De los turbantes a los uniformes militares: quién manda en Irán y por qué Trump se equivoca
Primero afirmó que EEUU había culminado su operación de cambio de régimen en Irán y que los nuevos líderes parecían más razonables. Ahora, ante el bloqueo de las negociaciones, Donald Trump asegura que la cúpula iraní “está gravemente dividida” y es incapaz de presentar una propuesta “mientras intenta aclarar su situación de liderazgo”. “¡A Irán le está costando mucho averiguar quién es su líder! ¡Simplemente, no lo saben!”, dijo.
La realidad, sin embargo, es diferente. Los líderes estadounidenses ya mostraron su desconocimiento del liderazgo iraní al pensar que matando al líder supremo y otros altos cargos en una estrategia de decapitación, el sistema caería solo. Pero Irán no es la dictadura hiperpersonalista que muchos pensaban, sino que su estructura descentralizada con nodos de poder paralelos en equilibrio constante (principalmente clérigos, políticos y militares) permitieron al régimen seguir funcionando sin sus máximos dirigentes. Lejos de debilitarlo, muchos expertos señalan que EEUU lo ha fortalecido.
La guerra, sin embargo, sí ha cambiado esas dinámicas previas y la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC, en inglés) se ha erigido en el gran centro de poder dentro de los equilibrios del sistema, pasando de los clérigos y sus característicos turbantes a los uniformes militares. “Esta transformación implica que la IRGC dominará la toma de decisiones estratégicas dentro del liderazgo colectivo —desde las negociaciones nucleares, hasta la doctrina y la postura militares, pasando por la política respecto al estrecho de Ormuz—”, dice a elDiario.es Ali Alfoneh, analista del Arab Gulf States Institute especializado en Irán.
“También dominará la distribución de la riqueza —o más bien la gestión de la escasez— en Irán. A juzgar por las corrientes ideológicas predominantes dentro de la Guardia Revolucionaria, este cambio podría implicar además una evolución gradual del islamismo hacia el nacionalismo como principio organizativo e ideología del régimen. También podría traer consigo una ampliación de las libertades personales (en cuestiones como el hiyab, el consumo de alcohol e incluso la liberación sexual), al tiempo que restringiría drásticamente las libertades políticas”, añade el experto, uno de los primeros en estudiar la progresiva acumulación de poder de la Guardia Revolucionaria dentro del complejo sistema iraní.
Alfoneh sostiene que esta acumulación de poder lleva años en marcha, pero la guerra ha culminado la transición: “Dada la magnitud de las amenazas internas y externas a las que se enfrenta el régimen, su transformación en un sistema dominado por los militares se ha completado de manera efectiva”. La periodista Farnaz Fassihi, que lleva décadas cubriendo Irán, ha publicado en The New York Times una información con más de una veintena de fuentes dentro del país persa, desde miembros de la Guardia Revolucionaria a personas cercanas al viejo y al nuevo líder supremo. A la pregunta de quién toma las decisiones, todos contestaron lo mismo: la IRGC.
Cómo se toman las decisiones
Aunque antes todos esos centros de poder paralelos participaban en una toma de decisiones conjunta, el líder supremo supervisaba y tenía la última palabra en asuntos sensibles como temas bélicos o diplomáticos. Hoy, el nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, que no ha aparecido en público desde su nombramiento y que fuentes cercanas sostienen que está gravemente herido, no cumple el mismo papel que su padre.
Muchos expertos comparan la toma de decisiones en Irán con una junta de dirección de una empresa en la que ahora la Guardia Revolucionaria es el peso pesado. En esa junta, las figuras puramente políticas, como el presidente o el ministro de Exteriores, han perdido influencia.
La Guardia Revolucionaria ya no es meramente un instrumento en manos de los políticos civiles, sino un elemento constitutivo de la toma de decisiones
“El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ya no está formalmente subordinado a la autoridad civil. En su lugar, se ha convertido en parte integrante de un liderazgo colectivo informal formado por cinco personas que ha surgido para llenar el vacío. Este órgano está compuesto por el presidente, Masoud Pezeshkian; el presidente del Parlamento, Mohammad-Baqer Ghalibaf; el jefe del Poder Judicial, Gholam-Hossein Mohseni-Eje’i; un representante de la Guardia Revolucionaria (ya sea el general de división Mohsen Rezaei, excomandante en jefe de la IRGC, o el general de brigada Ahmad Vahidi, actual comandante en jefe) y un representante no identificado del ejército regular”, explica Alfoneh.
“En otras palabras, la IRGC ya no es meramente un instrumento en manos de los políticos civiles, sino un elemento constitutivo de la toma de decisiones. Además, Ghalibaf, de mentalidad estratégica —y él mismo veterano de la IRGC—, se ha erigido como el primero entre iguales dentro de este liderazgo. Él y la IRGC están llamados a dominar la toma de decisiones estratégicas, incluidos los principios fundamentales del enfoque iraní respecto a la negociación y la guerra dentro de ese liderazgo colectivo”, añade.
