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Arsenio Escolar

Nacido en Torresandino (Burgos) en 1957, Arsenio Escolar es licenciado en Periodismo y en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, donde también siguió estudios de Pedagogía. Empezó como periodista en los semanarios Tele Radio, Guía del Ocio, El Globo y Cambio 16. Posteriormente fue director fundador de Diario 16 de Burgos (1989), redactor jefe fundador del diario El Sol (1990), subdirector fundador y posteriormente director del diario Claro (1991), subdirector del diario Cinco Días (1992), subdirector del diario El País (1996) y fundador en 2000 del diario 20minutos, del que ha sido director hasta septiembre pasado. 

Desde 2001, interviene como analista político en programas de radio y televisión (Cadena Ser, RNE, Telemadrid, TVE, LaSexta, Cuatro, Antena 3...). 

Desde 2004, es presidente de la Asociación Española de Editoriales de Publicaciones Periódicas (AEEPP), la mayor asociación empresarial de editores de prensa de España. 

Como escritor, es autor de las sátiras en verso 'Arsénico sin compasión' (Península, 2014), coautor con Ignacio Escolar de los ensayos de divulgación histórica 'La nación inventada' (Península, 2010) y 'El justiciero cruel' (Península, 2012) y coautor con Montse Román de 'La golondrina enamorada y otros cuentos de La Alcarria' (El Aleph, 2012). 

Ha ganado diversos premios periodísticos y literarios, entre ellos el Víctor de la Serna de la Asociación de la Prensa de Madrid como Periodista del Año 2006, el de Periodismo Digital José Manuel Porquet (2007) y el Talento Comunicativo de la Universidad Complutense (2012).

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Gobierno y Govern tras el 10N se juegan en clave catalana

Conforme a lo esperado, Cataluña está siendo el principal –e incluso a veces único– gran tema de la campaña electoral. El asunto que marca tendencias de voto, subidas y bajadas, remontadas y desplomes. Ni la inminente exhumación de Franco, ni los indicios de parón de la economía, ni el Brexit, ni ningún otro tema de actualidad muestran suficiente fuerza de arrastre de opinión pública como para que, en las menos de tres semanas que faltan para el 10 de noviembre, el debate sobre el conflicto catalán vaya a ser desplazado del lugar central que ocupa.

La cronificación de las protestas tras la sentencia del Supremo. Los abundantes y graves episodios de violencia callejera. Los división en el independentismo catalán, no sólo respecto a las actuaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, sino también y especialmente sobre la estrategia a seguir ahora. El errático desempeño de Quim Torra, más activista que gobernante, y cada vez más solo incluso entre sus propias filas. Las presiones de la derecha al Gobierno para que aplique mano dura. La posición al tiempo firme y moderada de Pedro Sánchez, que vigila en corto y mantiene a distancia a Torra, pero sin caer por ahora en medidas extraordinarias... Los factores en juego en el conflicto catalán son tantos que es difícil saber cómo van a evolucionar en los próximos días y en qué situación va a llegar cada contendiente a las urnas del 10N.

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Una reforma legislativa, salida política a la crisis catalana

La prudencia es una de las virtudes que adornan a los gobernantes de altura. Aunque no siempre lo parezca, es compatible con la firmeza. Pero decir con firmeza, y reiterarlo, que la sentencia ha de cumplirse en su integridad, como ha hecho el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, poco después de conocerse la sentencia del procés, quizás no sea lo más prudente. ¡Quién sabe qué puede pasar en la vida y en la política y en Cataluña en los próximos meses y años! Hay vida y política y Cataluña y España bastante más allá del 10 de noviembre, día de las próximas elecciones generales.

Si lo que Sánchez quería decir -en su viaje a las grandes bolsas de electores de centro- es que él no indultará a los condenados, probablemente hubiera sido mejor que lo manifestara así, en claro y por directo, y no dando un rodeo. Con el modo en que ha dicho Sánchez lo que ha dicho -"el acatamiento de la sentencia significa su cumplimiento, reitero, su íntegro cumplimiento"-, ha podido parecer que los condenados han de ser discriminados de por vida carcelaria y que nunca podrán acogerse a los beneficios penitenciarios a que tuvieran derecho.

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Mapa inestable, a la espera de la sentencia del procés

"Nos podemos quedar en 115 escaños", comentaba días pasados alguien del PSOE con acceso a mucha información interna y con tendencia general al pesimismo. "Nos podemos ir a más de 140", apuntaba pocas horas después otro socialista de perfil similar, pero de carácter más optimista. "Estamos preocupados porque algunas encuestas nos dan ya 100 escaños, y eso es peligroso: si nos quedamos en 95, una treintena más de los que ahora tenemos, parecerá un fracaso", cuenta un dirigente del PP muy cercano a Pablo Casado.

