Un producto aún relativamente desconocido en España está generando un gran revuelo y provocando una batalla entre defensores y detractores. A finales de 2024 el Gobierno propuso limitar a 0,99 mg el contenido de nicotina de unos pequeños saquitos, unas bolsitas, que se colocan en las encías. Ante este anuncio y otras iniciativas en Europa para controlar la distribución de este producto, países como Suecia (país de origen de estas bolsitas y principal consumidor de este snus blanco —como se llama allí—) o asociaciones como la Asociación Española de Bolsas de Nicotina (AEBN) están luchando para impedirlo.
Sin limitación, las bolsitas pueden contener más cantidad de nicotina que varios cigarros. Se venden en unas latas y tienen diferentes cantidades. Se colocan en las encías, sin que nadie lo vea, lo huela o moleste, y su efecto dura unos 30 minutos. En países como Suecia, con una de las menores incidencias de tabaco, son enormemente populares y cada vez se extienden más.
La propuesta del Gobierno de España (y otras, como la de restringir aromatizantes en todos los productos) forma parte del Proyecto de Real Decreto que regula la fabricación, presentación y comercialización de productos del tabaco y relacionados. Al igual que el anteproyecto de la Ley Antitabaco, ambos textos deberán ser debatidos y aprobados en el Congreso de los Diputados antes de entrar en vigor.
La AEBN argumenta, por su parte, que la limitación a 0,99 mg de nicotina supondrían una “prohibición de facto”, mientras Suecia apela a la libre circulación de mercancías, y parte del ecosistema mediático ensalza este producto como una gran solución para dejar de fumar. Sin embargo, ¿es cierto que estas bolsitas podrían, efectivamente, ayudar al mundo a abandonar los cigarrillos convencionales?
La OMS recomienda precaución
España está siguiendo el consejo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que pide “precaución” respecto a estos nuevos productos, debido a que aún no existe evidencia científica suficiente sobre ellos. “Sí que se han detectado algunos efectos de náuseas, intoxicaciones o vómitos, pero, ¿a largo término qué impacto podría tener? Esta medida trata de proteger al usuario”, sostiene Jose M. Martínez-Sánchez, epidemiólogo miembro del grupo de trabajo de tabaquismo de la Sociedad Española de Epidemiología.
“Si las bolsitas de nicotina fueran un producto para ayudar a los fumadores a dejar de fumar, estaríamos hablando de medicamentos y de un tipo de producto que estaría sujeto a unas regulaciones y a unas garantías de seguridad que las bolsitas de nicotina no tienen”, opina Josep María Suelves, jefe del Servicio de Prevención y Control del Tabaquismo de la Agencia de Salud Pública de Catalunya.
“Este producto podría ser especialmente preocupante en el caso de los más jóvenes, que podrían disimular su consumo ante sus mayores. Se sabe, además, que un adolescente que no es fumador y que empieza a utilizar este tipo de productos triplica, por lo menos, el riesgo de convertirse en fumador de tabaco en el futuro, como se ha visto con los vapeadores”, explica.
“Los fumadores, por otro lado, podrían empezar a hacer un uso múltiple: seguir fumando y además usar el cigarrillo electrónico o las bolsitas de nicotina. Se nos iría al traste la ventana de oportunidad que se nos habría abierto con una persona fumadora preocupada por su salud. También se podría debilitar el efecto de desnormalización del consumo de tabaco que han conseguido las leyes que prohíben fumar, por ejemplo, en espacios cerrados”, insiste.
La nicotina no es inocua
Si bien estos productos eliminan de la ecuación el gran factor de la combustión, los expertos aseguran que la nicotina por sí sola está asociada a problemas cardiovasculares agudos o a cierta resistencia a la insulina. Además, hay indicios de que estas bolsitas podrían llegar a causar ciertas lesiones en la cavidad oral.
Y, desde un punto de vista neuropsicológico, “la nicotina tiene un poder muy, muy adictivo”, explica Francisca López Torrecillas, catedrática de Psicología Conductual en la Universidad de Granada. “A medio-largo plazo produce alteraciones de la función ejecutiva, del control inhibitorio, del estado de ánimo… Especialmente en los adolescentes”.
Las nuevas generaciones, la principal preocupación
Por su parte, Jamie Brown, director del Grupo de Investigación sobre Tabaco y Alcohol de la University College London y uno de los autores de uno de los estudios más recientes sobre este producto se muestra “cautelosamente optimista”. Para él es una conversación que merece la pena tener debido a que, al no implicar inhalación, podrían resultar sustancialmente menos dañinos que fumar y vapear, que, asegura “es probablemente de donde provienen la mayoría de los daños”.
