Salir para mejorar la salud
Estamos viendo ya como la prolongación del confinamiento causa efectos indeseables muy importantes. Cierto que en el primer mes, de hecho, se ha frenado la expansión de la epidemia, y se ha empezado la curva de bajada: buenas noticias, y necesarias.
Ahora toca gestionar la desescalada del confinamiento.
A mucha gente (a la que le cuesta desarrollar lo que se da en llamar “lectura comprensiva”) parece que se les ha quedado la idea de que esto del virus es como un pecado, que se lavará haciendo la penitencia de quedarse en casa durante un tiempo prolongado. Ya llevamos más de 40 días (con sus noches). Ya está bien.
No, ni el virus ha venido por un pecado nuestro (el no tener medios sanitarios suficientes para abordar su ataque, igual sí), ni se va a lavar por hacer un sacrificio inhumano.
Porque las personas normales necesitamos salir a tomar el aire y el sol, caminar, etc., como medio para potenciar nuestra salud.
El sol nos ayuda a fabricar vitaminas, y si no se toma en exceso, es absolutamente beneficioso, la luz nos ayuda a generar sustancias internas que mejoran nuestro estado de ánimo. No moverse, no salir a la calle, son factores de riesgo para desarrollar ansiedad y/o depresión. Patologías que afectan a lo largo de su vida a un 15-20% de la población, y que en estos tiempos están repuntando (además de que la amenaza invisible del virus no ayuda, precisamente, a darnos tranquilidad).
Caminar, correr, o hacer algún otro ejercicio físico aeróbico, de forma moderada, ayuda a mantener en buen estado de funcionamiento nuestro corazón, nuestros pulmones, nuestro aparato locomotor (si no nos pasamos de ejercicio, claro, pero media horita al día no hace daño a nadie, y sí genera un beneficio científicamente demostrado). A los diabéticos y enfermos de cáncer se les recomienda específicamente que salgan a caminar.
Las personas que necesitan rehabilitar su aparato locomotor por alguna patología, han de hacerlo, so pena de quedar anquilosados.
Nada de esto se está teniendo en cuenta.
La ciencia nos dice que debemos estar a cierta distancia, y protegernos de los virus que emitan otras personas (sobre todo a través de boca y nariz, pero también se puede transmitir el contagio por manos que antes hayan estado en contacto con boca/nariz o superficies infectadas).
Pues bien, ahí está la penitencia que hay que hacer para librarnos del virus: evitar contagiar o contagiarnos, mediante medidas de protección de las fuentes transmisoras/receptoras (casi siempre vías respiratorias, o manos como intermediarias; un estornudo con virus que llegue a nuestros ojos tampoco es deseable: gafas o pantallas en zonas con aglomeración de gente son recomendables).
Lo que no es de recibo es generar estrés individual y social, impedir acciones que son saludables y mantienen al organismo más fuerte en caso de infección respiratoria.
Que el confinamiento no puede retirarse de golpe, al completo, y sin más, es algo que casi todo el mundo puede entender. Que los espectáculos multitudinarios tendrán que esperar un tiempecito, también.
Que no se permita a las personas pasear, correr, montar en bici, ir al campo o la montaña, etc., en solitario, no sólo no ayuda, sino que perjudica, y mucho, la salud.
Vamos a una nueva epidemia de patologías causadas por el confinamiento. Caderas que habría que rehabilitar y se anquilosan. Personas mayores con capacidad para caminar que, después del confinamiento, la habrán perdido casi totalmente.
Depresión y ansiedad agravadas, o iniciadas en personas previamente sanas; empeoramiento de los trastornos por estrés postraumático. Conflictos interpersonales que generan malestar, problemas, y patología secundariamente, por la convivencia prolongada en zonas pequeñas y en situación de estrés.
¡Basta ya!
Esta situación se va a prolongar, pasará bastante tiempo en que deberemos basar el mantenimiento de nuestra salud en el distanciamiento social. Bien, hasta ahí, tendremos que asumirlo por el bien de todos. Pero distanciamiento no quiere decir inmovilidad.
El gobierno debe permitir a las personas mayores (y no tan mayores) caminar un rato diariamente, y a quien quiera y pueda hacer ejercicio, hacerlo en solitario, de forma moderada, y guardando las distancias. Lo contrario es hacer daño a la salud de las personas. Así de claro y así de simple.