Una sala 'secreta' de la Galería de las Colecciones Reales custodia la parte desconocida de la muralla de Madrid
Uno de los secretos mejor guardados de la Galería de las Colecciones Reales es una sala separada del museo por unas puertas de madera, situadas al fondo de su planta A, la dedicada a los Austrias. A través de estas puertas se accede a una parte del pasado militar de Madrid, unos enormes lienzos de muralla construidos y remendados durante diferentes épocas, que arrojan abundante información sobre la primera época de la ahora capital de España, cuando tan solo era un enclave defensivo de segundo orden.
La sala cuenta con restos de la primera muralla árabe sobre la que se fueron superponiendo otras reformas medievales y arreglos que llegan hasta el siglo XIX para dar forma al espectacular conjunto que se conserva ahora. Estos restos se han mantenido fuera de la vista del público hasta hace unos días, cuando la galería abrió las puertas a medio centenar de personas durante unas visitas guiadas con motivo de las Jornadas Europeas de Arqueología.
La zona conservada corresponde a un recodo de la muralla antigua que rodeaba un terreno elevado sobre el Manzanares, donde los árabes se valieron de esta orografía para establecer una fortaleza defensiva. La construcción formaba parte del sistema de protección de la Marca Media del Emirato de Córdoba, que por entonces gobernaba estas tierras y necesitaba espacios cercanos a Toledo –la capital de la zona– que sirvieran como baluartes. Es ahí donde nace la guarnición que se acabaría convirtiendo en Mayrit.
La sala alberga una pequeña muestra a la vista de esta primera construcción, así como parte de una torre. Ambas se encuentran casi adosadas a los cimientos de hormigón construidos para sujetar parte de la estructura de la catedral de La Almudena. Su ubicación la revelaba durante la visita Álvaro Soler, jefe del departamento de la Real Armería del Palacio Real de Madrid, un medievalista especializado en la arqueología de este periodo.
En el mismo recorrido, Soler iba apuntando con su dedo el resto de capas de la muralla, explicando cómo la mayor parte de la original se encuentra escondida debajo de cimentaciones y muros de contención construidos entre los siglos XVI y XIX para evitar que la ciudad se deslizara hacia el río. Porque la sala se encuentra enfrente de la muralla, en un lugar donde originalmente no había nada más que un barranco. “Ahora estaríamos en el aire, en la caída de Madrid hacia el Manzanares”, bromeaba situando a los presentes en el aspecto que tendría el lugar durante el medievo.
Los hallazgos de esta sala y la contigua parecen confirmar la potencia militar de la plaza madrileña, con una muralla de gran anchura y porte, lo que sugiere cierta importancia estratégica, tanto a la hora de soportar tanto acometidas cristianas –poco frecuentes en el momento de su construcción– como posibles revueltas internas, más peligrosas en ese momento.
La sala secreta de la muralla es el fruto de más de dos décadas de excavaciones. Aunque se conocía su posible ubicación por diferentes documentos históricos, no fue hasta casi el año 2000 cuando una primera fase arqueológica localizó el trazado, complementada por otra segunda fase entre 2007 y 2010, que documentó los lienzos de la muralla y las edificaciones anexas. Entonces se cubrió con encofrados para que la obra del museo avanzara y a la vez quedara protegida la muralla. En el año 2018 comenzó su estudio y musealización, ya con el edificio de la Galería de las Colecciones Reales acabado.
Además de recuperar la muralla, se reunieron hasta 200 cajas con material arqueológico que cuenta parte de la vida cotidiana de las personas que vivieron aquí, en casas adosadas a los muros. Han aparecido desde candiles del siglo X, un broche cristiano con castillos y leones, e incluso porcelana china, un objeto de lujo en plena Edad Media. También se encontró un enterramiento cristiano que no se ha podido datar con precisión.
La muralla árabe que sí se puede visitar
Durante la visita, Soler explicó el motivo de que se hubiera elegido otra parte de la muralla para exponer de forma permanente al público, un espacio que forma parte del recorrido de las Colecciones Reales. En ese caso, los restos conservados tienen mayor valor, porque cuenta con partes muy relevantes de la arquitectura fundacional de Madrid: piedras caliza talladas en tiempos del Emirato de Córdoba y la parte inferior de una de las puertas secundarias de la ciudad.
El propio medievalista explicaba en un reciente vídeo compartido por la Galería en redes sociales el valor de esta parte de la muralla, la primera construcción de la que se tiene constancia en Madrid. La musealización de la otra zona, hasta ahora oculta, es más complicada por cuestiones térmicas: se encuentra situada justo debajo de la propia plaza de la Armería, en su extremo suroeste, lo que hace que sea más difícil de climatizar por encontrarse expuesta tanto al frío del invierno como a las elevadas temperaturas del verano.
Este es el vídeo de Soler en el que habla de la muralla árabe y explica la relevancia de la parte de la muralla abierta habitualmente al público:
Aunque la galería cuenta como decimos con tres de las torres de la muralla, el paseante interesado en reconocer otras nueve puede buscarlas en el exterior. Las más llamativas son las que se pueden disfrutar saliendo de las Colecciones Reales, antes de cruzar el viaducto, entrando en el parque Emir Mohamed I, junto a la cuesta de la Vega. También, más escondidos, hay restos en los Altos del Rebeque. El Ayuntamiento, además, aprobó en 2023 un plan especial de la muralla árabe de Madrid para que en el futuro, cuando se efectúen reformas o nuevas excavaciones, se tenga en cuenta el trazado de este muro defensivo para intentar localizar más restos de las primeras construcciones de la ciudad. Como las que se abrieron efímeramente al público hace unos días.