Militantes vs. simpatizantes
Érase una vez un partido de izquierdas que convocó a sus militantes y “simpatizantes” a una votación importante para la ciudad. La puerta de la modesta sede del partido se convirtió en un hervidero de señoronas cargadas de collares de perlas y aparatosas pulseras, y de “respetables” caballeros con relojes de oro rematados por banderitas rojigualdas, algunas con la siniestra “gallina” en el centro. Se apeaban del autobús procedente del barrio rico, que esa tarde, para sorpresa de los bienintencionados convocantes, bajaba repleto como nunca.
Pasado el desbarajuste de ver cómo triunfaba el voto quintacolumnista, llegamos a creer ingenuamente que los dirigentes de izquierda habían aprendido la lección, pero héteme aquí que, en Madrid, que está lejos y es diez veces mayor que la ciudad del cuento, no se enteraron del resultado de aquella barbaridad “simpatizante”, lo que probablemente explique la reciente propuesta de permitir votar a cualquiera, insistiendo porfiadamente en la vieja y desenfrenada carrera de la izquierda hacia la inanidad, de la que nos hallamos ya a un paso. No quiero ni pensar en las interminables colas de “fachas” esperando para ejercer su “legítimo” derecho al voto en las primarias de un partido de izquierdas.
Como vivimos tiempos líquidos, casi gaseosos, en los que la distinción entre lo real y lo virtual —lo verdadero y lo falso— va siendo imperceptible, la única solución que se les ocurre es equiparar a militante y simpatizante, lo firme y lo volátil.
Ante la perplejidad y el desánimo que provoca ver a dirigentes de la izquierda chapotear en el ridículo, como simpatizante que soy, propongo que se me permita votar en las elecciones a la presidencia del Athletic de Bilbao; también quiero votar en las tomas de decisión de la comunidad de vecinos de una novia que tuve y de la que sigo siendo simpatizante, y, por qué no, exijo votar en las elecciones generales francesas porque soy francófilo, que es más que simpatizante.
Puesto que unas elecciones sin censo son “un poquito” antidemocráticas, debo suponer que hay un censo de simpatizantes de todo lo anterior, y, si no es así, ya podemos empezar a elaborar censos de todos los posibles grupos de simpatizantes que aún no estén debidamente registrados. ¿Hay voluntarios?