Cuando un 'coliving' se planta en tu barrio: nula relación con los vecinos y un trasiego constante de extraños

Mientras un señor trabaja con su portátil en una de las mesas de la planta baja del flex living Flipco Retiro, en el número 58 de la calle Cavanilles de Madrid, el barrio continúa con su trasiego al otro lado de la puerta de vidrio que sirve de acceso. Hombres mayores que caminan con ayuda de sus cuidadoras, matrimonios de jubilados que se sientan a la sombra en un banco o trabajadores de distintos establecimientos que apuran el cigarro del mediodía.

De repente, un extraño episodio provoca la interacción entre estos dos universos en principio aislados. Una señora se detiene junto a la entrada de Flipco, observa las piedras blancas que decoran el espacio y empieza a guardarlas en un bolso. Ni siquiera mira a los lados por si alguien la observa o alguna cámara de seguridad la capta. Las toma como si fueran un bien personal, o más bien común. Como si las encontrara en el parque situado a unos pocos metros.

El acto, al borde de la legalidad, demuestra una forma de resistencia imprevista frente a unos negocios que parecen operar dando la espalda a los lugares donde se insertan. Ninguno de los clientes que abandonan Flipco mientras Somos Madrid permanece en la puerta atiende las preguntas planteadas. Es una cuestión más de prisa que de descortesía: a todos ellos les espera ya un VTC cuando salen a la calle.

Flipco Retiro aterrizó en el corazón del distrito de Retiro a finales de abril. Ofrece dos estudios para estancias temporales, que van desde pocos días hasta varios meses, en la antigua sede de Metro de Madrid. No en vano, la Nave de Motores (abierta a visitas del público) se ubica a pocos pasos. Detrás del proyecto y previa inversión de 39 millones de euros está el fondo inmobiliario Argis, promotora inmobiliaria que también tiene una pata puesta en los alquileres tradicionales.

Pasar una noche en alguna de sus dos estancias cuesta un mínimo de 166 euros si se alquilan por días, mientras que en la modalidad mensual no bajan de 2.000 euros. De este modo, Argis garantiza unos ingresos muy superiores a los dueños de unos alquileres tradicionales que a su vez contribuye a aumentar con la implantación de su modelo. El precio de un piso de dimensiones similares a las del estudio en la zona oscila entre los 900 y los 1.000 euros. Y eso que el alquiler ha subido en Pacífico más de un 10% por metro cuadrado en el último año, según Idealista. Solo este último mes, ya con Flipco, lo ha hecho casi un 3%. Esto es, muy por encima del resto del distrito (en otros puntos incluso ha retrocedido).

Quedarse en Madrid al margen de la ciudad

“¿Esto qué es?”, pregunta a su hija un señor que pasea por la acera donde se ubica este alojamiento en el barrio de Pacífico. “Parece como un hotelito”, responde ella. No va desencaminada, ya que los flex living no se diferencian en demasía del tradicional apartahotel. Tampoco del más moderno coliving. A priori, se distancian en su apuesta por mayores y mejores servicios para fomentar estancias algo más prolongadas. Pero lo cierto es que muchos de estos negocios jugan indistintamente con ambos conceptos y apelan tanto a la cohabitabilidad como a la flexibilidad.

La verdadera divergencia está en el terreno normativo. El flex living opera principalmente bajo licencia hotelera o de hospedaje en suelo terciario destinado a oficinas, permitiendo alquileres de media estancia (de días a meses) sin las restricciones de la vivienda turística o la convencional. La flexibilidad no es así cosa solo de los huéspedes, también responde a la falta de regulación sobre un modelo que se erige con grandes facilidades.

De esta manera, los precios alcanzan cotas mucho más elevadas que las del alquiler tradicional, sin apenas seguridad para los inquilinos ni moderación de las cantidades que pagan largo plazo (en cambio, la Ley de Arrendamientos Urbanos limita las subidas anuales al IPC o al 3% durante unos contratos que deben durar un mínimo de cinco años). Todo ello dificulta echar raíces en este tipo de hospedajes y emprender proyectos de vida. De hecho, suelen enfocarse a nómadas digitales o a expats como los que se ven al otro lado del cristal en Cavanilles.

Un modelo en plena ebullición, como muestran de las cifras difundidas desde la sede en Madrid de la compañía de servicios inmobiliarios JLL. Un informe de finales del año pasado estimaba en 19.089 la cantidad de camas flex living en España, un número que podría duplicarse hasta las 38.716 en solo dos años. El análisis expone que la Comunidad de Madrid concentra esa oferta, el 60% de las camas actuales y el 72% de las proyectadas. 11.375 están ya en el mercado y más de 14.000 en desarrollo, para un total de 25.375 plenamente operativas en 2028 (en Barcelona, segunda provincia en implantación, no llegan a las 7.000). La capital aglutina la inmensa mayoría dentro de la región. Todo ello reforzado por el apoyo del Gobierno regional y del municipal, que facilitan su implentación con controles poco estrictos o hasta campañas promocionales.

En Flipco, toda esta actividad en ebullición se desarrolla en un bloque que cuenta también con decenas de viviendas. De hecho, el número 58 de Cavanilles incluye tres portales al margen de los apartamentos de estancia temporal. A dos de allos se accede por una puerta situada a pocos metros de la entrada al negocio, mientras que al correspondiente a la letra c se llega dando un rodeo al citado parque anexo.

Los residentes de esas viviendas prefieren guardar silencio ante las preguntas de este periódico, al igual que lo hacen de momento desde Flipco Retiro al no contestar las preguntas de este medio sobre cómo ha sido la llegada a un barrio que de momento les mira con recelo y suspicacias. Por ahora, como sus clientes, prefieren esquivar la mirada a quienes les rodean.