El Mundial de la emigración: uno de cada cuatro futbolistas ha nacido en un país diferente al que representa
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Solo uno de los 26 futbolistas por Curaçao ha nacido en esta pequeña isla del Caribe. De los 26 seleccionados por la República Democrática del Congo, 20 vinieron al mundo fuera del país. 19 de los 26 futbolistas de Marruecos han nacido también fuera de sus fronteras. Pero todos son hijos o nietos de emigrantes. De trabajadores que salieron de su tierra de origen en busca de una oportunidad. El campeonato de fútbol sirve como retrato del mundo en 2026.
El torneo que se disputa en México, Estados Unidos y Canadá es el más global y diverso de todos los que se han jugado hasta ahora. No solo por el récord de selecciones nacionales que lo disputan (48, cuando antes siempre fueron 36). También porque por primera vez, prácticamente uno de cada cuatro futbolistas representa a un país en el que no ha nacido, según los datos recopilados por una investigación académica.
Las 48 selecciones que compiten en esta edición han convocado a 1.248 futbolistas. De ese conjunto, y según los datos recopilados por elDiario.es a través de las fichas de la FIFA, de Wikipedia y de Wikidata, al menos 287 jugadores han nacido en otro país distinto al que van a defender. Esto supone un 23% sobre el total. En el siguiente mapa puedes ver el lugar de nacimiento de todos los futbolistas que participarán en la Copa Mundial de la FIFA 2026, según la información oficial disponible. ¿Qué banderas te llaman la atención?
Los datos de 2026 suponen un nuevo hito en la diversidad de origen de los futbolistas mundialistas. En Qatar 2022 hubo 139 jugadores nacidos fuera del país al que representaban. Eso sí, con menos selecciones nacionales. Representaban el 16% del total. En Rusia 2018 fueron 84 los nacidos fuera que disputaron el Mundial. En Brasil 2014, 85. Es una estadística que va consolidando una realidad en el mundo del fútbol y también fuera de él.
En este Mundial, solo hay ocho países que jugarán con el 100% de sus futbolistas nacidos en su territorio: Arabia Saudí, República Checa, Brasil, Sudáfrica, Suecia, Austria, Colombia y Panamá. En el resto, al menos uno de sus componentes ha nacido en otro país. En el caso de España es Aymeric Laporte, que nació en Agen, Francia, en 1994, pero que se nacionalizó español tras ser incorporado a las categorías inferiores del Athletic Club de Bilbao. Y esa es también una de las causas por la que tanto jugador nacido fuera de su país juega con otras selecciones, la progresiva profesionalización del fútbol, especialmente en los países más ricos.
El caso más paradigmático es el de Francia. Los bleus disputan el Mundial con un futbolista nacido en Inglaterra, otro en Italia y otro en el Congo. Pero hay un total de 76 futbolistas nacidos en Francia que correrán con las camisetas de otros países: 13 argelinos, 12 haitianos, 11 congoleños y diez senegaleses, entre los más destacados.
El siguiente país que más futbolistas aporta en su conjunto al Mundial es Países Bajos, pero por el caso de Curaçao. 25 de los 26 jugadores de la selección debutante han nacido en Holanda. Cabo Verde, la selección que empató con España, tiene a seis holandeses en sus filas. Turquía a tres y Marruecos a otros tres, entre otros. Inglaterra también aporta otros 24 futbolistas nacidos en ese país a otras selecciones, Alemania 25 y España 11.
En la siguiente tabla se muestran todos los futbolistas de cada selección que nacieron en un país diferente. Curaçao, Congo, Marruecos y Bosnia lideran el ranking.
En muchos casos, el origen de los futbolistas del Mundial dibuja también la diáspora geopolítica. Hay 17 futbolistas de Bosnia que han nacido fuera del país. La mayoría lo ha hecho en Alemania, pero también en Suecia. Son estados que han acogido a muchos refugiados políticos. Por ejemplo, hay cuatro iraquíes que han nacido en Suecia, dos en Alemania y uno en Inglaterra, Noruega y Dinamarca. Alemania es también el principal origen de los futbolistas turcos (cinco).
Pero es Francia el país de procedencia de muchos de los jugadores cuyos padres o abuelos acudieron al Hexágono en busca de un futuro mejor, muchos buscando el país donde el idioma fuera importante. Es el caso de Marruecos, Senegal, Argelia o Túnez, antiguas colonias.
A esa herencia colonial y migratoria se suman también las corrientes económicas de las últimas décadas. Muchos futbolistas crecieron en países con estructuras deportivas más desarrolladas que las de sus lugares de origen familiar, lo que les permitió acceder a academias profesionales y competir al máximo nivel. En numerosas ocasiones, la decisión de representar a una selección u otra responde tanto a un vínculo emocional como a las oportunidades deportivas disponibles.
La expansión de las dobles nacionalidades y la flexibilización de algunas normativas para ser seleccionados han contribuido igualmente a este fenómeno. La FIFA permite desde hace años que un jugador pueda cambiar de selección en determinados supuestos si no ha disputado partidos oficiales absolutos con otro combinado, una medida que ha incrementado los casos de futbolistas que recuperan la nacionalidad de sus padres o abuelos para competir internacionalmente.
Son los casos de futbolistas como Brahim Díaz, Iñaki Williams, Nico Paz o Achraf Hakimi. Todos nacidos en España, desarrollados en las categorías inferiores del fútbol español que ahora representan a países como Marruecos, Argentina o Ghana gracias a la doble nacionalidad.
Michael Olise, una de las estrellas de la selección francesa, es uno de los mayores ejemplos de esta nueva diversidad en el fútbol. Nacido en Londres, su padre es británico-nigeriano y su madre franco-argelina. Se formó en las categorías del Reading F.C., en Inglaterra, pero juega para Francia a nivel internacional.
Estados Unidos, uno de los tres países anfitriones, es también un ejemplo de esta realidad. Su selección reúne jugadores con raíces mexicanas, europeas, africanas y asiáticas, reflejando la diversidad de una sociedad construida históricamente por la inmigración que ahora su presidente, Donald Trump, persigue y castiga. Una situación similar se observa en Canadá, donde conviven futbolistas con orígenes caribeños, africanos y europeos.
El fenómeno no solo afecta a las selecciones tradicionalmente asociadas a la inmigración. Países que durante décadas fueron emisores de población, como Croacia, Serbia o Portugal, también encuentran en sus comunidades en el exterior una fuente de talento y una manera de mantener el vínculo con generaciones nacidas lejos de la tierra de sus antepasados.
El resultado es un Mundial que, más allá de la competición deportiva, actúa como un espejo de los movimientos de población de las últimas décadas. Las alineaciones cuentan historias de guerras, colonización, oportunidades económicas y reencuentros familiares. Sobre el césped, las fronteras nacionales siguen existiendo, pero las trayectorias personales de los futbolistas revelan un mundo cada vez más interconectado.