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Entrevista Directores de 'Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo'

Jon Sistiaga y Juanjo López: “Aznar permitió contactos indirectos para intentar que ETA no asesinara a Miguel Ángel Blanco”

Iñigo Aduriz

3 de julio de 2026 21:34 h

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Esta historia comenzó el 10 de julio de 1997 y concluyó dos días después, el 12 de julio. La banda terrorista ETA secuestró en Ermua a un joven concejal de la localidad vizcaína, Miguel Ángel Blanco, y lanzó una amenaza: si el Gobierno entonces en manos de José María Aznar no acercaba a los presos de la banda a cárceles del País Vasco, Blanco sería asesinado. Y así ocurrió. Pasadas las 16.30 de aquel 12 de julio de hace 29 años el joven político apareció en Lasarte con dos disparos en la cabeza. Murió en unas horas.

Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo, el documental que Netflix estrena el próximo viernes, 10 de julio, narra esos dos días que revolucionaron a la sociedad vasca. Hubo muchos hitos, pero el principal fue la movilización ciudadana sin precedentes rogando e incluso suplicando a los terroristas que no mataran al edil del PP. Los manifestantes no consiguieron salvar la vida del concejal, pero sí lograron que empezara a remitir el miedo en el que quienes apoyaban a ETA habían inmerso a los vascos que no respaldaban la violencia durante 40 años.

Jon Sistiaga y Juanjo López, directores del documental, se pasaron por la redacción de elDiario.es para explicar su trabajo, que cuenta con numerosos testimonios, desde los amigos de Miguel Ángel Blanco y su hermana hasta Aznar; el entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja; y el ahora rey, Felipe VI, que en 1997, cuando aún era príncipe, se desplazó hasta Ermua para solidarizarse con el pueblo.

Quería comenzar como empieza el documental: recuerdo perfectamente dónde estaba cuando murió Miguel Ángel. Yo tenía 12 años, estaba en la casa de mis aitonas en Oiartzun y recuerdo un grito terrible de mi amona. ¿Cómo creéis que nos ha marcado a las personas que vivimos ese momento y que nos acordamos de esto?

Jon Sistiaga: Ese grito de tu amona fue el de la mía, el de mi madre, el de todas las madres y el de todos los que tenemos un recuerdo y que estábamos allí. Fíjate que yo estaba allí y lo mío fue más una desolación de decir: “¡Joder, qué hijos de puta, se lo han cargado!”. Pero el resto de Euskadi creo que se acuerda perfectamente de dónde estaba en el arranque del secuestro y, sobre todo, en el final. Porque era una cuenta atrás y aunque era un sábado tórrido de julio, aunque estuvieras en la playa... Cuánta gente nos ha dicho: “Tengo la sensación de que la playa se quedó en silencio”. Hay muy pocas veces, quizá un 11M o un 11S, en que te acuerdas perfectamente de dónde estabas.

Juanjo López: Hay noticias que pasan durante esas 48 horas de las que te acuerdas perfectamente dónde estabas: el momento en el que le secuestran, hay gente que nos ha dicho era la primera manifestación a la que fue y otra, que se acordaba de las vigilias. Por un lado, estamos los que nos acordamos perfectamente y luego los que están con los ojos así como dos lavadoras vacías [hace el gesto] pensando: ¿pero esto pasó?

Sistiaga: Había gente que estaba viendo el Tour [de Francia] y escuchando la radio a la vez. Y no sé si ha vuelto a pasar, pero las televisiones, justo antes de las cuatro de la tarde, se fueron todas a negro durante un minuto con un cartel que decía: “Miguel Ángel, te esperamos”.

En cambio, tú, Jon, eras optimista. Pensabas que la movilización ciudadana vasca iba a tener algún tipo de reacción en ETA y no la tuvo.

Sistiaga: Todo el entorno abertzale y cercano a los colectivos de refugiados que yo controlaba era muy pesimista. Yo de alguna manera empezaba a ver que algo había cambiado en aquellas 48 horas y que ETA había cometido un fallo de estrategia como organización que se dedica a utilizar la violencia y no había medido el impacto emocional que estaba teniendo esa acción que ellos habían pensado como impactante para el Gobierno. Y se les estaba yendo de las manos. De alguna manera pensaba que incluso el propio comando tendría la autonomía necesaria como para decir: “Aunque no podemos contactar con la dirección, seguro que la dirección va a pensar que efectivamente no hay que hacerlo y le vamos a meter un tiro en la rodilla”.