Pero también reconoce los riesgos: “Quienes están altamente preocupados por estos productos temen que nuevas generaciones [de no fumadores] se vuelvan adictas a la nicotina”. Las conclusiones de su análisis subrayan “la importancia de implementar una legislación sobre la edad de venta”, debido a que, efectivamente, vieron que el uso de estas bolsitas había aumentado especialmente entre los jóvenes. Por otro lado, piden acrecentar el número de investigaciones relacionadas con su supuesta eficacia (o ineficacia) para dejar de fumar.
Oportunidades vs. riesgos
Debido a todo este revuelo (que no solo se está produciendo en España), se está abriendo una conversación tremendamente delicada en el ámbito científico, agitada sobre todo por una postura en concreto, la de “reducción de daños”, que propone acogerse a estos productos que mantienen la nicotina pero eliminar la combustión. Según Brown, esta postura se centra en las posibles oportunidades, y la contraria en los posibles riesgos, y con frecuencia ambas no se escuchan mutuamente.
Pero hay un factor que está empantanando este complicado debate: alrededor del 24% de los estudios que defienden esta postura de reducción de daños están financiados por las industrias tabacalera, farmacéutica y de cigarrillos electrónicos. Expertos como el conocido investigador Karl Fageström tienen fuertes conflictos de intereses declarados debido a esta cuestión. Fageström, por ejemplo, ha fundado empresas como Niconovum (una empresa que fabrica bolsas de nicotina) y colabora con la industria tabacalera mediante consultorías.
Brown confirma a elDiario.es que él hasta 2018 también tenía conflictos de intereses: “Anteriormente fui investigador en propuestas de financiación para las farmacéuticas Pfizer y J&J. Decidí no aceptar más financiación porque pensé que el campo se estaba polarizando tanto que mantener la plena independencia de los trabajos sería importante”.
El famoso caso sueco
Por otro lado, es verdad que existe un caso que cuesta pasar por alto: el de Suecia, el primer país libre de humo de la Unión Europea. Allí solo el 5,4% de la población de 16 a 84 años declaraba fumar a diario y el 6% ocasionalmente en 2024. Y es el único país de la UE en el que está permitido el snus marrón (un producto que es como las bolsas de nicotina, pero con tabaco). Por el contrario, en España, según los últimos datos del INE, se estima que alrededor del 17% de la población aún fuma diariamente y el 2,65% ocasionalmente.
Y respecto a este caso también hay controversia. Existen estudios que demuestran que el uso del snus marrón y la disminución de fumadores ocurrieron simultáneamente. No obstante, no logran probar que el snus por sí solo causara la caída del tabaquismo. Sin embargo, en cuanto a las bolsitas de nicotina ni siquiera este tipo de asociación se ha podido demostrar aún, y su uso no es especialmente popular en Suecia (5%) en comparación con el snus marrón (16%).
“Estos países tienen prevalencias de tabaquismo bajas porque desde hace décadas impulsan políticas efectivas de control”, sostiene Suelves. Brown, por su parte, no descarta que el snus sí tuviera gran relevancia: “Muchos otros países europeos también han aplicado medidas de control del tabaco bastante estrictas, pero muy pocos han alcanzado el mismo nivel de éxito”.
Solo cuatro países siguen todas las recomendaciones de la OMS
La OMS es clara: para lograr acabar con la epidemia del tabaco se han de aplicar las medidas MPOWER: monitorear el consumo de tabaco y las políticas de control; proteger a la población de su humo; ofrecer ayuda para el abandono del tabaco; advertir de los peligros; hacer cumplir las prohibiciones sobre publicidad, promoción y patrocinio; y aumentar los impuestos al tabaco).
Solo cuatro países en el mundo han implementado todas las medidas al máximo nivel. Brasil, por ejemplo, es uno de ellos. La prevalencia de fumadores adultos cayó del 34,8â¯% en 1989 a aproximadamente el 11,6â¯% en 2024.
Y en España quizás estemos mirando el árbol en lugar del bosque, ya que, de todas las medidas MPOWER, a nuestro país le falta precisamente la que ha demostrado ser la más efectiva: aumentar el precio del tabaco. En Reino Unido, por ejemplo, un paquete ronda los 20 euros. Aquí, alrededor de 6. Pese a que el anteproyecto de Ley Antitabaco proponía esta iniciativa, ésta se esfumó cuando el plan pasó por el filtro del Consejo de Ministros. Otras de las iniciativas con más evidencia, como es el empaquetado genérico, tampoco logran imponerse en nuestro país.