Cómo funciona ‘la máquina de matar fascistas’
Este miércoles Bruce Springsteen publicó una canción para protestar por los asesinatos del ICE en Minneapolis. Habrá quien piense que una canción no sirve de nada, y que los prejuicios ideológicos que justifican las redadas del ICE –o las ejecuciones extrajudiciales de sospechosos de narcotráfico en el Caribe– no se combaten con música. A mediados de los años 40, un cantautor estadounidense llamado Woody Guthrie pegó una pegatina en su guitarra con el lema “esta máquina mata fascistas”. Guthrie es una de las grandes influencias de Springsteen. Son el tipo de creadores que creen que el arte sí puede mejorar el mundo. ¿Pero cómo funciona esa máquina de matar fascistas?
Tendemos a pensar que para luchar contra la ultraderecha que deshumaniza al diferente y legitima la violencia debería bastar una argumentación racional. Que las personas que apoyan esas ideas, o que son indiferentes –tan peligrosa es una actitud como la otra– solo podrán ser desactivadas mediante datos y razonamientos. No es así. El fascismo no se elimina argumentando (o no solamente). Hay que apelar a sus mismas armas: la emoción, el sentimiento. Y ahí es donde empieza a funcionar la máquina.
Dentro de cada uno de nosotros puede crecer una personalidad fascista. Sucede cuando la desinformación y los discursos de odio nos inoculan miedo al diferente, al extraño (y especialmente al pobre). Ese miedo infundado es una emoción, y solo se contrarresta del todo con otra emoción.
La película American History X, otra obra de arte, muestra bien cómo matar al fascista que puede crecernos dentro. Su visionado debería ser obligatorio en todos los institutos. El protagonista, el líder asesino de una banda de nazis cabezas rapadas, acaba reconstruyendo su personalidad –acaba matando a su fascista interior– a base de un lento proceso emocional en el que logra descubrir y abrazar la humanidad en el diferente, en el supuesto enemigo que en realidad no lo es. Emociones como la empatía, el humor, la compasión y el reconocimiento son el disolvente del fascismo.
La personalidad fascista está arraigando y floreciendo cada vez en más personas. Urge neutralizar esa deriva y para ello no bastan datos y razonamientos. Necesitamos canciones, series, películas, novelas y poemas que emocionen. Referentes –como lo es Bruce Springsteen en Estados Unidos–, que con sus obras logren conmover a las personas. Esa emoción abrirá, en el fascista, paso a la duda sobre sus propios prejuicios. Y solo desde la duda es posible dar el paso a la reflexión y al cambio de mentalidad. Así es como se mata a los fascistas. Así es como se reintegra a esas personas en la comunidad de quienes creemos que la humanidad es posible.