Pero no, porque no era un comando que fuese a reflexionar, sino que en el documental se habla de que eran matones.

López: Cuando hemos hablado con las fuerzas de seguridad todos nos decían lo mismo, que la “mala suerte” es que [el secuestro de Blanco] recae en [Francisco Javier García Gaztelu] Txapote, que era un psicópata. Y era alguien que no se iba a dejar llevar por esa especie de corriente o presión de la gente que por primera vez dice “hasta aquí. Basta”. Sobre todo la gente de Euskadi, con Carlos Totorika a los mandos como alcalde de Ermua. Es la primera vez que dicen 'no, ya no vamos a callar, vamos a salir a la calle, vamos a presionar'. Pero es que cae en manos de uno de los peores.

Sistiaga: Todo era nuevo. En aquellas 48 improvisamos todos. Los periodistas, que muchos nos rompimos. Hubo periodistas que se pusieron a llorar en directo.

Es el caso de Verónica Elorza, de Televisión Española.

Sistiaga: Por ejemplo, pero muchos más, incluso los que llamamos plumillas [profesionales de los medios escritos], que no tenían una cámara que les estuviera mirando, y operadores de cámara que dejaron de grabar porque no podían más o que dejaron las cámaras y se pusieron de rodillas con las manos en la nuca también a gritar. Es decir, estábamos todos improvisando qué estaba ocurriendo. Entonces, elucubrar sobre si lo iban a hacer o no era lícito y lo podíamos hacer todos. Ya no hacía falta ser experto en ETA o del País Vasco, de la Gipuzkoa más o menos profunda. Todo podía ocurrir. Lo que no sabíamos es exactamente quién lo tenía. Porque si llega a caer en otro comando, a lo mejor sí que hubiera sido permeable a esa sensación.

No pretendo enmendar el titular del documental, pero decís que esas 48 horas lo cambiaron todo. Durante 15 años más, ETA estuvo matando. ¿Qué cambiaron esas 48 horas?

López: Cambian algo muy importante, que es que la sociedad vasca perdió el miedo.

Sistiaga: Se perdió el miedo y la sensación de que las cosas eran así y llevaban siendo así 40 años e íbamos a seguir pasándolo de esa manera. Se perdió la sensación de que la calle era solamente de una pequeña parte de los vascos que votaban a HB o que eran más afines a la violencia terrorista. Se aprendió a mirar a la gente a la cara y decirles: “Os estáis pasando, os habéis pasado tres pueblos”. Pero sobre todo se perdió el miedo dentro de la propia comunidad de votantes abertzales de poder decir: “Joder, nos estamos pasando”.

Está el ejemplo de Patxi Zabaleta, que es verdad que antes también se había pronunciado en contra de la violencia. El secuestro y el asesinato de Miguel Ángel Blanco, ¿fue el inicio del fin del terrorismo o fue quizás el principio de la deslegitimación de ETA?

Sistiaga: Ambas cosas son iguales. El principio del fin empieza por deslegitimar la violencia terrorista y, sobre todo, por quitar el miedo a poder decirlo en alto. Prácticamente un año después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, ETA decreta una tregua porque tiene que repensarse a sí misma entera, porque sus propios cuadros dirigentes no acaban de valorar si lo que han hecho ha sido bueno o malo para los fines de la banda y porque su propio entorno de apoyo les está criticando. ¿ETA se podía haber acabado el año siguiente? Sí, si las negociaciones que se iniciaron en el año 1999 hubieran llegado a buen puerto. Al final, ETA decretó el fin de la tregua y se produjo una nueva oleada de atentados muy bestia. Pero al final era el canto del cisne, porque ya no tenían apoyo ni entre sus propias filas. Así que llamémosle el principio del fin aunque fue una lenta agonía y sesenta y tantos muertos. Sí. Llamémosle el inicio de la de la ofensiva ciudadana de poner pie en pared y decir: “ya está bien”. Los que éramos de allí pudimos mirar a la cara a alguna gente a la que antes no nos atrevíamos porque luego igual tenías una pintada o tenías que mirar debajo del coche y decirle: “ya está, se acabó”.

