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Chaqueteros y giratorios

Francisco J. Faraldo

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La movilidad laboral es considerada un índice de buena salud económica de un país porque lo deseable no es solo que todo el que lo desee pueda trabajar, sino que exista la posibilidad de cambiar de empleo si este no satisface tus necesidades económicas o de otro tipo. En el ámbito de la política la posibilidad de cambio es particularmente notoria. Y para facilitarla se inventaron variados mecanismos que dificultan que los políticos se vean sometidos al flagelo del paro, entre ellos dos objetos que, bien manejados, les permiten una salida airosa ante cualquier dificultad que pueda surgir en el desempeño de su cargo: me refiero a las chaquetas y a las puertas. Pocas acciones más fáciles que cambiarse las primeras o hacer girar las segundas. A los de la chaqueta se les aplican apelativos escasamente cariñosos como traidores, tránsfugas u otros más castizos que aluden a su progenitora, pero al final nos olvidamos de su conducta y de su afición por renovar el vestuario. A los segundos se les envidia, son mucho más discretos, en ocasiones traspasan las puertas con tal invisibilidad que ni nos damos cuenta de la maniobra y emprenden una nueva vida sin que volvamos a tener noticias de ellos.

Por aquí cerca, hay dos que están cerca de aplicarse el principio de movilidad laboral, pero es difícil incluirlos en una de las dos categorías explicadas. Chaqueteros no parecen de momento, y tampoco encuadran claramente en el rango giratorio. Tal vez se aproximen más a la subclase de la patada hacia arriba.Y llegado el delicado momento de dar nombres, diré que me refiero a Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. Y ya puestos, añadimos que el salto del primero puede ayudarle a posarse en la presidencia de la Comisión Europea y a la segunda a la Dirección general de la OIT.

Hay, todavía, otro próximo cesante. Uno que vino de Galicia y se aproxima velozmente a la condición de muerto. Ese, ni chaquetero ni giratorio.