La necrópolis andalusí descubierta en la Macarena se convierte en lugar de memoria para la comunidad musulmana
El paso veloz del metro tropezó hace unas semanas con el pasado andalusí de Sevilla. Las obras del tercer tramo de la línea 3 norte están abiertas en canal bajo la lluvia que arrecia sobre la capital hispalense mientras un equipo arqueológico trabaja a destajo para impedir que se deterioren las fosas funerarias de la época medieval. Durante unos minutos, las vallas del recinto se abren, se quitan las mallas verdosas y en el borde terroso de la avenida Doctor Fedriani de la Macarena confluye un grupo de la comunidad musulmana que ora por las personas que fueron enterradas hace siglos en el complejo.
“Es un evento muy bonito en el que hemos reconectado con las personas que están enterradas y, sobre todo, ofrecemos ese momento de dignidad, porque sabemos que sus restos se desplazarán a otro lugar”, manifestó Mohammad Idrissi Alcaraz. El rector de la Universidad Islámica de España Al-Andalusia congregó a una decena de personas en un acto “muy especial” y lleno de simbología: la constatación de la presencia andalusí en el territorio frente al contexto actual que rodea a la comunidad musulmana, como refirió el religioso, “pese a la islamofobia, se demuestra que podemos convivir y, muy probablemente, estos musulmanes participaran durante la época almohade en la construcción de La Giralda, la Torre del Oro o la muralla”.
Durante unos minutos, lo único que se escuchaba era el canto de las voces de los hombres erguidos ante el yacimiento. El ruido de las excavadoras era sordo, incluso el tráfico del coche y del murmullo de algunos vecinos que preguntaban qué están haciendo al pasar por la calle. Cerca del parque El Cerezo se han contabilizado alrededor de unas 40 fosas funerarias documentadas en un yacimiento que ocupa unos 50 metros, lo que corresponde a un 5% del tercer tramo de la línea de metro. Hoy día, los trabajos arqueológicos se centran en la catalogación y documentación de los enterramientos, a la vez que se complementan con las labores de un equipo de antropología física para el análisis in situ.
Lugar de memoria
Idrissi Alcaraz quería el reconocimiento de la institución, así que prefirió contar con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla para llevar a cabo este acto conmemorativo. En el acompañamiento, se encontraba María Tena, concejal y delegada del Distrito Macarena, junto a Manuel Loreto, director general del distrito, y María José Alonso, su subdirectora. “Es un distrito donde hay muchas sensibilidades, somos consciente de ello y siempre vamos a estar acompañando”, mantuvieron los representantes políticos. Un compromiso que ha tomado rápidamente la comunidad islámica para que no caiga en el olvido, ya que una de las propuestas por parte del religioso para la Junta de Andalucía y el Consistorio se trata de la planificación de un espacio para la memoria.
“Querríamos tener algo que haga referencia al legado andalusí como parte de nuestra identidad puesto que es muy importante que se reconozca para que nos reconciliemos con nuestro pasado”, reflexionó Idrissi Alcaraz en declaraciones a este medio, “no se trata de mirar al pasado buscando el conflicto, sino utilizándolo para hacer una sociedad más unida, más justa y más fuerte”. Habría un sinfín de ideas, ya sea el nombre de una plaza, paneles informativos, incluso paseos guiados que lleven a los turistas y lugareños frente a las tumbas medievales que se encuentran a escasos metros del Hospital Virgen Macarena. En todo caso, un testimonio que sirva para educar a las generaciones futuras y perpetúe la pervivencia de la maqbara en la memoria cuando los raíles del metro la traspasen.
El frío invernal no impidió que varios miembros de la comunidad se arremolinaran frente a las fosas funerarias, entre ellos, dos miembros del barrio. “Los musulmanes sevillanos llevan aquí mucho tiempo, lo digo frente a la islamofobia que hay y frente a los que dicen que acaban de llegar, que nos van a quitar nuestra cultura... Aquí nadie viene a quitar nada”, asintieron, “esto es convivencia, como se ha visto a lo largo del tiempo, y una clara prueba de que las personas musulmanas siempre han estado en España”. Al-Ándalus se mantuvo durante ocho siglos hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos. Un periodo que, si bien se ha intentado invisibilizar, mantiene su pervivencia en la cultura y el arte y, sobre todo, en la herencia de quienes viven en el territorio.
Entre las reclamaciones de los jóvenes se encuentra la construcción de una mezquita en la capital hispalense para una comunidad que representa alrededor de 30.000 fieles, según la Fundación Mezquita de Sevilla, y, por otro lado, la ampliación del cementerio musulmán. En 2017, el Ayuntamiento proyectó el aumento en un 38% del espacio dedicado a este tipo de enterramientos, por lo que se pasó de 84 tumbas a 116, próximos a los jardines de la entrada de San Jerónimo. Sin embargo, “ya está prácticamente completo”. Pero, un deseo a cumplir cuanto antes sería la desaparición de la islamofobia con la que lidian cada día: “Te piden el NIE nada más entrar a un centro de salud por llevar barba o por llamarte de una determinada manera, o me preguntan si soy sevillano y, yo, que claro, soy de aquí, de la Macarena”.