En aquellos días se produjeron algunos hitos: la movilización ciudadana, la presencia del ahora rey en Ermua o el momento en el que hay una manifestación frente a la sede de Herri Batasuna en la calle Urbieta de Donostia y los ertzainas se quitan el pasamontañas. No sé si fue un momento de euforia del que luego la gente quizá se pudo arrepentir porque el terrorismo siguió adelante o si la gente se sintió más segura a partir de ese momento.

López: El propio Imanol [uno de los ertzainas que aparece en el documental] dice: “En ese momento pensé que me iba a caer un paquete”.

Sistiaga: Sí, dice: “Me van a meter un expediente por quitarme el verduguillo”. ETA ya había matado a siete u ocho ertzainas y luego fueron asesinados unos cuantos más. Pero sí es de esos momentos que los que tienen una cierta edad recuerdan también perfectamente por la emocionalidad que se transmitió. Una policía vasca que está defendiendo la sede de los que apoyan a los que les asesinan. ¿Todo muy loco, no? Pero están cumpliendo su labor de policía del pueblo, que es defender a los que en ese momento están siendo acosados. ¿Cómo rompió ese momento de tensión que podía haber estallado de cualquier manera, quemando la sede abrasando a los de dentro, la Ertzaintza atacando a los manifestantes para tratar de pararlos? Quitándose el verduguillo y diciendo: “Voy a dar mi cara”. ¿Y qué ocurrió? Que hubo un momento de catarsis, que es uno de esos momentos que históricamente tiene una importancia y que luego ha trascendido porque logró parar a la masa.

Totorika puso a andar a los vecinos de Ermua.

López: Sí, a ver si les cansaba.

Sistiaga: Exacto.

Una compañera de Vocento, Lourdes Pérez, recuerda en el documental cómo en aquella época en Euskadi unos señalaban, los famosos chivatos, ETA ejecutaba y luego había quien lo justificaba y lo amparaba. ¿Qué ha sido de esa gente? ¿Creéis que han hecho el trabajo suficiente?

Sistiaga: Uno de los fines de este documental era no solo traer otra vez una historia que ocurrió hace 29 años y que se ha olvidado, sino volver a hacer recordar a generaciones que no lo vivieron que esta historia fue muy potente, ocurrió en un momento determinado y cambió muchas cosas, pero que también explica cómo somos ahora. Porque esta historia no se cuenta en los libros de la EBAU. Por primera vez en la PAU del País Vasco han entrado los años 80, los años de plomo, y estamos en el 2026. Es decir, no se cuenta nuestro pasado de acoso terrorista y creíamos que este documental iba a servir para explicar unas cuantas cosas. Pero también hay otro mensaje. Muchos se fueron de rositas y otros no han hecho el tránsito ético de decir: “Hostias, ¿cómo pude yo apoyar esto?” Tengo esa pequeña satisfacción de pensar que desde el sofá mucha gente que estaba en el lado equivocado en ese momento, con sus ideas políticas legítimas, pero que no era capaz de saltar ese silencio, de dejar de apoyar [la violencia] a través del partido que además sostenía a la organización terrorista, diga: “¡Joder, tío, que nos pasamos tres pueblos!”

Generar un poquito de incomodidad, ¿no?

Sistiaga: Mucha gente ha hecho el tránsito, pero algunos no. Todavía le falta a la dirección actual de Sortu decir lo de verdad: “Todo aquello fue una mierda, lo apoyamos y nos sentimos fatal. Lo sentimos”.

López: Es verdad que hemos estado con gente que sí ha hecho ese tránsito.

Sistiaga: Claro que los hay, hay muchos. Pero, a ver, que lo veas desde tu casa en Netflix, sepas que lo tiene todo el mundo y pensar: “Quería salir en una manifestación, pero yo no podía”.

López: O a lo mejor conseguimos que esa persona que esté al lado, que sea alguien joven, esté sentada con su ama o su aita y le diga: “¿Pero, y tú, dónde estabas?” Y se provoque una conversación que puede ser incómoda. Eso es lo que nos gusta de este documental.

En esas 48 horas, ¿hubo algún contacto entre el Gobierno de José María Aznar y ETA o el entorno de ETA para intentar parar el asesinato de Miguel Ángel Blanco?

