Una marcha universitaria tiñe de verde de Ferraz a Génova: “Ayuso promueve la privada reduciendo plazas en la pública”

“Pagamos más de 1.000 euros de matrícula, y eso que nuestras tasas son de las baratas”. Mónica, Guillermo y Alejandro estudian Matemáticas en la Complutense (UCM). Es un miércoles a media mañana, pero no están en clase: han decidido sumarse a una nueva marcha por la educación pública, esta vez con las universidades en el punto de mira. Aunque los docentes de colegios e institutos madrileños llevan semanas en huelga, no ha sido hasta ahora que la comunidad universitaria se ha adherido a la protesta con dos manifestaciones. La primera arranca este 4 de noviembre en un recorrido simbólico, que pasa por la calle Ferraz y termina en la calle Génova, sedes de PSOE y PP.

Las seis universidades públicas de Madrid han denunciado la merma de recursos y una “infrafinanciación” desde la administración pública que atribuyen, en buena medida, a una “apuesta por la universidad privada” en la capital. En España son las comunidades autónomas las que poseen las competencias en Educación, por lo que buena parte de los cánticos se dirigieron a los gobiernos populares de Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida: de los primeros dependen sus condiciones y de los segundos, el estado de los edificios en los que estudian.

Sin embargo, también hubo quejas contra los socialistas. Los manifestantes querían iniciar su marcha frente a la sede del PSOE, en plena calle Ferraz; aunque una indicación del Gobierno desvió ese recorrido hasta las calles colindantes. Poco antes de la marcha, convocada a las 12.00 hora, los sindicatos comenzaron a difundir un aviso a navegantes.

“La delegada del Gobierno no ha permitido iniciar la marcha contra la privatización de la educación en el punto donde la habíamos solicitado: la sede del PSOE. Lo ha hecho sin dar ningún motivo claro para ello”, señalaron desde Comisiones Obreras (CCOO) en una escueta nota de difusión, en la que indicaban una nueva localización para iniciar la marcha en el número 19 de la calle Marqués de Urquijo, a unos 300 kilómetros de la primera localización anunciada.

Aunque desde el equipo de Pilar Trinidad Nuñez –al frente de Delegación en la Comunidad de Madrid desde la dimisión de Francisco Martín– han matizado estas conclusiones, que tildan de “arbitraria” su actuación. “No ha sido un cambio de última hora: en la toma de conocimiento [documento que formaliza estas convocatorias] venía recogido el punto de inicio en la esquina de la calle Marqués de Urquijo con Martín de los Heros. Se ha puesto ahí la cabecera para ordenar el flujo, porque se espera una gran afluencia de gente. Podrán pasar por la esquina con Ferraz”, detallan fuentes de la representación madrileña en Moncloa.

Durante el recorrido se atravesaron dos puntos clave para los manifestantes: la Universidad de Nebrija y la Pontificia de Comillas, ambas privadas y en el foco de sus críticas. “Estamos pasando por un centro que pertenece a la Iglesia Católica y otro donde estudiar cuesta miles de euros. Y sin embargo, para los que estudien Medicina en la Universidad de Nebrija también hay plazas en hospitales públicos”, lanza al otro lado del megáfono uno de los asistentes, vestido con la característica camiseta verde y el logo de la lucha por la educación pública: “Ayuso está forzando a que cada vez más gente tenga que pagar esas cantidades, y ya no solo los de clase alta. Es un modelo que se promueve todos los días reduciendo plazas en la pública, y por eso estamos hoy aquí”.

A la salida de la facultad, tres chicas que estudian precisamente en ese centro privado observan a los manifestantes. Consultadas por este periódico, aseguran que la protesta ante sus ojos les parece “súper lícita y necesaria”, pero piden a los manifestantes que “no se metan con la privada”. “Es raro, porque al final es un gobierno progresista el que manda, ¿entonces qué es lo que critican?”, lanza una de ellas, que se define como jesuita y desconocía que las competencias educativas recaen sobre el Ejecutivo regional.

Entre los asistentes a la protesta había docentes como María, contratada predoctoral en la Universidad Complutense; pero también otros perfiles muy diversos de cada etapa de la educación pública: Primaria, Secundaria, Bachillerato o FP (Formación Profesinal). “Mi experiencia es que conseguir estos contratos [predoctorales en universidades] es tremendamente difícil, y la mayoría de los investigadores lo hacen sin un sueldo que les permita vivir. Eso trae muchas dificultades: si cada vez hay menos plazas las notas de acceso serán más altas, y a veces te inscribes al doctorado sin saber si podrás vivir de ello. Así nadie puede organizar su vida”, narra la primera de ellas, que se confiesa “hiperestimulada” después de una manifestación a la que han acudido miles de personas. De momento no hay cifras oficiales de asistencia.

Luis, maestro de Primaria en un colegio público, también ha ido a apoyar las protestas universitarias. “Al final estamos todos igual de jodidos: a nosotros, por ejemplo, ahora nos han metido más CEIPSO [un modelo que incluye Primero y Segundo de la ESO en los colegios] sin ampliar el personal preparado para dar clase en estos centros, y las ratios por aula siguen siendo de 26 o 27 estudiantes cuando no deberían pasar de 20, que es lo óptimo”. En el caso de la Formación Profesional, destaca María, llegar a ser “incluso 30”.

Al llegar al número 13 de la calle Génova, sede del Partido Popular, los cánticos se sucedieron. “Ayuso, Almeida, iros a la mierda”; “no nos interesa una educación al servicio de la empresa” o “Ayuso, atiende, la pública se defiende” fueron frases que han puesto la guinda a una mañana de protestas. El jueves por la tarde tendrá lugar una segunda marcha por las universidades madrileñas, en un noviembre que viene caliente y a pocos días de la primera huelga general en más de una década.