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El factor que hará caer al estado del bienestar

Rubén de Diego Martinez

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Empiezo esta reflexión con un ¡Claro, pero si es trivial!

Vivimos bastante bien, inusualmente bien teniendo en cuenta que históricamente solo han podido vivir bien los nobles y la burguesía. Se llegó hace unas decenas de años a ese momento social que han dado en llamar “el estado del bienestar”

Pero hemos llegado solo en el primer mundo. Hay quien dice, yo no lo dudo, que si lo hemos hecho es a costa de explotar precisamente a los países del segundo y tercer mundo en los obviamente no se vive nada bien.

En el momento en el que se analiza, aunque solo sea superficialmente, el estado del bienestar se ve que los que deciden hacia dónde va a evolucionar este, se llega a la conclusión que queda poco de vivir bien, que el estado del bienestar se está desmoronando.

Y tristemente los que deciden hacia dónde va el estado del bienestar no son los gobiernos socialdemócratas que son los que han gestado su existencia. Es el gran capital, al que recientemente se suman con fuerza los señores tecno-feudales, el que decide hacia dónde vamos y de lo que está ocurriendo se infiere que no le gusta que los que menos tenemos vivamos bien.

Sin entrar en detalles, solo hay que observar el incremento del coste de vida en todos los aspectos, pero en especial en los servicios básicos que están dejando de ser públicos para pasar a privatizarse con un único y trivial objetivo: incrementar los beneficios. Lo malo del tema es que el hecho de empobrecer a los sectores que menos tienen ni siquiera se considera. Y dejo caer por aquí, sin más desarrollo, el serio problema de la vivienda.

Para poder mantener la tendencia creciente de beneficios es necesario inhabilitar todo tipo de organización progresista, tanto si está en el poder como si tiene posibilidad de alcanzarlo. ¿No son acaso las ideas progresistas las que impiden que el capital navegue sin control?

Las herramientas para conseguir el ninguneado del progresismo se estudian en los think tanks de la derecha y extrema derecha, bien financiados por el capital y cuyas ideas traen funestas consecuencias para los menos pudientes.

La herramienta protagonista de esta reflexión, siempre latente pero ahora de moda, es usar la inmigración como mecanismo unificador de ideologías.

¿Cómo convencer a un hipotético votante de izquierdas de que el gobierno progresista o que las organizaciones progresistas no defienden adecuadamente sus intereses?

Para el capital todo vale y acudir a los bajos instintos forma parte de su quehacer cotidiano y en este caso utilizar el “miedo, rechazo u odio hacia los extranjeros o personas de otras procedencias, culturas y nacionalidades”, está por encima de ideologías.

Lo que he escrito más arriba no es sino una definición de “xenofobia” que me ha dado la IA de Google y que considero más didáctica que la de la RAE.

La xenofobia la llevamos todos arraigada en nuestro ADN, seas de derechas o de izquierdas. Controlarla es algo que nos hace humanos. Jugar con los miedos no es algo nuevo, va de la mano de sembrar odio y en este caso, además, pulsando instintos básicos de autoprotección.

¡Buen invento para el capital, malo para el ser humano!

Termino esta columna con una pregunta: instalar este tipo de odio es relativamente sencillo ¿habrán valorado los que han decidido pulsar la xenofobia como herramienta para derribar el estado del bienestar las consecuencias de su acción? El odio se instala fácil en las personas, su desinstalación es casi imposible

Y a modo de epílogo quiero hace una sencilla predicción: auguro un gran éxito de convocatoria para la manifa de “los ayuntamientos con Ceuta” en la que lo menos importante es solucionar el problema ceutí, siendo su principal objetivo continuar derribando el estado del bienestar mediante la utilización de esta peligrosa herramienta. Conmigo no contéis, había quedado, previamente a la convocatoria, con mi amigo Santi para jugar al golf.

¡Ah! Y dejo para otra ocasión reflexionar sobre la pregunta ¿Pueden los países del primer mundo evitar sin mecanismos violentos la invasión de los habitantes de segundo y tercer mundo?