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Linkin Park resucita en Madrid al segundo día: mejor sonido y tres generaciones a sus pies

Emily Armstrong y Mike Shinoda, en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas

Lourdes Barragán

Auditorio Miguel Ríos (Rivas Vaciamadrid) —
25 de junio de 2026 12:00 h

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Sin llegar a pisar nunca ese escenario, la memoria de Chester Bennington se plantó anoche ante 35.000 espectadores. Jóvenes, adultos, niños en compañía de sus padres. Hombres, mujeres y viejos rockeros grabando vídeos en horizontal junto a una nueva generación de fans, que esa noche ha desempolvado las camisetas de sus grupos favoritos. A su alrededor, otra tanda de personas se apelotona en las laderas del Auditorio Miguel Ríos, un recinto al aire libre en Rivas. Pasadas las diez de la noche, comienza la cuenta atrás y con ella, llegan los nervios: quedan tres minutos para que Linkin Park suba al escenario. Su última gira, el From Zero World Tour, hace dos paradas en Madrid con la promesa de empezar de cero. Pero esa noche hubo de todo: cosas nuevas y un legado muy presente.

“Estamos muy emocionados por escuchar a Emily, pero eso no significa que hayamos olvidado a Chester”, lo resumía uno de los chicos que esperaban a la banda desde el Front Stage, la zona más próxima al escenario. Chester Bennington fue el primer cantante de Linkin Park desde que el grupo adoptó este nombre. Se quitó la vida el 20 de julio de 2017, después de una depresión y problemas con las adicciones. Sus compañeros frenaron en seco y la músca entró en un largo paréntesis, que no se desvaneció hasta 2024. Fue entonces cuando presentaron a su nueva voz: Emily Armstrong. Durante dos noches consecutivas, el auditorio ripense se reecontró con una banda renacida.

“¡Make some noise!”, gritó, ante el júbilo de su público, el brazo rapero en un grupo de nu metal y uno de sus miembros fundadores: Mike Shinoda. El músico estadounidense ha acompañado a Linkin Park desde su fundación, y permanece en su nueva era junto al resto de integrantes, Dave Farrel, Brad Delson y Joe Hahn. A la incorporación de Armstrong hace apenas dos años se sumó la de Colin Brittain, el baterista que relevó a Rob Bourdon cuando abandonó la banda durante aquella pausa musical.

“Estamos muy emocionados por escuchar a Emily, pero eso no significa que hayamos olvidado a Chester

Julián Asiste al concierto de Linkin Park en Rivas

Después de eso, Linkin Park volvió a reunirse para anunciar su octavo disco y una gira por más de 15 países. Llevaban siete años sin un nuevo lanzamiento y, de por medio, habían atravesado un duelo por su compañero. Cuando se decidieron a dar el paso, fueron insistentes en las entrevistas: no pretenden sustituir lo insustituible, sino construir una nueva etapa que respete ese antiguo legado, sea coherente con su historia y la memoria de Chester Bennington. Esa renovación estalla en Rivas este miércoles cuando, alrededor de las 22.20 horas, suena The Emptiness Machine, una de las canciones más coreadas del álbum From Zero.

El público se entrega a un sonido que parece remontar después del primer concierto, una noche antes. Pese a la euforia del momento, muchos fans salieron de la inauguración del martes con un sabor agridulce. “Es una pena que el calor y la nula sombra del recinto jueguen en contra. Tampoco ayuda que el sonido fuese inestable por momentos, los instrumentos muy altos y la voz de los cantantes, baja”, expresó en la madrugada de este miércoles un usuario en X. Narró su experiencia desde la grada 3, donde consideraba que, al menos, “el sonido era más que decente”.

“Se podía escuchar todo bastante bien, aunque a veces costaba entender a Emily [Armstrong] y Mike [Shinoda]”, matizaba en su publicación, donde también hubo quejas por las aglomeraciones para volver a casa: “Salir entre semana a la 01:00 de Rivas es terrible”. El Ayuntamiento ripense ha dispuesto un plan especial para controlar la movilidad y los accesos durante estas dos noches de concierto, restringiendo el acceso a vehículos que viajen en dirección al auditorio salvo si acreditan ser residentes, o bien para el transporte público y vehículos de emergencias.