Estos días están siendo de muchos nervios en la mayoría de los partidos que concurren a las elecciones generales del 10 de noviembre. Son los días de cerrar o no cerrar acuerdos para coaliciones, de presentar las listas circunscripción a circunscripción, de ver al detalle en los sondeos el posible impacto del sexto en discordia a nivel estatal (Más País, la formación de Errejón), de lanzar las primeras grandes andanadas de campaña... Los nervios y el vértigo se han adueñado de algunos candidatos que se ven de pronto en puestos inseguros en su lista o de aquellos que sospechan que el líder máximo ha tenido alguna idea u ocurrencia que le afecta a su posición. En las del PSOE por Madrid, por ejemplo, se ha barajado incluir a Ángel Gabilondo, sin él pedirlo, con fuerte resistencia de algunos ya instalados. En el PP, por ejemplo, ha habido tensiones, entre otros lugares, en las listas de Castilla y León, con el líder regional y presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco, no completamente alineado con el líder estatal, el palentino-abulense Pablo Casado, y en la de Castilla-La Mancha, con antiguos peones de Cospedal resistiéndose a algunas disposiciones de Madrid.

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Cataluña acapara la precampaña electoral

Cataluña se ha adueñado de la precampaña electoral. Había hechos objetivos que lo hacían previsible: el segundo aniversario del 1-0, la inminencia de la sentencia del procés, las detenciones de la semana pasada y sus ramificaciones policiales, judiciales y políticas... A ello se le ha añadido que muchos de los partidos ven en Cataluña una oportunidad electoral. Para unos, como Ciudadanos, Vox y de algún modo Junts per Catalunya, la oportunidad de cambiarle el signo a las encuestas que dicen que les va a ir regular o mal el 10 de noviembre. Para otros, como PSOE / PSC, Partido Popular y de alguna ERC, la oportunidad de mostrarse como partidos institucionales que ofrece sensatez, pragmatismo, poco histrionismo, moderación en las respuestas y –con matices e intensidades distintas entre las tres formaciones citadas– pensarse bastante o incluso mucho cada paso antes de darlo.

"Cometeré nuevas equivocaciones, pero las mismas no", decía hace poco más de dos años Pedro Sánchez, cuando logró volver al liderazgo del PSOE tras haber sido defenestrado por un golpe de Estado interno unos meses antes. Se refería a la gestión del partido. Ahora se podría referir con las mismas palabras a los independentistas catalanes. Desde que a primeros de año le tumbaron los Presupuestos en el Congreso, Sánchez se ha ido alejando de ellos, ha perdido con ellos casi toda la confianza que tuvo mientras fue presidente del Gobierno a todos los efectos, sin el "en funciones".

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El incalculable efecto Errejón

Mientras la izquierda se fracciona y divide, al menos en las circunscripciones grandes, la derecha se intenta unir, al menos en las circunscripciones pequeñas. La decisión del partido de Íñigo Errejón -ex número 2 de Podemos- de acudir a las elecciones del 10 de noviembre y la insistencia en la intención del PP de Pablo Casado de poner en marcha España Suma son por ahora las dos grandes novedades políticas de la precampaña, novedades cuyo impacto en las urnas está aún por ver. Las encuestas de estos días atrás se han convertido de pronto en papel mojado.

El efecto Errejón es por ahora incalculable. No tanto en la segunda acepción del diccionario ("Muy grande o muy numeroso") como en la primera: "Que no se puede calcular". El efecto de convertir un pequeño y recién nacido partido regional, Más Madrid, en una formación con pretensiones de ámbito estatal no se puede calcular hoy por varias cosas: se ignora aún en cuántas de las 52 circunscripciones se presentará, se ignora también en cuántas de las que se presente lo hará solo -y con qué marca- y en cuántas lo hará en coalición con algunas otras formaciones, se ignora así mismo si tendrá como aliados locales a algunos que ahora lo son de Unidas Podemos y de Pablo Iglesias. Se desconoce, en fin, si el propio Errejón encabezará la lista por Madrid y si la exalcaldesa de la capital Manuela Carmena irá finalmente en esa o en alguna otra lista errejonista, si fichará a caras conocidas de la izquierda...

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El bloqueo empieza a desmontarse, pero para noviembre

A seis días del final del plazo previsto, no hay candidato a la investidura, y nada indica que vaya a haberlo. Ya es casi definitivo: volveremos a ser llamados a las urnas para el domingo 10 de noviembre.

Transcurridos 142 días desde las elecciones generales del pasado 28 de abril, los partidos han empleado las últimas horas quizás más preocupados todos por el relato que por la política. Quizás más centrado cada uno de ellos en evitar ser señalado como el responsable del bloqueo político que en evitar realmente unas nuevas elecciones. ¿Negociaban o simulaban que negociaban, especialmente las dos grandes formaciones del bipartidismo, PSOE y PP, a las que las encuestas señalan como las más probables beneficiarias de la repetición electoral?

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Terceras o cuartas vías... o vía muerta

A apenas 14 días de la fecha en que el rey convocará elecciones si no hay antes una investidura, y transcurridos 134 días desde las elecciones del 28 de abril pasado, aún queda la duda de si realmente el PSOE —sobre todo— y Unidas Podemos (UP) negocian o simulan que negocian, especialmente en estos días finales. Negociar es transigir, transar, intercambiar, ponerse en la piel del otro, ceder... Ambas partes cedieron algo en el intento de julio pasado, y aún así no hubo acuerdo. Ahora, y contrarreloj, ¿realmente negocian o se han echado en un diálogo de sordos en el que todos hablan pero nadie escucha?

