CRÓNICA
Feijóo comete el error de anunciar lo que hará en Moncloa con las bajas médicas
La puntería de Alberto Núñez Feijóo a la hora de dispararse en el pie es extraordinaria. Es posible detectar que ha acertado en el tiro de dos formas. Al aparecer sus declaraciones, alguien aprieta el botón del pánico en la sede de Génova y varios dirigentes se apresuran a lanzarse a Twitter para decir que le han malinterpretado o que el Gobierno es peor. La segunda vía es enviar a alguien a dar la cara en las entrevistas en radio y televisión al día siguiente con la misión de explicar qué es lo que ha dicho el jefe. Lo primero es fácil. Solo hay que soltar un hachazo al Gobierno. Lo segundo es más complicado.
Feijóo celebró el martes un acto a puerta cerrada en Bilbao en el Círculo de Empresarios Vascos. Otro intento más para congraciarse con el mundo de la empresa en Euskadi y conseguir que le ayude a restar votos al PNV. En su discurso, que el partido difundió después a los medios, afrontaba el tema del absentismo laboral con un mensaje claro: “Esto es un cáncer que no podemos parar”. Se ocupará de ello cuando llegue al Gobierno para que los trabajadores cobren menos durante esas bajas. Promoverá negociaciones entre patronal y sindicatos, pero sin mucho interés, porque impondrá una reforma si no sale de ahí un acuerdo. Esto ya lo hizo el Gobierno de Rajoy en 2012 cuando puso en marcha su reforma laboral.
El líder del PP trazó un panorama tenebroso sobre el impacto de las bajas por enfermedad o incapacidad. “Si la Administración Pública considera que un ciudadano puede darse de baja y no ir a trabajar sin justificación, y sigue teniendo el mismo sueldo y las mismas prestaciones, pues entonces pasa lo que ocurre”. No ocurre eso, porque la situación que planteó es falsa. Según su descripción, los trabajadores dejan de ir a trabajar cuando les apetece y cobran lo mismo.
Tanto hablar de la prioridad nacional y resulta que Feijóo realizó un ataque directo a los trabajadores –en su gran mayoría, españoles de origen– a los que prácticamente acusó de ser unos vagos. Viniendo de algún gobernante del norte de Europa, como ocurrió en la Gran Recesión desde 2010, podría ser una reacción previsible. Además de una manipulación, porque en España y los demás países del Sur, se trabajan más horas que en el norte. Que un político que aspira a ganar las elecciones en España apueste por un mensaje similar contribuye a dudar sobre la calidad de su estrategia.
A falta de buenas noticias en otros temas, Pedro Sánchez no desaprovechó la oportunidad que le brindó su rival: “Nosotros estamos del lado de quienes madrugan, trabajan y merecen protección cuando la salud les falla. Los derechos no se recortan. Se defienden”. El PP prefirió ir al ataque y destacó el supuesto absentismo de su hermano en Badajoz que no sólo no quedó probado en el juicio, sino que fue desmentido por varios testigos.
El representante al que el PP envió a bregarse a tres televisiones fue Juan Bravo. El hombre hizo lo que pudo. Eso no se le puede negar. Su explicación sobre las bajas laborales fue confusa, pero hay que aceptar que las cartas con las que contaba eran muy malas. Dijo que el Gobierno debería negociar sobre este asunto con los agentes sociales, pero no supo dar una propuesta concreta. Y eso que las preguntas no fueron muy duras. Lo suyo era ofrecer hipótesis muy poco reales. “Nadie duda de que si alguien no va a trabajar por causas no justificadas no debe cobrar todo el sueldo”, dijo en un ejemplo clásico de falacia del hombre de paja cuando se plantean situaciones que nadie defiende. Sin entrar en esa triple negación que hacía aún más difícil entenderle.
Para intentar reflejar que el fraude es generalizado, Bravo, al igual que otros diputados del PP, destacó que “las bajas de los lunes son el doble que las de los viernes”. En otras ocasiones, han dicho que las bajas de los viernes y los lunes son el 40% o la mitad de las de toda la semana. Otra forma de afirmar que los trabajadores son unos vagos que quieren ampliar el descanso del fin de semana. Dos de cada cinco días laborales son exactamente el 40% de todos. Nadie les ha dicho que los médicos de cabecera no trabajan el sábado y el domingo –otro ejemplo del insostenible Estado de bienestar–, y no pueden conceder bajas esos días, con lo que se tramitan el lunes.
