tennessee) ha enviado una carta al secretario del Interior, Doug Burgum, pidiéndole que estudie la posibilidad de añadir a Trump, alegando que “la resistencia burocrática del pasado o las incomodidades políticas” no deberían detener el proceso. Y el propio Burgum, en contra de lo que habían afirmado anteriores responsables del Servicio de Parques Nacionales, declaró en Fox a Lara Trump que no era algo descartable: “Bueno, desde luego que hay espacio para ello allí”.

En 2018, la responsable de información pública del Monte Rushmore, Maureen McGee-Ballinger, declaró al Sioux Falls Argus Leader que “ya no hay más espacio para tallar”, y añadió que la roca situada a la izquierda de Washington no se puede tallar, y que lo que parece ser un espacio junto a Lincoln está “más allá de la escultura” y es un “efecto óptico”.

Obras a la mayor gloria de Trump

Trump, además, siempre tiene recuerdos para las fuentes, el salón de la Casa Blanca o el estanque reflectante, cuya reforma de 16 millones de euros es un fiasco tan grande que el presidente de EEUU no deja de culpar a supuestas acciones de sabotaje que nadie en su Administración es capaz de acreditar. Pero, eso sí, la excusa le da para reforzar el despliegue de la Guardia Nacional en la zona, para que, así, los habitantes de la capital naturalicen la presencia de soldados patrullando las calles, como si de un régimen militar se tratara gracias al despliegue permanente de la Guardia Nacional en Washington DC.

En efecto, para mayor gloria del presidente, la Casa Blanca ha impulsado obras públicas autocomplacientes que requieren una financiación sustancial. Entre los proyectos que el presidente ha intentado vincular al 250 aniversario, está un arco del Triunfo de 250 pies —75 metros— que eclipsaría al Monumento a Lincoln; un salón de gala en la Casa Blanca cuyo coste se ha disparado —400 millones de dólares en la obra, más otros tantos en requisitos de seguridad—; un fiasco millonario para el estanque reflectante; y la transformación del East Potomac Golf en un exclusivo campo de golf al estilo Trump.

“Bajo un velo de secretismo”, dicen los demócratas, “Freedom 250 vendió el acceso al presidente, solicitó fondos extranjeros en nombre de Estados Unidos y permitió que el presidente se enriqueciera. En su recaudación de fondos, Freedom 250 ofreció paquetes de patrocinio por niveles, cuyo culmen era una fotografía privada con el presidente, poniendo así un precio al acceso al presidente. Estas peticiones se llevaron a cabo al amparo de una estructura de donantes heredada de la National Park Foundation, que oculta la identidad de quienes donan y los beneficios que se les pueden prometer a cambio. Esa misma estructura se utilizó para captar fondos extranjeros. Los dirigentes de Freedom 250 solicitaron fondos a gobiernos, empresas y particulares extranjeros en el Foro Económico Mundial de Davos, y los embajadores de Estados Unidos en el extranjero solicitaron contribuciones extranjeras en relación con el aniversario”.

Trump, además, no tiene problema en compararse con el movimiento que logró la independencia del país en 1776: “Al igual que aquellos patriotas de 1776, en los últimos 17 meses hemos recuperado el poder de manos de una clase política alejada de la realidad. Están intentando recuperarlo, pero eso no va a suceder. Hemos recuperado nuestra soberanía, hemos recuperado nuestra libertad, hemos restablecido nuestra prosperidad y hemos salvado a nuestro país en todos los aspectos”.

El mundo de Trump es único. Pero es el que visualiza y relata el hombre más poderoso del mundo, mientras se apropia del 250 aniversario de EEUU para imponer su agenda ultra, y que ya todo gire menos sobre el nacimiento de Estados Unidos y cada vez más sobre la narrativa que Trump quiere imponer sobre el país y sobre sí mismo.