Tiembla Alemania
La victoria del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) en dos de las tres elecciones celebradas en Estados federados (länder) los días el 6 y 20 de septiembre, aunque esperada, ha conmocionado - por su contundencia - los fundamentos de la democracia alemana y puesto en duda el futuro de su estabilidad política. Solo la ciudad- estado de Berlín, ha quedado a salvo de la marea reaccionaria, dando la victoria a La Izquierda (Die Linke) que gana 13,5 puntos respecto a 2023 pero si gobierna tendrá que hacerlo en coalición con los socialdemócratas del SPD y los Verdes (Grünen), para tener mayoría. AfD ha quedado tercero ganando 7,2 puntos, probablemente de la CDU (democristianos) que baja 9,4, o del SPD que se deja 6,3. Desde la reunificación, en Berlín siempre había gobernado el SPD, en coalición con CDU o con otros partidos.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde había gobernado desde 1998 el SPD en coalición con la CDU o con otros partidos, ha ganado AfD subiendo nada menos que 21,5 puntos respecto a 2021. El SPD ha perdido 4,1 y la CDU, que no supera el umbral del 5% y se queda fuera del parlamento de un land, por primera vez desde la reunificación, se deja 8,4. Aquí es probable que funcione el cordón sanitario contra el ganador con una coalición del SPD, los Verdes, y la Izquierda. Esta victoria de AfD viene a sumarse a la que logró el día 6 en Sajonia-Anhalt donde obtuvo el mejor resultado de todas las elecciones a las que se ha presentado, un impresionante 43,79% de los votos, en parte obtenidos de la abstención ya que hubo una participación 77,8%, 17,5 puntos más que en las precedentes. AfD sube 22,97 puntos respecto a 2021, y CDU, que había sido el partido más votado desde 2002, pierde 19,98. Esto completa un cuadro de las tres elecciones cuya figura más visible es en éxito indudable de AfD, pero donde tal vez lo más trascendental políticamente es el rotundo desplome electoral de CDU, que deja al canciller Friedrich Merz en una posición política muy delicada, hasta el punto de que quizá tenga que dimitir. Tiembla Alemania y con ella tiembla Europa.
Cabe además la posibilidad de que el cordón sanitario establecido alrededor de AfD - que ya había ganado en Turingia en 2024 pero no pudo gobernar allí -se rompa en Sajonia- Anhalt. La formación ultraderechista y el conjunto de partidos que optan por impedir que gobierne- CDU, SPD, Die Linke, Die Grünen – están empatados a 43 escaños después de las recientes elecciones, así que todo depende de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) que tiene cinco y es la que va a decantar la balanza hacia uno u otro lado. Este partido, aun con el añadido de “Razón y Justicia”, lleva el nombre de su fundadora, lo que ya indica un cierto culto a la personalidad, que sería compatible con el carácter autoritario e intransigente que la adjudican muchos de los que han abandonado la formación, y será ella probablemente la que tome la decisión final.
Wagenknecht procede de Die Linke de la que llegó a ser vicepresidenta. En octubre de 2023 salió del partido, del que estaba a punto de ser expulsada y en enero de 2024 fundó BSW, que se presentó ese mismo año a las elecciones de Turingia, Sajonia y Brandeburgo, quedando tercero en las tres, pero no consiguió por muy poco entrar en el Bundestag en 2025. BSW se convirtió en el mejor ejemplo de lo que se ha venido en llamar partidos rojipardos, formaciones provenientes de la izquierda -o que simplemente se apropian de la etiqueta de ser de izquierdas- pero comparten importantes ideas y propuestas con la ultraderecha. BSW es un partido claramente nacionalista que, junto a propuestas de carácter social y laboral progresistas -pero que solo se aplican a los alemanes de origen-, coincide con AfD en líneas políticas esenciales, claramente de extrema derecha, como el rechazo a la emigración, la limitación del derecho de asilo, la supresión de medidas de protección medio ambiental, restricciones al colectivo LGTBI, y la propuesta de dejar de apoyar a Ucrania y restablecer cuanto antes las relaciones con Rusia. Wagenknecht ha declarado que los cordones sanitarios le parecen ridículos, y eso en Alemania solo se puede referir a AfD, así que cabe la posibilidad de que finalmente se incline por romperlo y facilitar su primer gobierno al partido de extrema derecha, lo que despejaría finalmente la ambigüedad sobre la verdadera adscripción ideológica actual de BSW.
