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Madrid se da a la fiebre del 'pop-up' y el merchandising efímero: BTS, Bad Bunny y 1.700 euros en camisetas de Linkin Park

Lourdes Barragán

Madrid —
27 de junio de 2026 22:28 h

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Ir a un concierto es ya casi un privilegio. No solo porque una entrada a más de 100 euros sea algo habitual de ver, sino porque a la experiencia completa se añaden los elevados precios dentro del recinto, el billete de tren (o avión) en caso de no vivir en una gran ciudad y otra suma por el alojamiento, si no se conoce a nadie con tiempo y ganas para hacer de anfitrión. Pero, sobre todo durante la última década, a este voluminoso gasto se le suma un nuevo desembolso: bienvenidos a la era de los pop-up, productos efímeros a precio de oro.

No importa que sea entre semana, ni a horas irregulares. Un lunes a última hora de la tarde o un miércoles por la mañana, las colas para acceder a estas tiendas exclusivas son monumentales. Con la capital repleta de una alta tasa de eventos de gran impacto –además de varios macroconciertos, la ciudad acaba de despedir a Tom Holland y Zendaya o al papa León XIV–, las marcas, ticketeras y promotoras han aprovechado para exprimir al máximo la experiencia.

Solo en este mes de junio, Madrid se ha prestado a al menos tres grandes pop-up, coincidiendo con tres conciertos internacionales muy esperados: Bad Bunny, BTS y Linkin Park. El primero en instalar su tienda fue el cantante puertorriqueño, que llegó a España por todo lo alto con nada menos que diez fechas en Madrid. Durante dos semanas, una casita ocupó media plaza de Callao con largas colas a su alrededor. Algunos esperaron hasta dos horas para acceder unos minutos a aquel cubículo blanco, que en su interior guardaba una colección especial diseñada para una colaboración entre Zara y Bad Bunny.

La estructura se extendía por casi 400 metros cuadrados y las piezas exclusivas, según fueran accesorios o prendas más elaboradas, podían costar entre 20 y más de 100 euros. Para mantenerla perenne en un lugar predilecto para influencers y tiktokers, y por el que cada día transitan unas 123 millones de personas, la empresa fundada por Amancio Ortega tuvo que pagar unos 10.000 euros diarios en concepto de tasas, lo que supondrían alrededor de 150.000 a lo largo de dos semanas. El sello textil aprovechó este boom para derivarlo a su tienda habitual en Plaza España, colocando un mostrador específico para adquirir productos de la colección.

Así que algunos fans, que ya habían pagado entre 80 y hasta 500 euros para asistir al concierto, en caso de ir a la zona VIP, terminaron dando la vuelta al cubículo haciendo cola con tal de entrar. Poco después, desde el viernes día 12 y hasta el 5 de julio, otra tienda temporal comenzaba a causar furor. El grupo de k-pop surcoreano BTS, con 37 millones y medio de oyentes mensuales en la plataforma Spotify, también arrasa en su visita a Madrid con merchandising exclusivo, e incluso productos promocionados para usarse en el concierto.

En la histórica Plaza de Alhajas, uno de los edificios más visibles de la Plaza de San Martín, las filas llegan hasta donde no alcanza la vista. Es miércoles, la mayoría de la gente trabaja o pasa esas horas en algún centro de estudios. Pero algunas han podido escaparse antes de que se agoten los Army Bombs, un bastón que emite luces led de distintos colores. El aparato mide unos 10 centímetros de longitud, cuesta 70 euros y las fans pueden agitarlo durante los dos conciertos de la banda, que no había tocado en la ciudad hasta el pasado 26 de junio.

A las diez de la mañana, Sofía y Lidia se plantaron en la cola del pop-up dispuestas a conseguir el suyo. “Estoy nerviosa, ¡se acaban muy pronto!”, confiesa una de ellas cuando ya empieza a pegar el sol. Entre las dos amigas, de 16 años y que se conocen del instituto, han pagado 300 euros (150 cada una) para tener su asiento en el estadio del Atlético. Como en las redes han seguido el minuto a minuto de este fenómeno comercial, saben que solo en las primeras horas del día es más probable que aún queden bastones de luz. Para acceder a la tienda, antes han debido descargar un código con un QR por Internet, que asignaba una fecha y hora a cada fan.

En ese tiempo, y durante un máximo de media hora, pueden visitar tanto una exposición efímera de BTS como adquirir productos de la gira. Además de los Army Bomb, apilados en cajas negras sobre uno de los mostradores, en el habitáculo hay muchos otros productos exclusivos: faldas por 75 euros, cojines por el mismo precio, sudaderas que superan los 160 o, entre lo más barato, una taza con los siete integrantes del grupo simulando cruzar un paso de peatones, como en Abbey Road y los Beatles. Al final, Sofía y Lidia volvieron contentas a casa, después de hacerse con su lightstick de colores.

Mientras aún dura este pop-up, entre el 22 y el 24 de junio, se habilitó otro espacio en Malasaña para mantener la fiebre del consumo. Esa semana, el martes y el miércoles, la banda de nu metal Linkin Park ofreció dos conciertos en Rivas Vaciamadrid después de siete años sin actividad. Así que la expectación era total. En una colaboración con la marca de ropa Deux Ex Machina, los autores de In The End abrieron un pequeño local en plena calle Velarde con artículos especiales de su última gira, el From Zero World Tour.

Una vez más, los precios distan de ser baratos: aunque el equipo de Linkin Park repartió 200 pinchos de tortilla a los primeros en llegar, el resto del stock se adquiría previo pago. Algunas de las camisetas más baratas, con el logo del último disco, costaban 55 euros; mientras que había sudaderas tasadas en casi 100 euros o más. “Una mujer acaba de llevarse 1.700 euros en ropa”, confesaba a Somos Madrid un vigilante de seguridad, que controla los accesos a la tienda. Fuera, en la cola, una pareja aguanta a última hora de la tarde a ver si queda algo todavía.

El estand cierra a las ocho y llevan una hora esperando a sus puertas. Se enteraron de la apertura exclusiva en sus redes sociales, concretamente en X, el antiguo Twitter. Habían visto fotos de alguna gorra que les ha gustado, y pusieron rumbo hasta allí nada más salir de trabajar. En su caso, tienen 29 y 32 años. No han conseguido entradas para el concierto, aunque querían “acercarse un poco” a la experiencia y por eso acudieron en busca de algún producto especial. Rafa, uno de ellos, asume que los precios “llegan a ser disparatados”, y más aún teniendo en cuenta que el pase del espectáculo no es barato de por sí. No obstante, lo tienen claro: “Habrá que pagarlo”.