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El cuero al pasto

La Roja ya no destiñe

Centenares de aficionados con camisetas de la Roja el pasado lunes en Madrid ante una pantalla gigante para ver el debut contra Cabo Verde
21 de junio de 2026 22:27 h

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El decepcionante 0-0 frente a Cabo Verde con el que España comenzó su andadura en la fase final de la Copa del Mundo 2026 de fútbol generó juegos lingüísticos incluso lejísimos de nosotros. “Desteñido debut de La Roja”, titulaba el Diario de Centro América, un medio guatemalteco muy peculiar, pues es una mezcla de diario oficial —de BOE de allí, para entendernos— y de periódico informativo convencional, impreso y en línea. Menos mal que seis días después recuperamos el color frente a Arabia Saudí.

Una simple búsqueda en la red certifica que el apelativo de La Roja para la selección española está de nuevo en auge en medios de comunicación de todo el arco ideológico, tras algunas dudas en años pasados, especialmente en la prensa conservadora. ¡Hasta en la publicidad la podemos ver ahora! Por ejemplo, en la de Movistar vinculada al torneo.

En los años dorados de Luis Aragonés y Vicente del Bosque en el banquillo, en los que España encadenó varios títulos de mucho postín —campeona en la Eurocopa de 2008, disputada en Austria y Suiza; campeona en la Copa del Mundo de 2010, disputada en Sudáfrica; y campeona de nuevo de la Eurocopa de 2012, disputada en Polonia y Ucrania—, lo de La Roja se convirtió en un apelativo positivo, reputacional, casi en un sinónimo de La Vencedora o La Ganadora. ¡Algo insoportable para los que, en la derecha política y mediática, entienden ese adjetivo sobre todo en la quinta acepción del Diccionario de las Academias: “Izquierdista, especialmente comunista”.

“Acostumbrados como están a apropiarse de todo, desde la bandera a la Justicia, quizás creyeron que llamarle La Roja a la selección nacional de fútbol era una maniobra del rojerío, de la izquierda, para apropiársela”, escribí en este mismo medio hace ahora dos años, en vísperas de la Eurocopa 2024… que también ganamos.

¿Y a quién se le ocurrió realmente lo de La Roja? Si examinamos al detalle el pasado, podemos ponerle al término dos padres y un tío. Al más reciente, el futbolista y entrenador Luis Aragonés, fallecido en 2014, no se le atribuyó en vida posicionamiento ideológico de izquierdas. El anterior, el general golpista del 36 José Moscardó, era un furibundo anticomunista. El remotísimo, el tío, era un nacionalista vasco.

Moscardó, que se hizo célebre en los primeros meses de la guerra civil por su defensa del alcázar de Toledo, asediado por las fuerzas leales a la República, y tuvo después un papel principal en la contienda, con las tropas sublevadas, fue recompensado durante el franquismo con cargos de relevancia. En 1947 era Delegado Nacional de Deportes y presidente del Comité Olímpico Español, y decidió quitarles a los jugadores de la selección de fútbol la camiseta de color azul falangista que se les había puesto al finalizar la guerra y ponerles otra de color rojo, que era el histórico anterior. La prensa y la afición comenzaron por entonces a llamarle a la selección “la Furia Roja”.

Lo de la furia venía de muy atrás, exactamente de los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, en los que España fue subcampeona. El nuestro, dicen los entendidos, era entonces un fútbol de mucha pasión, de mucho pundonor. ¡Todo corazón! Y quizás poca técnica.

Una anécdota y una frase plasman aquellos tiempos. Miércoles 1 de septiembre de 1920. Tres días antes, España ha sido derrotada por el anfitrión de los Juegos, Bélgica, y necesita imponerse a Suecia si quiere seguir viva en el torneo. El protagonista fue José María Belauste, un mediocentro atacante, bilbaíno, jugador del Athletic Club, abogado de profesión —en aquel entonces los jugadores eran todo amateurs— y militante del PNV. En un momento del partido, Belauste, que era un tiarrón del norte de impresionante poderío físico —1,93 de estatura, 95 kilos de peso— pide a su compañero Sabino Bilbao, también del Athletic Club, que le centre al área rival al grito de “¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo!”. Y en efecto: centra Sabino, controla Belauste con el pecho —o con la cabeza según otros cronistas— y entran balón y jugador en la portería rival sin que tres defensas y el portero sueco puedan pararlo ni aun con faltas. Ya vestía entonces España con camisola roja, pero el apelativo que la prensa internacional le puso aquel equipo fue la Furia Española.

Lo de recuperar La Roja a secas, ya sin furia por delante, fue idea de Luis Aragonés cuando en 2004 fue fichado como seleccionador nacional. “Me gustaría que esta selección tuviera un nombre, una identidad. Brasil es La Canarinha; Argentina, La Albiceleste, y me gustaría que España fuese La Roja”, dijo poco después de llegar al cargo. Por entonces los derechos televisivos para el inminente Mundial de Alemania 2006 los tenía Mediaset. Emitía los encuentros por una de sus cadenas, Cuatro TV, cuyo color corporativo también era el rojo, y se sumó con entusiasmo a la propuesta de Aragonés. Multitud de aficionados también lo hicieron. El juego de la selección nacional ya no se basaba en el pundonor, el pelotón al área y el esfuerzo sino en el control, la posesión, los pases cortos y muchos y el talento. ¡El tiqui-taca!

Con Luis de la Fuente en el banquillo, La Roja ha vuelto al prestigio de la década dorada: campeona de la Liga de Naciones de la UEFA 2022-23 y campeona de la Eurocopa 2024. En la Copa del Mundo, al desteñido inicial que nos hizo Cabo Verde, un rival disciplinado en defensa que ciertamente nos sacó los colores, le ha seguido un 4-0 a Arabia Saudí que recupera para La Roja el colorido, el sinónimo de calidad par el apelativo y hasta la furia al tiempo que la técnica exquisita en el juego.

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