El pasado verano, cuando el bloqueo en la formación del Gobierno comenzaba a hacerse irreversible, la dirección del Partido Popular fiaba su hipotética victoria en unas futuras elecciones generales a tres condiciones: que se disipara el miedo a Vox entre los votantes de la derecha, que surgiera un tercer partido en la izquierda como Más País que dividiera el voto progresista y la desmovilización del electorado por el hastío con la parálisis política.