La extraña vuelta al cole en Ceuta: “Mi hijo irá a clase aunque sea solo, no entiendo el pánico colectivo”
Las notificaciones se acumulan en los grupos de mensajería donde muchas familias ceutíes reciben mensajes del colegio de sus hijos. Al chat de Salma llegan mensajes de padres y madres preocupados por el nuevo curso de sus hijos tras la crisis migratoria. Algunos dicen temer que algo les pase en su camino a la escuela, por la presencia de migrantes en situación irregular en las calles ante la falta de una respuesta de acogida rápida por parte del Gobierno central y el local. Otras familias ya han comunicado que no llevarán a sus niños a clase, pero Salma lee los mensajes con sorpresa, cuando ya casi tiene preparada la mochila de su niño para la vuelta al cole el próximo martes 8 de septiembre.
En la barriada del Príncipe, una de las que más ha notado la presencia de personas durmiendo a la intemperie y donde se están produciendo algunos ataques nocturnos de grupos de vecinos contra migrantes o entre ellos, la mujer asoma la cabeza a través de la puerta de su casa y evidencia su incomprensión ante el ambiente de pánico que percibe a su alrededor. “No pienso dejarle en casa. No sé si seré la única que le lleve, pero no entiendo ese pánico. Es solo ir a la escuela, y allí está con los profesores. Hasta han puesto seguridad. Ni que les fueran a matar”, dice la mujer, frente a un grupo de jóvenes migrantes que pasan las horas delante de su vivienda.
Su posición no es la de muchos de los vecinos de Ceuta que, incluso viviendo en zonas sin asentamientos de migrantes y sin apenas presencia de estos por las calles —porque durante estas semanas la policía les ha presionado o forzado para expulsarlos de determinadas áreas y concentrado en otras zonas más empobrecidas—, expresan una mayor preocupación por la incorporación de sus hijos al colegio o instituto, especialmente por su sensación de inseguridad ligada a la inmigración.
El inicio del curso escolar en Ceuta llega en un contexto complejo, con la ciudad en crisis humanitaria, con miles de personas en situación de calle tras la llegada de más de 70.000 migrantes y una lenta respuesta a la emergencia por parte de las instituciones. Los niños ceutíes retoman la escuela después de que algunos de sus centros educativos —también en las zonas de menos renta de la ciudad— hayan sido utilizados para alojar a personas migrantes, o cuyos alrededores aún mantienen pequeños asentamientos de los adultos y menores que aún esperan una plaza de acogida por parte del Gobierno central y local.
El plan: vigilancia privada 24 horas y flexibilidad
Volver a clase esta semana ha requerido un plan de urgencia. Desde el Ministerio de Educación, que tiene las competencias educativas en las ciudades autónomas, han realizado un plan de acción en las últimas semanas con el objetivo de asegurar un regreso a las aulas en circunstancias de seguridad. “Estamos en condiciones de garantizar que los colegios son un espacio seguro y el profesorado va a poder desempeñar su trabajo”, explica Cristóbal Guzmán a elDiario.es, director provincial del Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFPD). Los centros que sirvieron de albergue provisional para cientos de menores fueron desalojados el 17 de agosto y sometidos a desinfecciones extraordinarias antes del inicio del curso.
En una apacible terraza del centro de la ciudad, una familia desayuna en la zona más céntrica y con mayor renta de ciudad. En el área amurallada y sus alrededores, apenas se perciben ya los efectos de la llegada de más de 70.000 personas en el mes de julio. “Tenemos mucho miedo, no vamos a dejar que vaya sola al colegio, porque a veces a esa hora aún está oscuro. Nos da miedo que le hagan algo. Yo les miro la cara y me genera cosas horribles”, explica uno de sus miembros. Reconocen que nunca les han hecho nada. Tampoco ninguno de ellos ha presenciado un hecho delictivo de los recién llegados, solo han oído rumores del boca a boca, pero su sensación al verlos por las calles es de inseguridad.
