La posverdad sobre el Bellas Artes
Leemos estos días en diarios locales titulares engañosos e informaciones sesgadas que suponen una falta de respeto a la verdad y al patrimonio de Donostia. Un claro ejemplo es la cobertura de la inauguración del establecimiento hostelero: «El Hotel Bellas Artes abre sus puertas tras concluir su rehabilitación» (Donostitik.com); «el edificio mantiene su esencia original, aunque con modificaciones» (Noticias de Gipuzkoa); «El histórico cine Bellas Artes de San Sebastián renace tras mucho tiempo de intensos trabajos de rehabilitación» (El Diario Vasco); o el titular que habla de un «hotel de lujo en un histórico edificio de San Sebastián que abre sus puertas» (Diario de Navarra).
El error más grave que puede cometer un medio de comunicación es la renuncia deliberada a la verdad objetiva. Publicar que el Bellas Artes se ha rehabilitado no es un error de redacción; es una flagrante manipulación de la realidad. Cuando existen resoluciones del Ararteko, informes de Icomos y denuncias policiales que demuestran un derribo encubierto, el silencio del medio se convierte en complicidad. Sustituir los hechos probados por el lenguaje edulcorado de una nota de prensa corporativa es traicionar la confianza del lector y destruir la credibilidad de la cabecera. Un periódico que no fiscaliza la realidad pierde su razón de ser. Lo que ha abierto sus puertas no es un edificio restaurado, es un pastiche arquitectónico levantado sobre el arrasamiento casi total del cine más antiguo de España. La farsa institucional y empresarial sobre este inmueble protegido por el PEPPUC está perfectamente documentada. El Ayuntamiento de Donostia / San Sebastián, gobernado por el EAJ-PNV y el PSE-EE, y la Diputación Foral de Gipuzkoa decidieron ignorar la alerta internacional de Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios de la Unesco), que en sus informes urgentes advertía del valor excepcional del conjunto. En 2016, el propio Ararteko calificó de «procedimiento impropio» la gestión del Ayuntamiento y la Diputación, acusándolos de permitir de forma injustificada el derribo de su cúpula original. Por otro lado, el interior, que albergaba una pieza irremplazable de la historia cinematográfica europea, fue demolido por completo para priorizar el negocio hotelero. Por si semejante patrimonicidio no fuera suficiente, y como destapó la asociación de defensa patrimonial Áncora, ni siquiera se mantuvo la envolvente exterior original: tras lonas opacas, los muros protegidos fueron destruidos a martillazos, dejando en pie únicamente los sillares de piedra arenisca de la base.
Un periódico riguroso no puede blanquear una operación inmobiliaria especulativa y destructiva utilizando eufemismos urbanísticos. Lo del Bellas Artes no ha sido una rehabilitación; ha sido un fachadismo de la peor especie y una pérdida irreparable de nuestra memoria cultural.
Sean valientes, no mientan, no insulten la inteligencia del lector y llamen a las cosas por su nombre: demolición y sustitución por un falso decorado.