¿En qué consiste el test de Turing? La visionaria prueba para distinguir a las máquinas de las personas
Como indica su nombre, fue ideado por Alan Turing, ese maravilloso, incomprendido y maltratado informático británico, —vamos a llamarlo informático, aunque en aquella época todavía no existía esa disciplina tal y como la entendemos hoy—. El test de Turing puso sobre la mesa la idea de la inteligencia artificial porque planteaba la posibilidad de construir algoritmos capaces de aprender patrones en el lenguaje y generar respuestas muy parecidas a las humanas. Turing describió esta prueba en un artículo que publicó en 1950.
En realidad, el test es muy sencillo. Tenemos un juez humano que se comunica por texto, este detalle es muy importante, con dos sujetos, A y B. A es otro ser humano y B es una inteligencia artificial (IA). No debe haber contacto visual ni auditivo entre ellos, solo pueden interactuar mediante texto.
El test plantea que si el juez no es capaz de distinguir cuál es la IA y cuál es el humano, podríamos decir que estamos ante una verdadera IA. Obviamente, Turing no lo llamó test de Turing, no era tan narcisista. Lo llamó The Imitation Game que en español puede traducirse por Juego de imitación. De hecho, hay una película maravillosa sobre la vida de Turing que originalmente se llama así, The Imitation Game, aunque en España su título se tradujo como Descifrando Enigma.
En esta película, se narra uno de los trabajos más importantes de Turing, cómo logró descifrar el sistema de criptografía Enigma, que usaban los nazis para comunicarse entre ellos. Lo consiguió desarrollando métodos criptanalíticos y máquinas capaces de leer los mensajes encriptados de los alemanes y esto supuso una enorme ventaja para los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque este trabajo no era todavía IA en el sentido moderno, sí fue uno de los hitos fundacionales de la computación y contribuyó al desarrollo de las ideas que más tarde darían lugar a la IA.
El nombre que le dio Turing a su prueba viene de un juego victoriano que se llamaba igual, The Imitation Game. En él participaban tres personas, un juez, una mujer y un hombre que, como en el test de Turing, solo podían comunicarse por escrito, sin ningún contacto visual o auditivo. Y consistía en que a través de preguntas, el juez debía adivinar quién de sus interlocutores era la mujer.
Pero volviendo a tu pregunta, el test de Turing es importante por su planteamiento no tanto tecnológico como filosófico. Porque también en esto Alan Turing fue un avanzado a su tiempo, preguntándose si una máquina podría llegar a comportarse de forma indistinguible de un ser humano en una conversación.
Hoy en día, los llamados programas LLMs, —Large Language Models—, es decir, los chatbots de IA tan populares como ChatGPT, Claude, Gemini, etc., probablemente podrían pasar el test de Turing tal como fue concebido originalmente sin problema. Comunicándose con ellos por escrito, lo más probable es que un juez no fuera capaz de distinguir una máquina de una persona. Ahora bien, si introducimos aspectos más filosóficos, más éticos, como la conciencia o los sentimientos, las cosas cambian. El test de Turing evalúa el comportamiento conversacional de una máquina, pero no necesariamente cuestiones como la experiencia subjetiva, el cuerpo, la comunicación no verbal o la interacción con el mundo físico.
Por eso, dados los avances recientes en IA generativa, muchos investigadores se preguntan si el test de Turing debería ampliarse o incluso reinventarse. En mi opinión, el nuevo test debería ampliarse hacia todos los sentidos humanos y medir la multimodalidad de las IA. Y ahí, todavía están muy lejos de la inteligencia humana. Se están haciendo algunas cosas con interfaces olfativas y gustativas pero lo que más hemos explotado hasta ahora ha sido la generación de voz y, en menor medida, el análisis del cuerpo y de las expresiones faciales. Aun así, en este terreno las máquinas todavía están muy lejos de las capacidades humanas.
Isabelle Hupont Torres es ingeniera de telecomunicaciones y doctora en inteligencia artificial. Ha participado en la elaboración del Reglamento Europeo de IA y es asesora científica en el gabinete de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades.
Coordinación y redacción:â¯Victoria Toro.
Pregunta enviada por Ana Miquel Pérez
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