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La justicia lenta

Antonio Bande

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El jurista Piero Calamandrei, uno de los padres de la Constitución italiana de 1948, en su obra “Elogio de los jueces escrito por un abogado” -uno de los retratos más fieles y vigentes de lo que deben ser y cómo deben ejercer la justicia los responsables de llevar a cabo los procesos judiciales- venía a decir que la justicia lenta es como la medicina que llega tarde al enfermo que ya ha muerto.

Dicho de otra forma, la justicia lenta no es justicia, no es útil. Ante los ojos de los ciudadanos se presenta una desproporcionada e inaceptable lentitud en determinados procedimientos judiciales y una celeridad desmedida en otros. Estos días se está juzgando en la Audiencia Nacional la operación Kitchen, unos hechos ocurridos en el año 2013. En otra sala distinta hemos visto como Jordi Pujol, a sus 95 años, tras ser examinado por los médicos forenses, quedaba fuera del proceso sobre la fortuna oculta por la familia en Andorra, debido a su deterioro cognitivo. Al no formar parte ya del proceso el expresidente catalán no afrontará responsabilidad penal ni obtendrá una sentencia absolutoria. La Fiscalía Anticorrupción solicitaba para él una pena de nueve años de prisión, ante la que no podrá defender su presunción de inocencia. Aunque las informaciones sobre los negocios de dudosa licitud del hijo mayor de Jordi Pujol vienen de lejos –se remontan a denuncias políticas en los años 90 que incluso llegaron al Parlament-; el caso arrancó en diciembre de 2012 a raíz de una denuncia de su expareja contra él.

Una denuncia que el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, se negó a estimar en un primer momento y que se vio obligado a considerar por mandato de la sección Tercera de la Sala de lo Penal tras un recurso de la Fiscalía. En el Tribunal Supremo se está desarrollando el juicio del llamado caso mascarillas en el que comparecen Äbalos, Koldo y Aldama. Tres procesos muy mediáticos que juzgan unos hechos nauseabundos que nos deberían avergonzar a todos. No deja de ser llamativo que testigos relevantes con altas responsabilidades tengan tan poca memoria, desconozcan lo que acontecía y nieguen evidencias de cuestiones que hemos escuchado todos a través de grabaciones y mensajes que se han hecho públicos, en los que figuran sus propias conversaciones.

Esa amnesia puede tener que ver con la lejanía de los hechos. Dicen que la distancia es el olvido, como el primer verso de La barca, el bolero de Roberto Cantoral, quizá no sea del todo cierto ese presagio, porque como sigue diciendo la letra “yo no concibo esta razón porque seguiré siendo el cautivo de los caprichos de tu corazón”. Esa situación es difícil que tenga lugar en la política, regida por la máxima “a rey muerto rey puesto” En política no hay vacíos, cuando alguien se va, ese hueco es llenado antes o después en la mayoría de ocasiones por alguien próximo.

Por eso Vintila Horia pone en boca de Ovidio en su novela Dios ha nacido en el exilio “que durante largos meses, he preferido la mentira, la antigua, fiel y familiar mentira, volver a la realidad hubiera sido darme por vencido para dedicar de nuevo mi atención a mi vida tal como la ha querido el destino” Y a la velocidad del caracol camina ese pilar fundamental del estado, con una piel muy fina para unas cosas y trazo grueso para otras. Como decía Horacio pese a que la justicia anda cojeando rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera. Lo que sucede que en nuestro país parece haber muchos Sebastian Sawe que acaba de batir erécordrd mundial de maratón, y mantienen un ritmo realmente inalcanzable, solo apto para unos privilegiados.