El imparable (?) ascenso de la extrema derecha
Mucha gente se pregunta como el país que vivió la locura del régimen nazi, y sufrió durante décadas sus consecuencias, vuelve a otorgar tanta confianza a un partido de extrema derecha. Pero no ha sido ninguna sorpresa. En la República Federal de Alemania surgieron ya a partir de los años 50 partidos y movimientos de extrema derecha nostálgicos del nazismo. El Partido Nacional Democrático Alemán (NPD), del que nació en 2023 La Patria, es una formación claramente neonazi que estuvo a punto de ser ilegalizada pero tuvo notable éxito en los años 60, llegando a entrar en las legislaturas de siete länder occidentales y después de la unificación, ya en el siglo XXI, en otros dos, precisamente en Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. En 2014 surgió Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente (PEGIDA), un movimiento racista e islamófobo que tuvo repercusión a través de manifestaciones semanales, especialmente en Sajonia, y acogió a muchos extremistas de ultraderecha.
AfD fue creada en la periferia de Frankfurt, en 2013, como un partido nacionalista moderado, formado en parte por académicos y economistas, con un programa básicamente euroescéptico que rechazaba el camino hacia la unión política de la UE, la corresponsabilidad económica o fiscal en su seno, y sobre todo la moneda única, aunque ya existía en sus planteamientos iniciales una crítica de la inmigración y la política de asilo. A partir de la crisis migratoria de 2015, cuando la canciller Angela Merkel acogió a casi un millón de refugiados procedentes de Siria, se fue radicalizando hacia posiciones ultranacionalistas y xenófobas, acogiendo en su seno a numerosos extremistas de derecha, muchos de ellos procedentes de PEGIDA, disuelto en 2024, y del NPD, que perdió en 2016 sus últimos representantes en los parlamentos estatales, hasta que prácticamente los ha absorbido por completo.
El crecimiento de AfD ha sido fulgurante. En las elecciones federales al Bundestag de 2013, las primeras a las que se presentó apenas siete meses después de su creación, quedó en cuarto lugar con 4,7% de los votos -2,05 millones- que no le dieron acceso al reparto de escaños al no superar el umbral del 5%; en las de 2025 fue segundo con un 20,8% de los votos -10,32 millones-, solo 1,8 puntos por detrás de la CDU/CSU y 4,4 por delante del SPD. En las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 quedó en quinto lugar con 2,07 millones de votos -un 7,1%-; en las de 2024 fue segundo con 5,32 millones -un 15,9%-. En agosto de 2014 entró por primera vez en un parlamento estatal, Sajonia, y en poco más de cuatro años tenía representación en los 16 que forman la federación, aunque ahora la ha perdido en Schleswig-Holstein y en Bremen. Sus mejores resultados los obtiene en los cinco länder de Alemania oriental, donde ha logrado en las últimas elecciones resultados entre el 29,2% y el 43,8% y ha sido el partido más votado en tres, y segundo en los otros dos. Pero también en los länder occidentales su crecimiento ha sido significativo: en 2023 quedó segunda en Hesse y en 2026 obtuvo un 18.8% en Baden-Württenberg, y un 19,5%, en Renania -Palatinado, 3,7 y 6,9 puntos más, respectivamente, que en 2016.
Si finalmente BSW le da el gobierno de Sajonia- Anhalt a AfD, será un hito político -negativo- en la historia de Alemania, que podría reproducirse en otros en el futuro. Pero lo importante es si ese éxito puede ser extrapolado a nivel federal. Las últimas encuestas sobre unas futuras elecciones al Bundestag -realizadas hace una semana- dan a AfD la victoria con un 29-30% de los votos, diez puntos por delante del segundo, que sería la CDU/ CSU. Faltan teóricamente tres años para esas elecciones, y pueden pasar muchas cosas, pero si esto se confirmara sería un suceso terrorífico, no solo para Alemania sino para toda Europa. Desde luego, cabe esperar que en ese caso funcionaría el cordón sanitario , pero no se puede descartar que la extrema derecha llegara a un acuerdo con los conservadores, algunos de los cuales, como Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo lo verían con buenos ojos, aunque la terrible experiencia histórica del Partido Popular Nacional Alemán apoyando en 1933 el nombramiento de Hitler como canciller, debería servirles de lección.
