Investigadora, escritora y divulgadora

Irene Rodríguez, autora de @laguiavintage: “El ascenso de la extrema derecha siempre viene acompañado de la feminidad tradicional”

Elisa M. Almagro

19 de septiembre de 2026 06:00 h

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Las mujeres siempre han trabajado, la minifalda fue un símbolo de rebeldía y los zapatos de tacón se inventaron para los hombres. La historia no solo se cuenta a través de conflictos bélicos y ascensos y caídas de imperios, también está en el vestir. Una parte de nuestro pasado que rescata Irene Rodríguez a través de sus redes sociales. Sumando casi el millón de seguidores en TikTok, Youtube e Instagram, la creadora de contenido está acercando la historia de la moda a los más jóvenes.

Escritora y Doctora en Artes y Humanidades, se ha especializado en literatura escrita por mujeres y teoría crítica de la moda desde una perspectiva de género y cultural. El próximo miércoles 23 de septiembre nos acompañará en la segunda edición del Festival de Cultura Murciana 'A Gallete' en el HUB del Pabellón 2 del Cuartel de Artillería, donde moderará el coloquio 'Del taller a la calle: diseño contemporáneo', una conversación que abordará el diseño desde una perspectiva vinculada a la cultura murciana.

En la mesa participarán las diseñadoras de joyas Raquel Castillo y Tesi Andreu, de Tessara y las diseñadoras de moda Miriam García, fundadora de Broken Finger y Martaé Martínez, de Las Culpass.

¿Cuándo comenzó tu interés por la historia de la moda? 

Estudié Filología Inglesa en la Universidad de Murcia, en el tercer año estuve experimentando mucho con los looks y no daba con la tecla. Ya en el cuarto año fui centrándome más en el estilo tipo años 40 y años 50.

Cuando me gusta una cosa me obsesiono y necesito saber todo lo que hay que saber de eso. Empecé a investigar para tener un estilo más auténtico, y acabé adentrándome en otras épocas que me interesaban. Esto se me juntó con que empecé mi doctorado, por lo que se acabó uniendo mi investigación personal con la académica.

¿Influyó la Filología Inglesa a tu aproximación a la moda?

Una de las épocas que más me interesan es el siglo XIX, y diría que es por leer tanta novela decimonónica, de ‘La nueva mujer’ [ideal feminista de finales del siglo XIX]. Siempre me llamó mucho la atención.

¿Cuándo decidiste transmitir tu pasión a través de las redes sociales?

Empecé en 2020, durante la pandemia. A muchos nos pasó, estábamos encerrados y necesitaba expresarme. 

El primer post que subí fue completamente aleatorio. Vi el típico vídeo que suele verse cuando se habla de historia de la moda, metiéndose con el corsé de las mujeres decimonónicas: decía que estaban torturadas, que no podían andar, o que se sacaban las costillas flotantes para tener la cintura más pequeña. Ese día decidí responder con un vídeo desmintiendo todo. Al subirlo, amigos y familiares me animaron a abrirme una cuenta para hablar solo de esto.

En tu canal abordas muchísimas décadas y periodos pero, precisamente, un tema recurrente es el corsé, ¿por qué crees que es tan importante?

Es a la vez la prenda de la que más se habla y que menos se conoce. Cuando una cree que ha parado la tendencia de relacionar al corsé con tortura y represión, llega una nueva ola. Esta vez se lleva mucho hacer vídeos con IA sobre el tema, soltando lo mismo de siempre.

Al final, toda prenda en cierto modo es una opresión, podemos decir lo mismo del sujetador. Pero el corsé era una prenda que tuvo mucho sentido en su época: ayudaba a apoyar el resto de la ropa, pues solía tener bastante peso; y, especialmente para las clases trabajadoras, suponía un alivio lumbar.

También era una forma de lidiar con la presión estética. Cuando se ponía de moda un tipo de cuerpo concreto, lo único que tenías que hacer era confeccionarte o comprarte un corsé que simulase ese tipo de cuerpo. No tenías que hacer ejercicio o someterte a dietas abusivas y procedimientos estéticos.

Has mencionado el tema de la IA, que permite publicar en masa vídeos plagados de desinformación. Esto ha coincidido con un cierto descontento del público hacia los creadores de contenido. ¿Cómo percibes esto?

A nuestro cerebro le impresionan mucho las imágenes, aunque sean completamente falsas y carentes de verdad histórica. Siempre pienso en los vídeos con IA de mujeres que van pasando de época en época, cambiando de ropa y estilo. Llaman muchísimo la atención, mucho más que una persona hablando a cámara.

Es un poco frustrante, una persona que utiliza la IA para hacer videos puede producir a un nivel muchísimo más rápido que el que yo podría llevar. Al final, son los vídeos que más llegan, con la información que no debería esparcirse.

Volviendo a la moda: en esta edición del festival ‘A Gallete’ vamos a abordar las nuevas formas de creación en el diseño contemporáneo. Vivimos en una época de crisis económica y social, más conservadora ¿se deja ver en los cuerpos y en el vestir?

Hay un cúmulo de cosas. El ascenso de la extrema derecha siempre viene acompañado de un ideal de extrema delgadez y feminidad tradicional. Al final se crea una idea de feminidad que está basada tanto en la sumisión como en la maternidad.