“Por si acaso, mi hija no baja por la noche desde finales de julio. Prefiero no arriesgarme”, explica una madre ceutí. Este miedo, trasladado por varias familias residentes en el centro de la ciudad, choca con la tranquilidad que reina en la zona amurallada en comparación con otras áreas que sí concentran a la mayoría de población migrante. “Está más tranquilo, pero yo solo de ver a uno de ellos me pongo nerviosa”, dice otra vecina residente en este punto de la localidad.
María (nombre ficticio) es una de las personas presentes en una de las manifestaciones celebradas en Ceuta contra la creación de un campamento de migrantes en el puerto de la ciudad para acogerlos, identificarlos y sacarlos de las calles -donde pueden generar en la población local esa sensación de inseguridad-. Enfadada al ver varias tiendas ya levantadas por el Gobierno central pese a la negativa del Ejecutivo local, después de una hora de gritos contra la gestión gubernamental y envuelta en su bandera de España, la señora volvía a casa refunfuñando: “Pues ahora sí que no le voy a llevar al colegio. Se queda en casa”.
En la zona de Lomo Colmenar, donde se encuentra uno de los centros provisionales del Gobierno central para acoger y filiar a los migrantes, la preocupación es mayor. En este punto pernoctan muchas personas a las puertas del campamento, con la intención de conseguir una plaza en su interior. Su permanencia en la calle en condiciones precarias que rozan la insalubridad, porque no tienen otro lugar donde estar, genera problemas de convivencia. Melka tiene 16 años y reconoce tener cierto temor a ir sola al instituto. Su padre, a su lado, dice que hasta que estas personas estén bajo techo la llevará al centro educativo. De nuevo, admiten que nunca han tenido problema directo con ellos, pero temen tenerlos y aplican precauciones de antemano.
Plan de Educación
Ante esta sensación de inseguridad generalizada, el Ministerio ha desplegado un conjunto de actuaciones para reducir la preocupación generalizada de las familias. Mientras Educación aprobó la creación de un “vallado perimetral” para los cinco centros más afectados, estos aún no han podido crearse debido a los plazos de tramitación. Hasta su instalación, se ha optado por contratar vigilancia privada dentro de los centros educativos 24 horas al día durante todos los días de la semana. La medida lleva operativa desde el 1 de septiembre.
También se ha diseñado “un plan psicosocial” para acompañar al alumnado y al profesorado “después del mes que llevamos en la ciudad, donde algunos alumnos no han salido o lo han hecho acompañados de sus familias”. De forma complementaria, el Secretario de Estado de Educación y de Formación Profesional han aprobado un paquete de medidas específicas y de flexibilización curricular para adaptar la docencia a la situación cambiante de la ciudad.
El clima de preocupación entre las familias y la comunidad escolar no se sitúa tanto en el interior de los colegios como en el entorno urbano y las inmediaciones de las instalaciones. La FAMPA y el Foro de la Educación han trasladado como principal inquietud los pequeños asentamientos que persisten en algunas zonas y en la seguridad en la calle. En este sentido, la Dirección Provincial de Educación ha mantenido contactos con la Comisión Local de Seguridad y los Mandos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para coordinar dispositivos de vigilancia en las proximidades de los centros, además de dar respuesta a peticiones concretas como la implantación de aulas matinales en secundaria para facilitar una llegada acompañada y resguardada del alumnado.
Aunque tenga cierto recelo a acudir al instituto, Melka irá el próximo lunes. “Hay que seguir formándose y, aunque no haya normalidad, hay que continuar”, dice la joven. En el Príncipe, Salma defiende que el temor de sus vecinos responde a prejuicios y que, si hablasen con ellos, actuarían de forma más natural. “Sé que son muchos, pero son personas normales. Puede haber alguien malo, pero la mayoría de cosas que dicen son mentira”.