Sistiaga: Se permitieron contactos indirectos. Una de las exclusivas del documental es que el Gobierno de José María Aznar estaba al tanto de que había algunas personas que intentaron acercarse a la organización terrorista ETA y que no actuaban en nombre del Gobierno, ni de parte del Gobierno, ni estaban autorizadas a hacer ninguna propuesta oficial por parte del Gobierno. Pero que si llegaban a buen puerto, pues estupendo, porque salvaban una vida. Es decir, el Gobierno lo tenía muy claro: no iba a negociar bajo chantaje con una organización terrorista. ¿Qué significa eso? Miguel Ángel Blanco Garrido está muerto. Ahora, si hay alguien que quiera hacer algo –el Papa, el Premio Nobel de la Paz Pérez Esquivel que habla con Antxon en la República Dominicana– o si alguien tiene que entrar en una cárcel bueno, pues se hacía alguna gestión para que entre en la cárcel. Pero no es su gestión.

En Euskadi, la mayor parte de los jóvenes no saben muy bien qué ocurrió en los años del terrorismo según varias encuestas y muchos adultos han tirado para adelante y quizás esto lo han aparcado. ¿Es una manera de supervivencia?

Sistiaga: Es una manera de supervivencia sobre todo para aquellos que estaban en el lado oscuro. Pero sí es verdad que en Euskadi desde hace años se ha instalado una especie de dulce amnesia que es beneficiosa para todo el mundo, porque pasas página enseguida, porque los que no podían salir a potear por 'lo viejo' porque llevaban escolta desde hacía 15 o 20 años, pueden ir a tomar algo, porque los que siempre votaron por opciones no nacionalistas sienten que ha llegado su momento de poder salir a la calle tranquilamente. Pero sobre todo para que aquellos que sí que apoyaron la violencia esa dulce amnesia de todos, hace que puedan seguir saliendo a la calle sin que le digas: “tío, pide perdón, macho, que me pusiste una pintada en la puerta hace 20 años y que eso significaba el inicio de una estigmatización que menos mal que acabasteis con todo, pero podía luego acabar en un bombazo”. Esa dulce amnesia que se ha instalado en toda la comunidad hace que los padres no le hayan contado nada a sus hijos, ni los más abertzales, ni los más proetarras, ni los menos nacionalistas. Nadie ha hablado.

¿Y creéis que es un riesgo el hecho de que no se haya hablado?

Sistiaga: Claro. Este documental es porque existe ese riesgo. La ventaja de contarlo en una plataforma como Netflix es que llegas a todo dios, pero además lo contamos casi en un formato thriller. Así que las nuevas generaciones que tienen esa visión tan sincopada de ver las cosas, que digan: “uy, me quedo a ver qué está pasando, a ver si es un thriller vertiginoso”.

Dentro de la moda del true crime.

Sistiaga: Sí, pero en serio. O sea, sin florituras, sin dramatizaciones que no existen ni nada. Te vamos a contar todo porque es que además pasó en 48 horas. Solo tengo que empezar desde el principio y hacer la cuenta atrás.

López: Claro que es peligroso que esto no se sepa. Creo que es necesario saberlo. Y, de hecho, la forma de contarlo ha sido muy desde la piel.

Según un último estudio, un 60% de los jóvenes vascos no recordaba el nombre de una sola víctima de ETA y más de la mitad no había escuchado nunca el testimonio de una de ellas.

Sistiaga: ¿Qué pasa ahí? O sea, ¿qué nos está pasando como país? No solo a Euskadi, sino también al resto del Estado. ¿Cómo es que no sabemos nuestra historia reciente? ¿Sabemos cuántos goles ha metido Messi en un Mundial y no sabemos cuántas víctimas ha habido en este país por violencia terrorista? Algo estamos haciendo mal. Por mucho que vengan en el temario, al final en los colegios no se llega nunca a la Transición, los años de plomo, los atentados de ETA o el cese de la violencia terrorista. Y de estos polvos vienen algunos lodos.

Unos lodos son, por ejemplo, que en la sede del Parlamento se siga utilizando a ETA como arma para atacar al adversario.

Sistiaga: Es escandaloso que se siga hablando de ETA para atacar al adversario político. ETA dejó de matar hace 15 años y se disolvió hace 8. Y no existe gracias a la enorme labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que acabaron con esa organización terrorista y a que la sociedad hizo frente a los que apoyaban a los terroristas. Este documental enseña que ETA empezó a desaparecer en 1997 y desapareció por completo hace ya casi diez años.

Entrevista completa a Jon Sistiaga y Juanjo López:

Vídeo: Alejandro Corral