Desde nuestro ideal moderno, entendemos que el cuerpo más sano siempre es un cuerpo delgado, aunque ahora mismo se nos está yendo de las manos.

Venimos de una década muy distinta, la de los 2010, cuando empezó a impulsarse la moda curvy, y empezó a verse en el mainstream lo que se consideran cuerpos menos normativos. 

Creo que en parte la moda de la extrema delgadez de la actualidad es otro tipo de reacción a la década de 2010 y la vuelta al mainstream del feminismo que supusieron estos años. 

Al final existe la percepción en algunos sectores políticos o discursivos de que la mujer ha llegado “demasiado lejos” en el impulso de sus derechos. Por desgracia esto es una constante, siempre ha existido esta percepción a lo largo de la historia. Ahora mismo estoy con investigaciones sobre la moda de finales de la Edad Media y ya en esa época había quien pensaba que la mujer había progresado demasiado.

Ahora se ha recuperado el fenómeno de lo vintage, ¿se han aprovechado las prendas del pasado en todas las épocas?

La reutilización siempre ha existido, mucho más incluso en siglos pasados, cuando las prendas y la tela, eran cosas valiosísimas.

No solo se rescataban modas a través de ropa antigua, también se deshacían las prendas y se elaboraban otras. Era algo tan importante que incluso sucedía en las clases altas, llegando a aparecer como herencia en testamentos.

Pero en la actualidad ya no solo se reutiliza, también se replican estilos del pasado.

Sí, ahí entra lo retro.

A la hora de vestir retro o vintage en la actualidad, ¿se recuperan todos los periodos? ¿Qué predomina y por qué?

Ahora se está viendo un renacimiento de los años 30. Es una silueta que está volviendo, es una década de extrema delgadez. Vemos vestidos largos, pegados al cuerpo y con mucho escote en la espalda, como: el vestido amarillo de Kate Hudson en Cómo perder a un hombre en diez días. Ese tipo de vestido que se utiliza mucho cuando vuelve el estándar de moda de la delgadez del poco pecho de ese tipo de feminidad, como pasó en los 2000.

No sé si se debe a que nos acercamos a nuestros años 30, pero prefiero no pensarlo, porque los años 30 del siglo XX no fueron buenos para nadie.

En los últimos años, se ha eliminado el tabú que podía tener la ropa de segunda mano anteriormente, ¿por qué?, ¿cómo afecta esto en cómo vestimos?

El capitalismo es muy bueno en coger algo que no le viene bien, empaquetarlo y volverlo a vender. El vintage y el retro tienen demasiada exposición en el sentido de que se están convirtiendo en algo deseable y, por tanto, se está convirtiendo también en un producto.

Antes se compraba ropa o libros de segunda o tercera mano porque se sabía que iba a costar menos. Ahora es al contrario: si tiene la etiqueta retro la industria percibe que pueden cobrarnos más caro.

Esta asimilación que el sistema capitalista ha podido hacer a la segunda mano ¿se carga el acto de reutilizar, el de contaminar menos?

Diría que sí, cuando entras dentro de los ciclos de las tendencias es muy difícil salir. Uno de los atractivos del vintage era que a lo mejor una persona podía encontrar siluetas y tipos de confección en telas que no se veían en la vida diaria. Pero si al final esas prendas vuelven otra vez a estar solo al alcance de unos pocos por muchísimo dinero, a los demás nos quedan las reproducciones que hace la propia industria de la moda rápida.

Cuando se habla de diseño, ¿dirías que se aprecia el papel de la costurera?

La industria de la moda con mayúsculas depende completamente de las costureras. Es una profesión que no se ha podido automatizar, pero siempre se enfrentan a un desprestigio constante que viene acompañado de precariedad económica y laboral.

La situación de las costureras sigue siendo la misma que la de la trabajadora del siglo XIX en la Revolución Industrial. Lo único es que han desplazado su precariedad geográficamente, pasando de ubicarse en Europa a estar en otros países de los que muchos europeos ricos se benefician de explotar a sus trabajadores.

La costura, mal considerada, permanece como un empleo feminizado. ¿Cómo ha sido la situación del diseño, en la actualidad considerado de prestigio?

Es difícil saber cuando estamos cuando empezamos a hablar de diseño como tal, cuando empezamos a hablar de la moda como arte. A finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX hay un gran movimiento de la mujer hacia la industria textil, en la que se va convirtiendo en la modista, en la diseñadora, en la tendera.

Son mujeres las que tienen esas empresas, las que dan su propio nombre a las marcas y las que crean, por ejemplo, patentando corsés. Y, sin embargo, no se las suele considerar diseñadoras, cuando, en efecto, estaban diseñando.

¿Hay alguna diseñadora que la historia ha olvidado?

Me viene a la cabeza en el siglo XVII a Rose Bertin, que se la conoce como la modista de María Antonieta. Pero realmente fue su diseñadora. Se nutría de la moda de la calle, del arte, y creaba piezas nuevas. 

Es algo parecido a lo que ocurre en el mundo de la cocina: hasta que viene un chef masculino no se tomó en consideración el mundo de la cocina. La moda, por su parte, no empieza a considerarse un arte hasta que aparecen los primeros diseñadores hombres en el siglo XIX y a principios del XX. Cuando una actividad se considera femenina, no se tiene en cuenta.