Aunque algunos comentarios en redes hablaron de dificultades para comprar agua después del primer concierto, que ha llegado en plena ola de calor, otros usuarios agradecían que desde el recinto se repartieran “botellas gratis” durante el espectáculo. La mayoría de las quejas, sin embargo, provienen de las complicaciones para aparcar el coche o la coincidencia del final del evento con los últimos minutos antes de cerrar el Metro, que lleva hasta Madrid. Fuentes de la red del suburbano aseguraron a Somos Madrid que, en las estaciones próximas al evento, se habían dispuesto “más trenes y personal”, variando el número de vehículos “en función del momento y de las necesidades”.

La salida volvió a ser atropellada, sin llegar a empañar del todo el recuerdo de la noche. Pero la ola de calor, especialmente intensa esta semana, tampoco remó a favor. “Hay más gente pidiendo más agua que cerveza”, contaba al inicio uno de los trabajadores que, uniformados, paseaban por el recinto un pequeño tanque con bebida. En varios momentos, la pantalla enfocó al público de las primeras filas. Nadie escatimó en carteles: se vieron fotografías de Chester Bennington –un nombre muy coreado–, mensajes de apoyo para Emily Armstrong o letras de las canciones más queridas de la banda.

Son las 23.23 horas y el público se abre a uno de los primeros grandes hitos nostálgicos de la noche: comienza a sonar What I've Done. El setlist estuvo lleno de otros éxitos esperados como Bleed It Out, Burn It Down, Crawling, Numb o, en la cima de la colina, In the End. Una canción que, precisamente, habla de la frustración de acompañar a alguien que sufre y no poder ayudarle o lograr una meta que casi nunca está al alcance. Pero que para muchos fans (y no tan fans) se ha convertido ya en la banda sonora de una época.

“Dos ratas pelean por un churro con Linkin Park de fondo”

Después de años en escena, han pasado a formar parte de la cultura popular con apariciones frencuentes en la banda sonora de los AMV (vídeos musicales de anime creados por los fans) o protagonizando algunos memes ya incunables, como el de Dos ratas pelean por un churro con Linkin Park de fondo. Este vídeo de dos roedores que, literalmente, forcejean por un churro mientras suena In the End –una de las canciones más icónicas del grupo– y un hombre comenta la escena lleva décadas circulando en Internet, ya sea en clave de humor o como metáfora política. El concierto de este miércoles en Rivas pone la guinda a dos noches consecutivas de rock, nu metal y nostalgia.

El público del auditorio Miguel Ríos, en Rivas Vaciamadrid, durante el primer concierto de Linkin Park este martes, 23 de junio

La del martes ya llenó el Auditorio Miguel Ríos con 35.000 expectadores, siendo uno de los espectáculos que más personas ha concentrado en la ciudad madrileña. Antes de eso, la banda ya estrenó en España su nueva era con otra aparición en un festival de Santiago de Compostela, el O Son do Camiño. Así que la expectación por su llegada a la capital era total. De hecho, previamente se había montado en mitad de Malasaña una tienda temporal con artículos exclusivos de la gira, desde camisetas con diseños únicos hasta pines temáticos mostrando un pincho de tortilla, en un intento de hacer simbiosis con la cultura local.

Precios del 'pop-up' de Linkin Park con la marca Deux Ex Machina

Sin embargo, los precios de la colección quedan lejos de ser populares. “Ha venido gente que ha gastado más de mil euros en una compra”, resumía a principios de esta semana un trabajador de seguridad, que vigila el pequeño establecimiento de pop-up en plena calle Velarde. Entre el lunes y este miércoles, coincidiendo con la última noche de Linkin Park en Madrid, se ha abierto una colaboración temporal de la banda con la marca de ropa Deux Ex Machina, en la que esperar una larga cola permite acceder a artículos exclusivos de la gira.

Las camisetas más baratas podían adquirise por 55 euros, pero otros artículos y especialmente, las sudaderas, llegan a rozar los 100. En la puerta, algunos han llegado a esperar incluso dos horas para pasar unos minutos dentro antes de que se acabe el stock. Un nuevo ingrediente habitual, que se añade cada vez más a la experiencia contemporánea de ir a un concierto: entradas encarecidas (las de Linkin Park en Rivas, por ejemplo, salieron por un mínimo de 84 euros y hasta 150 en los lugares más visibles); obligación de pagar un viaje y hotel en Madrid, si vienes de fuera; y un ambiente movedizo en estadios masivos o grandes auditorios, con sus consecuente impacto en el día a día.

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