Pueden surgir y surgen diferencias entre las distintas estructuras paralelas de poder, pero los generales, que llevan la voz cantante, se mantienen en la misma línea estratégica, sostienen los analistas. El ascenso de Ghalibaf “no es el presagio de un nuevo régimen, sino la culminación del control del Estado por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica”, explica el experto, autor de La sucesión política en la República Islámica de Irán: el declive del clero y el auge del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (2020).
Además, el papel de la Guardia Revolucionaria ha sido fundamental para nombrar al nuevo líder supremo. “Ya en 2020 sostuve que ninguna persona podría asumir el liderazgo sin el respaldo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y que cualquier líder de ese tipo estaría en deuda con él. Esta valoración se ha confirmado. El general de brigada Mohammad-Baqer Zolqadr, antiguo jefe de la Organización de Inteligencia de la IRGC, presionó activamente a favor de Mojtaba Jamenei, facilitando su ascenso al liderazgo”, señala Alfoneh.
Fassihi sostiene que los que se han negado a negociar mientras dure el bloqueo naval estadounidense son los generales, pese a que Pezeshkian y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, no estaban de acuerdo con la decisión. Así, Trump se vio obligado a extender el alto el fuego de manera indefinida y la situación se mantiene en un delicado impase sin negociaciones a la vista. La experta también confirma que ha sido la Guardia Revolucionaria la que planteó la estrategia de los ataques a Israel y a los Estados árabes del Golfo, así como el cierre del estrecho.
Poder militar, político y un imperio económico
El origen de la IRGC está en la revolución islámica de 1979 que depuso al sha. Los líderes religiosos desconfiaban de las fuerzas armadas y de seguridad tradicionales y crearon la Guardia Revolucionaria como contrapeso y ayuda para consolidar el nuevo sistema y defenderlo de posibles golpes como el de 1953 que depuso a Mohammed Mossadeq, líder elegido democráticamente, por parte de Reino Unido y EEUU.
Con la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), la Guardia Revolucionaria se transformó en algo más parecido a un ejército normal con una estructura de mando similar a la de otros países. Como resultado, opera como una fuerza paralela a las fuerzas armadas regulares del país. Tiene sus propias fuerzas aéreas, navales, unidad cibernética, la fuerza paramilitar Basij… La Guardia Revolucionaria también ha jugado un papel fundamental en la política exterior iraní y el apoyo a grupos armados aliados.
Un primer indicio del creciente papel político de la Guardia Revolucionaria se produjo durante las protestas estudiantiles de 1999, cuando altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica advirtieron al presidente Mohammad Jatamí de que, si no se restablecía el orden, se verían obligados a actuar. Este episodio marcó el surgimiento de la IRGC como un actor dispuesto a intervenir en las crisis internas
A su poder militar y político, se suma su poder económico. Según un informe del Center for Strategic and International Studies de 2020, “la IRGC se ha convertido en el controlador más poderoso de todos los sectores económicos importantes” y domina buena parte del Producto Interior Bruto total del país —alrededor de un tercio, según varias fuentes—. Los orígenes de ese imperio económico están en la guerra contra Irak de los años 80, ya que el líder supremo puso a la guardia al frente de la reconstrucción del país.
“Se concibió principalmente como una fuerza paralela destinada a proteger al régimen, más que como un centro independiente de autoridad política, con la función específica de salvaguardar el nuevo orden revolucionario frente a amenazas internas y externas. Con el paso del tiempo, la IRGC pasó de ser una fuerza revolucionaria impulsada por la ideología a convertirse en un pilar fundamental del poder estatal”, escribía el analista Hamidreza Azizi en un análisis de enero de este año en el que respondía a los rumores de un posible golpe interno dirigido por los comandantes de la institución en el marco de las protestas y tras años de acumulación de poder. “Esa integración en la economía política del país ha fomentado cierto pragmatismo, no tanto en el sentido de una moderación ideológica, sino en el de un esfuerzo por conciliar imperativos económicos contrapuestos dentro del sistema”.
“Un primer indicio del creciente papel político de la Guardia Revolucionaria se produjo durante las protestas estudiantiles de 1999, cuando altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica advirtieron al presidente Mohammad Jatamí de que, si no se restablecía el orden, se verían obligados a actuar. Este episodio marcó el surgimiento de la IRGC como un actor dispuesto a intervenir en las crisis internas” señalaba Azizi. Diez años después, las protestas de 2009 fueron un “punto de inflexión más decisivo”, dice el experto. Entonces la Guardia Revolucionaria expandió considerablemente su función de seguridad interna, especialmente a través de su aparato de inteligencia y contrainteligencia.
Aun así, la IRGC ni siquiera es un bloque monolítico, sino que funciona también como una federación de centros de poder semiautónomos, como por ejemplo la milicia Basih, la fuerza Quds, su sistema de inteligencia, la unidad aeroespacial... Cada una de ellas con funciones e incluso objetivos diversos que se coordinan a través de estructuras horizontales.
Los analistas coinciden en la existencia de una división interna en las estructuras de poder iraníes entre una facción más pragmática y otra más dura y es la que EEUU está tratando de explotar. Teherán se ha tomado en serio el mensaje, tratando de dar señales de unidad con declaraciones coordinadas en redes sociales y resoluciones parlamentarias.