Ingenuidad futbolera
Ya sabemos que el gran negocio del fútbol y la política se apoyan y refuerzan mutuamente. Y ese fútbol mayoritariamente profesional de lo que todo el mundo habla ahora es tan poco deporte popular como la fórmula uno es ir a trabajar en cochecito. Jugar con los y las chicos y chicas del barrio es otra cosa muy distinta y muy saludable física- y anímicamente. Y muy distinta del disfrute puramente estético, social, emocional e identitario en las gradas y delante del televisor.
Equipos nacionales/regionales nos prestan una identidad de aficionado EN CONTRA de otros, en una lucha nacional o territorial, como el chauvinismo o nacionalismo extremo, disminuyendo problemas cotidianos de identidad y encima nos proporcionan la viabilidad de expresar emoción masculina legítimamente: En un partido Rangers/Celtic Glasgow o Barça/Real lloramos, odiamos, nos abrazamos y alegramos como no sería posible en la vida cotidiana. Equipos nacionales dando supuesto sentido a la identidad y la lucha nacional/regional, en contra del internacionalismo y la solidaridad, con la contradicción sentido por la derecha: Los equipos ni son representativos de naciones en el sentido nacionalista y racista, pero solamente en el sentido del pasaporte, pero sí son representativos de la población general.
Rusia e Israel han sido excluidos legítimamente por agresión ilegal militar y genocidio de muchos eventos internacionales, pero estamos presenciando la celebración del Mundial en un país que está metido en una agresión ilegal a otro país, amenazando a Cuba y muchos más de sus vecinos y más allá y apoyando al genocida, quien no podría estar perpetrándolo sin este apoyo.
Dobles estándares y/o memoria de pollo, también de este periódico, frente a otra olimpiada de 1936 en Alem......América del norte. 90 años después.