Pedro Sánchez, que había apostado primero por la propuesta de gobierno socialista en solitario con apoyo parlamentario, después en lo del gobierno de cooperación con UP —sin nadie de este partido sentado en el Consejo de Ministros— y más tarde en lo de gobierno socialista con independientes de la órbita de Unidas Podemos, acabó cediendo y aceptando quizás a regañadientes lo que a finales de abril no estaba de ningún modo dispuesto a consentir: un gobierno de coalición. Tardó pocos días en arrepentirse. Pablo Iglesias no le aceptó la oferta y Sánchez decidió no volver a hacerla nunca jamás.

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Si Sánchez e Iglesias ceden algo más, puede haber acuerdo

El fin de semana pasado, transcurridas 18 semanas desde las elecciones generales del pasado 28 de abril y a poco más de tres semanas de que se convoquen de nuevo elecciones si antes no se logra una investidura presidencial, crecía la impresión entre los dirigentes de las dos principales formaciones políticas directamente afectadas —PSOE y Unidas Podemos (UP)— de que, salvo gran sorpresa de última hora, el 23 de septiembre seríamos convocados para que el próximo 10 de noviembre pasemos de nuevo por las urnas. Este martes, tras la presentación por parte de Pedro Sánchez de su propuesta de acuerdo programático a UP, las tornas empezaban a cambiar. Aún hay mucho escepticismo y pesimismo en las dos partes, muchas sombras, pero se empiezan a ver también algunas luces que indicarían la posibilidad de un acuerdo.

El jueves pasado, 29 de agosto, el presidente en funciones se decía "esperanzado" en que el programa "progresista" que ultimaba su equipo convencería a Pablo Iglesias para que UP aceptara un acuerdo programático sin entrar en el Gobierno. Pero ese mismo jueves, Iglesias insistía en sus posiciones: o entraba su formación en el Ejecutivo o no habría apoyo a la investidura. El domingo, en una entrevista en El País, Sánchez insistía también en las suyas: acuerdo programático y un Gobierno "coherente", o sea, sin ministerios ni vicepresidencia alguna para la formación morada. La contestación de Iglesias —un tuit con un video del combate de boxeo por el título mundial de los pesos pesados disputado en 1974 en Zaire entre Muhammad Alí (ex Cassius Clay) y George Foreman— podía interpretarse de muchas maneras, pero en ningún caso como un cambio de opinión sobre la suya del jueves anterior.

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Siete evidencias que alientan el pesimismo político

Si los esfuerzos inútiles generan melancolía, el de PSOE y Unidas Podemos de finales de julio para lograr un acuerdo que pusiera en marcha un Gobierno estable y de izquierdas ha generado no solo melancolía, sino también una cierta tristeza en gran parte de la opinión pública, especialmente entre la de la izquierda. No solo por el fracaso en el intento de investidura sino también y sobre todo por algunas evidencias que parecen difícilmente cambiables a medio plazo y que auguran que el bloqueo político va a ser difícil de superar. Entre ellas estas:

1. La mala relación entre PSOE y Podemos. Se creía coyuntural, pero ahora parece estructural. Ambas formaciones llevan ya cinco años -desde la eclosión de la formación morada, en las elecciones europeas de mayo de 2014- en dura pugna por la hegemonía en la izquierda. Hubo un momento en que el pequeño y recién nacido parecía que iba a acabar de dos zarpazos electorales con el grande y más que centenario. Ahora las tornas han cambiado. Podemos mengua, tanto que corre riesgo de convertirse en un satélite de los socialistas, y PSOE ha vuelto casi a sus números electorales de los tiempos del bipartidismo. Pero la desconfianza mutua y la tensión entre ellos no sólo no remite sino que se acrecienta. Especialmente cuando les toca hablar de gobernar juntos o apoyándose uno en otro.

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Negociar o simular que se negocia, esa es la cuestión

Aún no del todo recuperados de la conmoción por el fracaso en la investidura de Pedro Sánchez para formar un Gobierno de coalición, tanto en el PSOE como en Unidas Podemos empiezan a recomponer estrategias y a explorar caminos para las próximas ocho semanas, las que faltan hasta el 23 de septiembre. Si en esa fecha no se ha conseguido la investidura de un presidente, el rey disolverá las Cámaras y convocará nuevas elecciones, como establece la Constitución en el artículo 99.

Aunque en público y en las redes sociales digan aún que hay que intentar de nuevo el Gobierno de coalición, entre algunos dirigentes de Unidas Podemos se extienda ya la resignacion de que no habrá esa segunda oportunidad, y no solo por la negativa del PSOE sino también por las discrepancias internas en la propia coalición morada. La propuesta de IU el viernes pasado de que se busque ahora desde Unidas Podemos un pacto de legislatura con el PSOE, sin entrar en el Gobierno, ha sido bien vista entre los 'comuns', los aliados catalanes de la formación morada, y puede abrirse paso en breve incluso en el entorno más cercano a Pablo Iglesias.

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