El estigma de la salud mental: “no hablamos con la misma naturalidad de ir al psicólogo que de ir al médico”

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No está siendo un año fácil para nadie. La pandemia y las medidas que le acompañan han sacado a la luz muchas fobias y miedos. La soledad, un duelo no resuelto, la pérdida de un empleo, el miedo a salir a la calle... las circunstancias han dejado 'tocada' la salud mental de muchas personas y han agravado la situación de las que ya arrastraban problemas. Se hace más necesario que nunca, por tanto, aumentar la inversión en salud mental.

Y es que una de cada cuatro personas han tenido, tienen o tendrán problemas de salud mental a lo largo de su vida y se calcula que, para 2030, este tipo de problemas serán la primera causa de discapacidad. Con estas cifras, no se entiende cómo la salud mental puede ser una de las grandes olvidadas de la sanidad pública. Existen recursos, pero “son claramente insuficientes”, explica Mariví Ercilla, directora de la Asociación Salud Mental La Rioja.

Este sábado se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental con el lema 'Salud mental y bienestar, una prioridad global'. El coronavirus ha obligado a celebrar su tradicional y emotiva carrera solidaria de forma virtual, del 10 al 18 de octubre. Además, se realizarán cuatro jornadas online y el fin de semana permancerán iluminados de color verde la fuente de la Plaza de la Diversidad y el Cubo del Revellín. El objetivo de todas estas citas es sumar voces y visibilizar que la salud mental es un derecho y, por tanto es necesario garantizarlo con una mayor inversión. “No hay salud sin salud mental”, subraya Ercilla.

Esta es una reivindicación histórica. ¿Entonces por qué no se prioriza la salud mental como un problema global de toda la sociedad? La respuesta quizá hay que buscarla en las etiquetas que acompañan a estos enfermos. “Logramos cerrar los manicomios, pero todavía quedan barreras invisibles”.

Mariví Ercilla nos habla del doble estigma que tienen estas personas: “la etiqueta de ser un enfermo mental es más dañina que la propia enfermedad. Tienen miedo a reconocerlo, a ponerse en tratamiento o a perder un trabajo. Les da vergüenza y sienten culpa, porque muchas veces son vistos como locos, imprevisibles o violentos”. Sin embargo, las cifras hablan por sí solas: menos del 3% de los hechos violentos que suceden en España son protagonizados por personas con problemas mentales.

“Logramos cerrar los manicomios, pero todavía quedan barreras invisibles”

Lo cierto es que todavía no se habla de tener un problema de salud mental con la misma normalidad que se habla, por ejemplo, de tener dolor de espalda y “en el trabajo no se habla con la misma naturalidad de ir al psicólogo que de ir al médico”, por ejemplo. “Hay familias que no quieren que a sus hijos se les vea en nuestros actos, por lo que es importante conseguir que se empoderen. Nadie mejor que el propio enfermo para contar su experiencia en primera persona”.

Una experiencia que, en demasiadas ocasiones, va ligada a la pobreza. “Son personas fuera del sistema, o más bien víctimas del sistema y de la red sociosanitaria. Muchas veces no tienen empleo y viven en una pensión o un albergue. Ha sido muy duro para ellos pasar el confinamiento entre cuatro paredes”.

Para estas personas, no es suficiente con la ayuda que brinda la Seguridad Social. “Necesitamos recursos humanos: más psiquiatras, más psicólogos clínicos, más personal de enfermería y también más camas en las unidades de hospitalización psiquiátrica”. Además, la asociación también apuesta por invertir en formación en salud mental y en toda una red social de atención a estos colectivos.

Al fin y al cabo, este es un problema de la sociedad en su conjunto porque ¿quién te dice que mañana no vas a ser tú? “Tener un problema mental es una circunstancia que te puede afectar en cualquier momento de tu vida. Tenemos que abrir la mente y cerrar los estigmas. Todos estamos en el mismo barco”