Crisis económica, manipulación política
Cabe preguntarse por las causas que han llevado a AfD a situarse primero en las encuestas a nivel federal, a solo trece años de su fundación. Sin duda una de ellas es el deterioro que ha sufrido la economía alemana en los últimos años, en buena parte consecuencia de la ruptura radical con Rusia por la guerra en Ucrania que por otra parte AfD propone terminar cuanto antes. El corte súbito del barato gas ruso fue un duro golpe para la industria de Alemania, que había renunciado a la energía nuclear y no tenía ninguna planta de regasificación de Gas Natural Licuado, es decir, que tenía una enorme dependencia energética de Rusia. El resultado es que de una tasa de crecimiento del 3,7% en 2021 pasó al 1,4% en 2022 y a entrar en recesión los dos años siguientes para recuperarse en 2025 con un crecimiento raquítico del 0,2%, mientras que un país como España crecía con tasas que iban desde el 6,2 % en 2022, hasta el 2,7 en 2025, gracias precisamente, según el Fondo Monetario Internacional, al incremento del número de trabajadores por la llegada de inmigrantes, y a una energía más barata por el mayor peso de las energías renovables, incluyendo la nuclear, en el mix eléctrico.
Al encarecimiento de la energía se ha unido la falta de competitividad de la industria electrónica y de bienes de consumo, y sobre todo del automóvil, por la competencia de China. El gobierno alemán está tratando de superar este estancamiento con una fuerte inversión pública, relajando los controles de déficit y deuda, especialmente en el sector de defensa, pero los resultados apenas son aún perceptibles. La crisis ha golpeado los hogares alemanes, que han perdido poder adquisitivo, especialmente en los länder orientales que nunca lograron completar la equiparación con el oeste, ni en crecimiento ni en empleo, lo que ha causado profundo descontento. Sin duda un empeoramiento de las condiciones económicas hace más atractivo un partido como AfD que promete mejorarlas milagrosamente con medidas tan brillantes como expulsar a los emigrantes.
No obstante, ni el deterioro de las condiciones económicas, ni la necesidad de buscar soluciones para revertirlo, han sido las herramientas políticas principales de AfD -aunque las haya aprovechado- como no lo son casi nunca para la extrema derecha y los partidos neofascistas, que no se ocupan de hacer estudios racionales y basados en datos, sino que se dedican, como todos los demagogos que en el mundo han sido, a utilizar las emociones, en particular las negativas, como el miedo, el resentimiento, el odio, la frustración, y a exacerbarlas en su beneficio. Dependiendo de la población a la que se dirigen, usan en mayor o menor medida los argumentos más tradicionales, como la desconfianza hacia los políticos de otros partidos, que no se preocupan por la gente y solo les interesan sus luchas partidistas y enriquecerse -como si ellos mismos no fueran también políticos-, la exaltación del nacionalismo, el rechazo hacia los que vienen de fuera para aprovecharse de lo que ellos han construido, el aumento de la criminalidad. Y otros más actuales como el negacionismo del cambio climático, la oposición a la igualdad de la mujer y a la libertad de las personas no binarias, la resistencia a la globalización, que en el caso europeo implica también en muchos casos la hostilidad hacia la Unión Europea. Y también una cierta añoranza de la comodidad que aportaban los valores tradicionales, y una falsa sensación de seguridad -falsa porque la verdadera seguridad viene de la cohesión social, no de la represión- que atrae hacia estos partidos a clases medias sin problemas económicos y que no compiten con los emigrantes.
