Los emperadores de Estados Unidos y la embriaguez de dirigir el mundo
No es lo mismo un país que un imperio. Cuanto más poderoso el imperio, más peculiar es la situación del emperador. Conviene recordar la reflexión de Calígula ante un senador que le recriminaba su arbitrariedad. “Tenga en cuenta”, dijo el tercer emperador de Roma, “que puedo tratar a cualquiera exactamente como me apetezca”. El poder embriaga. Cuando el poder se extiende más allá de cualquier frontera, embriaga definitivamente.
Puestos en arbitrariedades, fijemos el nacimiento del imperio estadounidense en 1898, cuando se hace con las últimas posesiones (Cuba y Filipinas) del moribundo imperio español. Y repasemos (sin entrar en éxitos o fracasos internos) la sucesión de presidentes y su política exterior, es decir, imperial.
Teddy Roosevelt (1901-1909). Se proclamaba imperialista y tenía como objetivo conseguir la hegemonía naval (entonces en manos británicas) para dominar el mundo. Como aventurero independiente, combatió a los españoles en Cuba. Ya como presidente, forzó la independencia de Panamá (hasta entonces territorio colombiano) para construir y controlar un canal estadounidense. En 1904 decidió que la llamada Doctrina Monroe, “América para los americanos”, proclamada en 1823 para rechazar el imperialismo europeo, requería una actualización: en adelante, Estados Unidos podría intervenir en cualquier país latinoamericano “que hiciera las cosas mal”, y, de ser “necesario”, ejercer como “fuerza de policía internacional”. En 1906, ocupó Cuba. Un año antes, en 1905, había recibido el Premio Nobel de la Paz.
William Taft (1909-1913). Creó la “diplomacia del dólar”, consistente en usar el poder militar para favorecer la expansión de empresas estadounidenses por todo el mundo.
Woodrow Wilson (1913-1921). Como idealista, propuso tras la Primera Guerra Mundial la creación de la Sociedad de las Naciones, pero no logró que Estados Unidos se integrara en ella. Como jefe del imperio, envió varias expediciones militares a México.
Warren Harding (1921-1923). Sus intentos de desarme quedaron ocultos por la gigantesca corrupción de su gobierno. Murió a mitad de mandato.
Calvin Coolidge (1923-1929). En 1928 proclamó que la economía era sólida y la Bolsa lo era aún más. Intentó no hacer nunca nada: creía que los problemas se arreglaban solos.
Herbert Hoover (1929-1933). El colapso bursátil le estalló en las manos. En 1930 dijo que resolvería la Gran Depresión en un par de meses y declaró la guerra comercial al mundo, imponiendo aranceles altísimos. El mundo, incluyendo Estados Unidos, se empobreció aún más.
Franklin Roosevelt (1933-1945). Empezó su mandato prometiendo que nunca interferiría en los asuntos de Latinoamérica. Tras el ataque japonés contra Pearl Harbor (1941), Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial. Roosevelt impuso a sus aliados el objetivo de la “rendición incondicional” de Alemania y Japón.
Harry Truman (1945-1953). Ordenó el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón. Inició la “guerra fría” contra la Unión Soviética. En 1950, cuando Corea del Norte, comunista, invadió Corea del Sur, Truman envió tropas. Pero se negó a usar de nuevo la bomba atómica, como reclamaba el general Douglas MacArthur. En 1946 creó la Escuela de las Américas, para formar militares latinoamericanos al gusto estadounidense. En 1948 reconoció, sin entusiasmo, la creación de Israel.
Dwight Eisenhower (1953-1961). El héroe de la Segunda Guerra Mundial se comprometió a proteger el Sureste asiático del avance comunista. Tras la derrota de las tropas coloniales francesas en Indochina (Vietnam, Laos y Camboya), Estados Unidos empezó a enviar asesores a la región. Eisenhower fue el único presidente que advirtió sobre el riesgo de que la formidable maquinaria militar del imperio asumiera progresivamente el poder real.
