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RUIDO Y SILENCIO

Carl Schmitt en Ceuta

11 de septiembre de 2026 23:22 h

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A pesar de los años transcurridos tras la muerte de Franco, el fascismo sigue latiendo en España a la espera de algún brote extranjero para poder asomar la cabeza. Algo así dijo una vez Javier Krahe con acierto.  

El pronóstico lo estamos viviendo estos días; como ejemplo sirvan los que llevan España por bandera y piden para Ceuta la aplicación del artículo 116 de nuestra Constitución. Llegando a asegurar que el artículo 116 favorecería al gobierno al no poder convocar elecciones mientras dure el estado excepcional. Es lo que tiene este país, que además de carecer de cultura de raíz política carece de comprensión lectora. 

Porque, para quien no lo sepa, el artículo 116 de la Constitución Española regula el estado excepción, haciendo de su aplicación lo más parecido a un golpe de Estado democrático avalado por el Parlamento. Y eso nos remite al hombre que acuñó y definió el concepto moderno de tal decisión en el juego político, me refiero a Carl Schmitt, brillante jurista nazi cuyo ideario sigue teniendo vigencia hoy en día. Sin ir más lejos, en los últimos años han venido a coincidir tres libros que llevan su nombre. 

El primero, el más reciente, es la biografía trazada por José Luis López de Lizaga donde el profesor titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza da cuenta de lo contradictorio que resulta un pensador del calibre intelectual de Schmitt; de tremenda intuición, pero lastrado por su ideal autoritario. Se titula Carl Schmitt. Lucidez y ceguera.(Alianza). 

Los otros dos libros vienen en pareja y son libros firmados por el propio Carl Schmitt y traducidos gracias a la labor de Fernando González Viñas para la editorial El Paseo. Bajo el título Glossarium nos encontramos con el Schmitt más confesional, el Schmitt que rellena su dietario sin reprimir un ápice el bocado del resentimiento. Ácido y demoledor a ratos, pero sagaz y agudo siempre, Schmitt nos irrita de igual manera que nos ilustra. Por lo mismo, dudamos a la hora de celebrar sus teorías que van a marcar el núcleo de lo político, sobre todo en lo que respecta a la distinción amigo-enemigo, de cuyo antagonismo surge la frontera social que polariza las relaciones y que va a servir de base al populismo. De ahí la vigencia de Schmitt en nuestros días; de ahí que se reclame su interés a ambos lados del espectro político. 

El otro libro que aquí vengo a anunciar es una conversación de Schmitt con Klauss Figge y Dimitrios Kisoudis, una larga entrevista titulada Mientras el Imperio siga ahí, donde el jurista alemán explica lo encantador que resultaba Hitler en las reuniones del Gabinete. Polémico y siempre dispuesto para la batalla dialéctica, Schmitt cuenta cómo, en una ocasión, el poeta dadaísta y fundador del Cabaret Voltaire, criticó sus ideas señalando que, para cazar un conejo, no hay que cercar toda una provincia. A lo que Schmitt respondió que “de ese cerco surge la primera topografía de la provincia”. 

Un mal cabrón, pero un mal cabrón brillante, que diría Javier Krahe. Un mal cabrón que se comporta igual que esas palomas de las grandes ciudades que, cuando se aburren, picotean las cagarrutas de los perros buscando razones para luego soltar su mierda al vuelo. Que a nadie coja debajo; de lo contrario, está de racha, por decir algo.