Nadie defiende la existencia de un fraude. Lo que ocurre con el PP es que no manifiesta el mismo interés por otros fraudes. El caso más flagrante es el de las horas extra, del que no suele hablar Feijóo, porque eso supondría poner el punto de mira en las empresas.
Veamos algunos ejemplos de los últimos meses. El Supremo rechaza que las horas extra puedan compensarse con un plus de disponibilidad. Más de 50 escuelas de Catalunya no harán excursiones ni viajes como protesta laboral: “Son horas extra no pagadas”. Los sindicatos llevan a los tribunales a Alimerka por el exceso de jornada de miles de trabajadores en Asturias. CSIF recuerda a la Junta de Extremadura que ha incumplido el pago de los atrasos y las horas extra a las enfermeras de las residencias. La OIT pide a España que reduzca la jornada laboral diaria y pague más las horas extra. Pepe Álvarez recuerda a la patronal las horas extra que “roban a los trabajadores”: “Ya que hablan de regalo, son 2.300 millones de euros al año”. España es de los países europeos que menos paga por las horas extra. La lista es interminable.
El caso es que el número de horas extra pagadas ha aumentado, aunque el problema afecta todavía a 400.000 empleados, según cálculos de CCOO. Y ha crecido en los últimos años gracias tanto a la presión del Gobierno y las reformas sobre el registro horario como al crecimiento de la economía.
Es un hecho que el número de bajas laborales se ha incrementado en España y el resto de Europa en los últimos años. Cada día, más de 1.600.000 personas no acuden a su puesto de trabajo. La mayoría (1.240.138) es por baja médica o incapacidad temporal. Se dice que es un récord histórico, pero también lo es el del número de trabajadores. Son ahora 22,4 millones de afiliados a la Seguridad Social y eran 19 millones en 2018. El problema de fondo continúa siendo el sistema sanitario.
La influencia de la pandemia es indudable por su impacto en la salud mental de los españoles y el impacto en el sistema sanitario. Las listas de espera en la Atención Primaria y en las consultas con especialistas continúan lastrando todo el proceso de bajas y altas médicas. Eso forma parte de las competencias de las comunidades autónomas y el PP prefiere pasar por encima de eso en este contexto. “Si se reduce la calidad de la atención médica, esto afecta a los tiempos de recuperación de la enfermedad, a las bajas y a los costes de las empresas”, ha dicho Unai Sordo, secretario general de CCOO.
Sobre si las empresas se ven perjudicadas de forma desproporcionada por las bajas médicas, veamos esta noticia de hace solo unas semanas: “España, entre los países de la UE que menos días de baja cargan a las empresas: 12 días frente a 30 en Bélgica, 42 en Alemania o hasta dos años en Países Bajos”. La publicó El Mundo con datos de Eurostat, así que Susanna Griso no podrá decir, como hizo el miércoles en Antena 3, que es otro ejemplo de cómo “la sincronizada ha salido a responder” a las palabras de Feijóo.
Los sindicatos se apresuraron a desmentir las declaraciones de Feijóo y Bravo: “No es verdad que en España se pueda coger la baja sin justificar”. Ni que se cobre todo el sueldo desde el primer día, como dijo Feijóo. “Cuando se está de baja por una contingencia común, los tres primeros días no se cobran. Del día cuarto al 20º se cobra el 60% y a partir del 20º se cobra el 75% de la base reguladora”, explicó Unai Sordo. Cuando se cobra más es porque los complementos que permiten cobrar el salario íntegro están pactados en los convenios colectivos, que se supone que la patronal no quiere prohibir, porque son las empresas las que los han negociado.
Los diputados del Congreso, como los del PP que salieron a apoyar a Feijóo, cobran el cien por cien del sueldo desde el primer día.
En Alemania, el Gobierno del conservador Friedrich Merz también pretende reducir el coste que las bajas médicas suponen para las empresas. Incluso lo considera una de las principales causas del estancamiento económico del país, lo que ya exige un fuerte esfuerzo de la imaginación. Algunos de sus dirigentes creen que los trabajadores que piden una baja no están realmente enfermos.
También quieren aumentar la edad de jubilación hasta los 70 años. Llegará el momento en que algunos políticos aspiren a que los trabajadores sigan en el tajo hasta esa edad y que no aumenten las bajas médicas a causa del envejecimiento de la población laboral.
Quizá lo que ocurra en Alemania sea un aviso. Puede que Feijóo haya sido especialmente torpe al plantear el tema o que esté anunciando al electorado lo que ocurrirá si llega a Moncloa. No resulta muy inteligente descartar la última opción.