Agua

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No hace mucho comenté en este medio que en España el respeto a los ríos es una gran asignatura pendiente y los embalses nuestra obsesión. No soy nada mitómano, pero me declaro abiertamente admirador de Pedro Arrojo Agudo, un físico español, ambientalista y profesor de la Universidad de Zaragoza. Lleva décadas dedicando su incansable trabajo a reflexionar, hacer reflexionar y escribir defendiendo una forma distinta de entender y gestionar el agua y los ríos, no sólo en España sino globalmente. Es, además, Relator Especial de la ONU sobre derechos humanos en relación con el agua potable y el saneamiento. De la misma manera que el Pereira de Tabucchi (Anagrama, 1994) elige la acción y la verdad frente a la comodidad, Arrojo sostiene que el agua no debe ser tratada como una mercancía ni gestionada por intereses privados, sino como un bien público accesible a todas las personas. Objetivo que no está nada mal para generarse incomprensiones con tantos poderes fácticos.

Sostiene también Pedro Arrojo, que la gestión del agua debe tener un enfoque prioritario de derechos humanos. Y que esa gestión democrática del agua exige que no sea apropiable ni explotable por unos pocos, además de que no se vea simplemente como recurso económico (para regar, como desagüe de nuestras inmundicias urbanas e industriales o en turbinar electricidad, añado). Para Arrojo (yo sostengo lo mismo), los ríos no son sólo canales de agua, sino ecosistemas vivos que integran una parte muy importante de los paisajes, de la biodiversidad y de las comunidades humanas que dependen ellos.

Y propone (luego, sostiene) hacer las paces con los ríos y demás ecosistemas acuáticos, primando la sostenibilidad ambiental frente a la sobreexplotación y los desvíos masivos del agua; además, como Pereira, nos anima a ser valientes para reconocer que, si se destruyen los ríos y lagos y se contaminan los acuíferos, estamos matando nuestro futuro ecológico y social. Por si fuera poco, Arrojo es promotor de la Fundación Nueva Cultura del Agua que, desde Zaragoza, urbi et orbi aboga por fomentar las iniciativas I+D+i, educación, cooperación para el desarrollo y defensa del medio ambiente relacionados con el agua.

Desde los años 90, Arrojo sostuvo (no sólo él) amplias discrepancias con la productivista y decimonónica redacción del Plan Hidrológico Nacional, que implicaba construir decenas de presas y trasvases sin valorar los costos sociales y ambientales tan altos que ello supondría de llevarse a cabo. Pero, erre que erre (sosteniendo y no enmendando), la Administración mantiene iniciativas de ese calado sin abordar de verdad temas decisivos como, por ejemplo, el calentamiento global. A cuyo respecto Arrojo sostiene y advierte que la variabilidad climática y las sequías intensificadas por el cambio climático exigen una gestión más racional y ecológica del agua.

En definitiva, que hay que hacer una transición hídrica sostenible priorizando la conservación del recurso, los usos equilibrados y el reciclaje del agua si fuera necesario, por encima de los intereses estrictamente económicos. Lo que sostiene Pedro Arrojo lo puedes encontrar en las decenas de informes, libros y artículos científicos y divulgativos que lleva escritos sobre economía del agua, en los que incide y explora una nueva ética del uso del agua, su gestión democrática, la modernización de las políticas higrológicas y la justicia hídrica.

Sin duda, por que sostiene lo que sostiene, Pedro Arrojo Agudo fue galardonado en 2003 por los premios Goldman (unos hermanos filántropos americanos) que, entre otros objetivos, tienen el de dar el reconocimiento merecido a individuos de todo el planeta que trabajan para proteger y mejorar el medio ambiente, y para inspirar a otros para que sigan el ejemplo de los ganadores del galardón. España no es ningún buen ejemplo en el uso sostenible del agua, y me da la impresión de que, de seguir así, nunca recibirá premio alguno por ello. Aquí, antes se hace un embalse que un plan de ahorro del agua. Hoy 22 de marzo es el Día Mundial del Agua. Es una pena que no lo podamos celebrar con rotundidad. Las ideas de Pedro Arrojo son, hoy por hoy, demasiado renovadoras para nuestra sociedad. Sostengo que no hay mucho avance que celebrar.