Pensar mejor China desde España

5 de mayo de 2026 06:02 h

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El Gobierno ha elevado la apuesta por China en un contexto en que, a la par, emergen tendencias autodestructivas difícilmente conciliables, producto de un clima político interno que vitupera cualquier consenso posible con independencia del tema a tratar. No obstante, esta situación coexiste con una doble realidad que conviene matizar. De una parte, cuando los críticos acceden a posiciones de poder, en cuanto pueden operan de forma similar a la del propio gobierno; de otra, la sociedad muestra una percepción comparativamente más matizada e incluso positiva. Por ejemplo, el último Sociómetro vasco sitúa a China, en términos de simpatía ciudadana en Euskadi, por detrás de la UE pero muy por delante de Estados Unidos o Rusia, lo que sugiere la existencia de una base social menos polarizada que el debate político.

Afirmar la relación con China como estratégica y alentar un cambio significativo en el curso de la relación bilateral exige, sin embargo, prestar atención a algunas variables sin las cuales la coyuntura actual podría derivar en una nueva oportunidad perdida. La primera de ellas remite a la necesidad de habilitar espacios de acumulación de conocimiento sobre China en España. Ya se trate de economía, comercio, cultura, educación, defensa o política, resulta imprescindible transitar de la dispersión actual hacia una mayor concentración de capacidades analíticas, promoviendo un abordaje integral de la relación que garantice la continuidad de las políticas esenciales sobre la base de parámetros de conocimiento especializado.

En las últimas décadas se han producido avances reseñables en materia de formación y capacitación, tanto en el ámbito universitario como en determinados centros de investigación. Sin embargo, estos progresos no han ido acompañados de una dotación estructural suficiente que permita articular un ecosistema estable de generación de conocimiento. Se echa en falta una instancia o red de referencia que, más allá de iniciativas fragmentadas, lidere la producción de análisis riguroso y oriente la toma de decisiones públicas y privadas con vocación de permanencia.

En este sentido, España necesita un conocimiento menos superficial, más autónomo, más denso y profundo y, sobre todo, más integrado. La relación con China no puede seguir dependiendo en exceso de marcos interpretativos ajenos ni de aproximaciones coyunturales. Se requiere una base analítica propia que incorpore, de manera transversal, dimensiones económicas, políticas, culturales y estratégicas. Esta integración es particularmente relevante si se tiene en cuenta el peso de las competencias culturales en la interacción con China, donde factores como la percepción, la narrativa o la gestión de la confianza desempeñan un papel determinante.

La comparación con el enfoque chino resulta ilustrativa. En China, desde hace décadas, se trazan los ejes esenciales de la política hacia España desde una perspectiva integral, en la que convergen distintos niveles de la administración y del aparato académico. Este enfoque permite dotar de coherencia y continuidad a la acción exterior, evitando las oscilaciones abruptas. Frente a ello, en España se percibe una cierta discontinuidad, agravada por la ausencia de espacios de encuentro que aglutinen diferentes visiones y sensibilidades. Hubo un tiempo en que estos foros existían -con mayor o menor eficacia-, pero progresivamente han sido abandonados o debilitados.

Recuperar y actualizar estos espacios resulta clave para articular estrategias rigurosas y compartidas. No se trata de imponer consensos artificiales, sino de generar marcos de diálogo estructurado que permitan identificar intereses comunes, delimitar divergencias y construir posiciones informadas. En un contexto internacional caracterizado por la creciente interdependencia y la competencia estratégica, la improvisación constituye un lujo que difícilmente puede permitirse.

Para hacer crecer la relación bilateral, potenciar una visión omnicomprensiva y establecer una orientación de continuidad, es igualmente importante favorecer una adecuada comprensión del proceso chino. Este objetivo dista de estar alcanzado en la actualidad. Por un lado, las dinámicas internas españolas, particularmente convulsas, tienen su traducción en diatribas que alcanzan incluso a aspectos básicos de la política exterior, ámbitos en los que tradicionalmente había prevalecido un cierto consenso. Por otro, persiste un déficit en la socialización de una perspectiva de medio y largo plazo sobre China, lo que dificulta la construcción de políticas sostenidas en el tiempo.

Comprender China hoy implica asumir su complejidad interna, su evolución histórica reciente y sus proyecciones futuras, evitando tanto las simplificaciones como las lecturas excesivamente normativas. Supone también reconocer que la relación bilateral no se desarrolla en el vacío, sino en un entorno marcado por tensiones geopolíticas crecientes, en el que actores como la Unión Europea o Estados Unidos condicionan, en mayor o menor medida, los márgenes de actuación de España.

El momento presente ofrece, en este sentido, una oportunidad propicia para reflexionar internamente sobre las medidas estructurales a adoptar, especialmente en el ámbito del conocimiento. Consolidar capacidades analíticas, reforzar los canales de diálogo entre administración, academia y sector privado, y promover una mayor alfabetización social sobre China deberían constituir prioridades estratégicas. Todo ello contribuiría a dotar de mayor solidez a una relación que, por su naturaleza, exige una gestión sostenida y alejada de impulsos coyunturales.

En última instancia, no debería permitirse la dilapidación del capital acumulado convirtiendo a China en un arma arrojadiza en la contienda política interna. La instrumentalización partidista de la política exterior no solo erosiona la credibilidad internacional, sino que también dificulta la defensa eficaz de los respectivos intereses. Por el contrario, importa -y mucho- leer adecuadamente lo que está ocurriendo y adoptar decisiones con una visión constructiva y de futuro. Solo así será posible transformar la actual apuesta en una estrategia coherente y duradera.

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Firman también: Alejandro Molins de la Fuente, Consultor-Formador especializado en China; Joaquín Beltrán Antolín, profesor de Estudios de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Barcelona; Julio Ceballos, abogado y economista especializado en internacionalización; Dolors Folch i Fornesa, Profesora emérita de Historia de China, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona; Clara García, Profesora Titular de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid; Andrés Herrera-Feligreras, presidente de Fundación Qili Fundazioa; Georgina Higueras, directora del Foro Asia en Fundación Foro de Foros; Consuelo Marco Martínez, profesora Titular de Lengua, Literatura y Cultura Chinas en la Universidad Complutense de Madrid; Manel Ollé, profesor de Historia y Cultura de China en la Universitat Pompeu Fabra; Rafael Martín Rodríguez, profesor en las universidades CEU San Pablo, Pontificia de Comillas y Camilo José Cela; Ricardo Molero Simarro, profesor de Estructura Económica Mundial y de España en la Universidad Autónoma de Madrid; Amelia Sáiz López, profesora de Estudios de Asia Oriental, Universidad Autónoma de Barcelona; Augusto Soto, director de Dialogue with China Project.