Un problema europeo
El deterioro de la economía alemana tiene un fuerte impacto negativo en la UE, de la que ha sido motor económico durante décadas. Pero aún es mucho más importante la inestabilidad política producida por el auge de la extrema derecha, aunque este no es un problema de Alemania, sino de toda Europa. En el Parlamento Europeo elegido en 2024 esta ideología es la más representada con 196 diputados en tres grupos pertenecientes a 48 partidos de 24 Estados miembros. Partidos de extrema derecha han participado ya en el gobierno -o lo han apoyado parlamentariamente- en siete Estados miembros, en algunos casos dirigiéndolo, como en Hungría hasta abril de este año. o en Italia en la actualidad, y amenazan con hacerlo en Francia. Si AfD lograra gobernar algún día Alemania el terremoto político podría hacer saltar por los aires la UE. En el PE los populares votan cada vez en más asuntos con la extrema derecha, perfilando una mayoría muy peligrosa para la estabilidad de la Unión. Y la influencia de esta ideología ha llegado más lejos, como en el endurecimiento de la Ley de migración y asilo con la aprobación este año del Reglamento europeo de retornos que permite establecer centros de deportación en países situados fuera de la UE para emigrantes irregulares. Estas políticas alimentan el sentimiento antinmigración que es la base principal del auge de la extrema derecha en Europa y del avance de AfD en Alemania.
Impedir la inmigración -o aún peor, expulsar inmigrantes- no va a fortalecer la economía ni la sociedad alemana ni de ningún otro país europeo. Tampoco mejorará la vida de la población autóctona o de los trabajadores, al contrario, los emigrantes son una fuente muy importante de crecimiento y saneamiento de las finanzas públicas, como demuestra el caso de España, lo que al final se traduce en una mayor capacidad de mejorar los servicios públicos y las prestaciones sociales. En el caso de Alemania, la OCDE estima que para mantener el nivel de vida actual necesita un saldo anual positivo (es decir, descontando las salidas) de 600.000 emigrantes, lo que supone tres millones hasta 2030. Y esto es aplicable a toda Europa, en decadencia demográfica. Esto lo saben perfectamente los dirigentes de partidos de extrema derecha que saben leer, e incluso cuentan con algún economista en sus filas. Si usan y abusan del argumento de la emigración es por la adhesión y el rédito electoral que pueden obtener convenciendo a muchas personas, a veces con una formación política muy deficiente, de que todos sus problemas no vienen de quienes los explotan para enriquecerse, sino de los que son aún más pobres que ellos, y cuando se expulse a estos, su vida mejorará sensiblemente.
La extrema derecha, que es en realidad un instrumento del ultraliberalismo, no arregla ninguno de los problemas de la población común, sino que provoca ruptura social, división e indefensión de la mayoría frente a su verdadero objetivo que es la acumulación de la riqueza y el poder en manos de unos pocos, sin sujetarse a reglas restrictivas de protección de los trabajadores o del medio ambiente. Para comprobarlo basta mirar a los EEUU de Trump o la Argentina de Milei. Pero logra adhesiones masivas en tiempos de miedo e incertidumbre, con un discurso demagógico lleno de falsedades, ofreciendo soluciones simples a problemas complejos - algo muy fácil cuando no se tiene el poder-, porque mucha gente necesita mantener la esperanza, quiere creer que su vida puede mejorar con quien reconoce su frustración y anima su egoísmo, ya que los partidos clásicos no son capaces de satisfacer sus necesidades.
La solución no está en acercarse a sus posiciones, como trata de hacer en muchos lugares la derecha tradicional, porque eso les da más impulso, sino en confrontarlas abierta y enérgicamente. Por supuesto, dando prioridad a las políticas sociales y a la resolución de los problemas reales de la población, como la carestía de la vivienda o el deterioro de los servicios públicos, porque esas son las causas de que muchos busquen la respuesta en el extremismo. Pero también combatiendo su relato, hablando alto y claro de sus mentiras, del mundo amargo, resentido y violento al que quieren llevarnos, y confrontarlo con un modelo de sociedad unida, tolerante, solidaria, justa, y ética, la única que puede conseguir realmente un futuro mejor. Hay que repetirlo en todas partes, en las redes, en los medios, en nuestras relaciones personales. Tenemos que levantar la voz, y tenemos que hacerlo ya, porque si nos callamos estamos perdidos.