John Kennedy (1961-1963). Recién instalado en la Casa Blanca, aprobó un desastroso intento de invasión de Cuba. Logró resolver la crisis provocada por el envío de misiles soviéticos a Cuba, evitando un posible conflicto nuclear. Incrementó la presencia militar en Vietnam del Sur.
Lyndon Johnson (1963-1969). Utilizó un supuesto enfrentamiento (que nunca existió) entre buques estadounidenses y norvietnamitas en el golfo de Tonkín (1964) para multiplicar el número de soldados en Vietnam del Sur. En 1965 empezó a bombardear el norte del país.
Richard Nixon (1969-1974). Ordenó la invasión de Camboya (1970). En 1972 estableció relaciones con la China de Mao para alejarla de la URSS. Patrocinó el golpe de Estado del general Augusto Pinochet en Chile (1973). También en 1973 aceptó con los Acuerdos de París, tras 20 años de guerra y casi tres millones de muertos, la derrota estadounidense en Vietnam. Apoyó a Israel en la guerra de 1973.
Gerald Ford (1974-1977). Intervino junto a la Suráfrica del “apartheid” en la guerra civil de Angola, enésimo episodio de la guerra fría. Amparó el golpe de Estado en Argentina (1976). Firmó los acuerdos de Helsinki y ratificó las fronteras creadas en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.
Jimmy Carter (1977-1981). Patrocinó los acuerdos de Camp David (1979) entre Israel y Egipto. En 1980, cuando el nuevo régimen iraní de los ayatolás asaltó la embajada de Estados Unidos en Teherán, intentó una operación militar que acabó en desastre.
Ronald Reagan (1981-1989). Financió desde 1982 la guerrilla contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Vendió secretamente armas a un país enemigo, Irán, para liberar rehenes en Oriente Próximo. En 1983 invadió la pequeña isla de Granada (población inferior a 100.000 personas) por ser “un bastión comunista”. Aceleró la carrera armamentista con la llamada Guerra de las Galaxias. Respaldó con firmeza el régimen racista surafricano y proporcionó armas legales e ilegales al presidente de Irak, Sadam Hussein, en su guerra contra Irán. Armó la guerrilla islamista que combatía a los soviéticos en Afganistán, futuro núcleo de Al Qaeda.
George H. W. Bush (1989-1993). En 1989 invadió Panamá para capturar a su dictador, Manuel Noriega, antiguo agente de la CIA cuando la dirigía el propio Bush. Encabezó la coalición militar que en 1991 liberó Kuwait de los invasores iraquíes y animó una revuelta de los kurdos contra Irak (poco después los abandonó a su suerte). Tras la disolución de la Unión Soviética (1991), proclamó que Estados Unidos había ganado la Guerra Fría.
Bill Clinton (1993-2001). Amparó la depredación económica de Rusia por parte de empresas occidentales y oligarcas locales. En 1998, agobiado por el “escándalo Lewinski”, ordenó bombardeos contra supuestas posiciones de Al-Qaeda en Afganistán y Sudán. Impulsó los bombardeos de la OTAN sobre Serbia (1999) para acabar con las guerras balcánicas.
George W. Bush (2001-2009). Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, invadió Afganistán e Irak. Lanzó una guerra mundial contra el terrorismo que incluyó un programa internacional de espionaje electrónico sin límites, detenciones ilegales, torturas y la creación de una cárcel en Guantánamo (Cuba) para prisioneros que nunca serían juzgados.
Barack Obama (2009-2017). Aumentó la financiación a Israel para que pudiera completar su escudo antimisiles, pero condenó en la ONU los asentamientos israelíes en territorio palestino. Pareció animar las “primaveras árabes” con un discurso en El Cairo (2009), aunque se desentendió de ellas. Se mantuvo pasivo ante la cruenta guerra civil en Siria.
Donald Trump (2017-2021). Se comportó como Donald Trump.
Joe Biden (2021-2025). Apoyó la guerra total de Israel contra Gaza. Favoreció la acogida de refugiados e inmigrantes en Estados Unidos, combinada con una intensa política de deportaciones. La suya fue una presidencia claramente marcada por los síntomas de senilidad.
Donald Trump (2025-…). Se comporta como Donald Trump, aunque sus problemas mentales parecen muy agravados.