El cuero al pasto
La Pulga, Donatello, Androide y Vinícius, por ahora las estrellas del Mundial
La historia del fútbol está llena de grandes nombres… y de grandes motes. Al húngaro Ferenc Puskas, una de las principales estrellas de la Copa del Mundo de 1954, lo llamaban Cañoncito Pum. El brasileño Edson Arantes do Nascimento, una de las grandes figuras de todos los tiempos y de la Copa de Mundo de Suecia 1958, de Chile 1962, de Inglaterra 1966 y de México 1970, y campeón en tres de esas cuatro ediciones del torneo, era más conocido por los motes de O Rei, La Perla Negra y, sobre todo, Pelé. El alemán Gerhard Müller, uno de los más eficaces goleadores de Alemania 1974 y de la historia, en su país era conocido como Der Bomber der Nation (el Bombardero de la Nación) y en el mundo hispanohablante como Torpedo Müller. Al argentino Mario Kempes, campeón en la Copa del Mundo de Argentina 1978, se le apodaba Matador.
El también argentino Diego Armando Maradona, campeón en México 1986, acumuló muchos títulos y tres motes: Pelusa, Pibe de Oro y Barrilete Cósmico.
Al español David Villa, campeón con España y máximo anotador del torneo en Sudáfrica 2010, lo apodaron El Guaje y El Minero del Gol. Al francés Antoine Griezmann, uno de los goleadores más destacados de Rusia 2018, se le conoce por el sobrenombre de Principito. Al argentino Leo Messi, que fue campeón y la principal estrella en Catar 2022, se le llama La Pulga y en ocasiones El Mesías.
Algunas de las grandes figuras balompédicas son tan conocidas por su apodo como por su nombre real, y en la mayoría de los casos el apelativo ha sido invención de algún periodista o de algún locutor de radio o televisión. Con un buen apodo, contribuyes a crear una marca y un personaje, le das vidilla y fuerza a los titulares y a las crónicas, evitas redundancias en el relato y hasta te singularizas como plumilla.
Entre nosotros, dos colegas destacan como bautizadores o apodadores de deportistas. Por un lado, Manolo Lama, que a Cristiano Ronaldo le puso lo de El Bicho, a Iker Casillas lo de El Santo y a Raúl González aquello tan gracioso de El que nunca hace nada, con un toque de ironía infrecuente y eficacísimo. Por otro lado, el malogrado Andrés Montes, que falleció en 2009 con apenas 53 años de edad, era como locutor de retransmisiones deportivas una máquina incansable de innovación lingüística. Suyas son frases tan resultonas como “¡Que vienen los sioux!” para un ataque en tromba, “Porque la vida puede ser maravillosa” o “Ratatatatata!” para una jugada perfecta o “¡Jugón!” para elogiar a alguien.
A Montes —con la colaboración previa de los entrenadores Ángel Cappa y Javier Clemente— le debemos también la popularización del término tiqui-taca para calificar el juego del Barça y de la selección española de hace dos décadas, aquel estilo de muchos pases y la mayoría cortos, control del balón, búsqueda paciente de huecos en la defensa del rival… A uno de los maestros del tiqui-taca, el centrocampista Xavi Hernández, le puso Montes un apodo especialmente atinado, Tócala otra vez, Sam, rememorando una escena de Humphrey Bogart en Casablanca.
El listado de apodos creados por Andrés Montes es impresionante. Entre los que mejor cuajaron figuran Aerolíneas para Michael Jordan, ET para Pau Gasol o Mr. Catering para José Manuel Calderón, en baloncesto; y Tiburón Puyol o Sweet Iniesta en fútbol.
Los apodos a futbolistas remiten a los campos más diversos: la flora —Chopo Iríbar—, la fauna -La Araña Negra (Lev Yashin), Tigre Falcao, Mono Burgos, Piojo López, Lobo Carrasco o el cine —Tarzán Migueli—. Algunos funcionan por sí solos, sin el nombre real al lado. ¿Alguna duda sobre quién es El Buitre, Mágico o La Saeta Rubia?
De algún apodo memorable sabemos hasta el momento exacto de su creación. Uno de ellos, por ejemplo, acaba de cumplir 40 años. Fue el domingo 22 de junio de 1986, durante el Inglaterra-Argentina de cuartos de final de la Copa del Mundo, que se disputaba en México. Aquel día, con algunas heridas de la guerra de las Malvinas entre ambos países aún recientes, Maradona marcó dos goles históricos. El primero, en el minuto 6 de la segunda parte, lo anotó el Pelusa con la mano izquierda, simulando —y engañando al árbitro— que lo hacía con la cabeza. Tiempo después, el Pibe de Oro explicó que el gol lo había marcado “un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”, y así se conoce universalmente el tanto: fue ya para siempre El gol de la mano de Dios.
Muy pocos minutos después del manotazo, el astro argentino se hizo con el balón en su propio campo, recorrió en 10 segundos 50 metros superando a cinco jugadores ingleses (Hoddle, Reid, Sansom, Butcher y Fenwick), regateó al portero Peter Shilton y anotó el que luego fue considerado como El gol del siglo y el origen del tercer gran mote de Maradona: Barrilete cósmico. Un famoso locutor uruguayo que trabajaba para televisiones argentinas, Víctor Hugo Morales Pérez, fue el autor del mote. Nació en directo en su retransmisión: “Enrique engancha, la va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool Gooooool…. ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el futbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegooooo! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar por el camino a tanto inglés?”.
El video de la jugada de Maradona y el audio de Víctor Hugo Morales Pérez siguen emocionándonos hoy como hace 40 años.
Otro argentino, Leo Messi, conocido como La Pulga, por su pequeña estatura (1,70) y su agilidad para esquivar rivales; el francés Kylian Mbappé, al que sus compañeros en el PSG apodaron Donatello por su parecido con un personaje de ese nombre del cómic y película Las tortugas Ninja; el noruego Erling Haaland, apodado Androide porque golea como un robot; y el brasileño Vinícius Júnior, hasta ahora sin mote, apuntan a mitad del torneo como las principales estrellas de esta gavilla de 2026. Veremos.