Entrevista Marie Roseline Belizaire
La directora de emergencias de la OMS en África, desde Congo: “Todo apunta a que será el peor brote de ébola hasta ahora”
La doctora Marie Roseline Belizaire acaba de volver a Brazzaville, la capital congoleña, después de pasar 48 días sobre el terreno en Bunia, el epicentro de la tercera epidemia de ébola que asola este país africano. “Por cómo van evolucionando las cosas, tiene pinta de que va a ser la peor hasta ahora”, nos dice esta haitiana, que estudió Medicina en Cuba e hizo su doctorado en Epidemiología y Salud Pública en España, en el Instituto de Salud Carlos III y la Universidad Alcalá de Henares. Hoy es directora regional de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud para África.
Después de haber luchado contra el sida en Haití, el ébola en África occidental, la fiebre amarilla en Angola y el dengue y la fiebre de Crimea-Congo en Mauritania, Belizaire es consciente de que “la respuesta efectiva a un brote debe considerar las costumbres locales, las creencias y las estructuras sociales. Tenemos que ver cómo adaptarnos, lograr que cultura y ciencia se encuentren. Esto evita resistencia y desconfianza por parte de la población”. Su mayor inquietud: “Cuando terminemos con el ébola, dejar las vidas de la gente mejor que como las hemos encontrado, que todo el mundo tenga acceso a comida, agua y letrinas”.
Acaba de estar en Bunia, el epicentro de la epidemia actual de ébola en la República Democrática del Congo (RDC). ¿Cómo están las cosas ahí ahora mismo?
Por lo rápido que está evolucionando, todo apunta a que va a ser el peor de los tres brotes de ébola declarados emergencia de salud pública internacional por la OMS. El problema es que se ha descubierto muy tarde. Se declaró el 15 de mayo, pero los casos empezaron en enero o febrero, según lo que nos cuenta la gente en Bunia. A día de 7 de julio de 2026, tenemos 1.759 casos confirmados y 600 fallecimientos en RDC y sigue extendiéndose. Al principio teníamos tres provincias afectadas, ahora tenemos dos más, aunque una de ellas lleva 42 días sin nuevos casos y está saliendo de la epidemia.
Desde el punto de vista humano, no solo se trata de contener un brote, sino de dar una respuesta conjunta, porque el ébola no es el único problema que tiene la población
¿Cómo es la situación desde el punto de vista humano, cómo están las personas?
Hay que decir que esta zona estaba ya muy mal antes del ébola. Hay más de 900.000 personas en los campos de desplazados internos. En algunos, llevan más de ocho meses sin recibir ninguna ayuda humanitaria, desde que se acabaron los fondos. No tienen letrinas ni agua potable y viven hacinados, en una pobreza extrema. Uno de ellos tiene más de 25.000 personas. Y tenemos casos de ébola en esos campos.
No hay que olvidar que es una zona con muchos movimientos internos, por la guerra y también por las minas que tiene el país. Además, según su cultura, cuando uno enferma tiene que ir donde está su familia, muchas veces a otras provincias. Por eso la epidemia se propaga tanto. Desde el punto de vista humano, no solo se trata de contener un brote, sino de dar una respuesta conjunta, porque el ébola no es el único problema que tiene la población. Antes de que empezara esta epidemia, había ya miles de muertos más por la guerra de los que hay ahora por el ébola. Es una población traumatizada tras 30 años de guerras. Ahora venimos únicamente porque está el ébola, pero cuando veo tanta miseria, todas esas cosas que esa gente vive, me pregunto: si no hubiera, ébola, ¿qué sería de ellos? Mi objetivo es que, cuando terminemos con este brote, dejemos sus vidas mejor de como las hemos encontrado, que todo el mundo tenga comida, agua y letrinas, que son cosas básicas.
Las cifra de mortalidad de la enfermedad que nos da la OMS hoy es del 34,1%. ¿Cuáles son los grupos de población más afectados?
De momento, las mujeres se contagian más que los hombres. Sin embargo, los hombres mueren más que las mujeres. El 20-30% de los enfermos de ébola tiene entre 20 y 49 años, el grupo de edad más activo de la comunidad. Son los que más se desplazan y los que más trabajan en las minas.
¿Qué es lo que más hace falta para combatir esta epidemia ahora mismo?
Hace falta de todo. Ahora tenemos 700 camas disponibles, pero la epidemia sigue evolucionando. Necesitamos más camas, más ambulancias, más recursos humanos y más materiales de protección individual, no solo en los hospitales, sino en todos los centros de salud. Hemos tenido 112 contagiados entre el personal sanitario, 34 de ellos han muerto. También necesitamos reforzar la vigilancia epidemiológica, el seguimiento de contactos. Necesitamos dinero para pagar a los trabajadores comunitarios, porque la respuesta reposa sobre ellos, son quienes van de casa en casa, detectando nuevos casos. Además, de momento, tenemos 12 laboratorios para hacer pruebas diagnósticas, pero no es suficiente. Necesitamos más laboratorios y más material para hacer los tests.
¿Cómo se han notado los recientes recortes de financiación por parte de Estados Unidos que, según la OMS, garantizaba hasta ahora casi la mitad de la ayuda humanitaria a RDC?
Debo decir que el mundo está mostrando su solidaridad para combatir la epidemia y están dando lo que pueden: la Unión Europea, los países y donantes individuales... Pero, sí, en el ámbito humanitario se ha notado la falta de fondos. Eso agrava más la epidemia y viceversa, la epidemia agrava más la situación humanitaria. Es muy grave lo que está pasando, todo el conjunto de desgracias que se suman en la población congoleña.
¡El Congo es muy rico! Yo he ido a las minas y allí tú miras la tierra y ves oro. Los dueños de las minas, todos de compañías extranjeras, tienen su jet privado. Pero toda esa riqueza no repercute en la gente
Si este mismo brote de ébola hubiera ocurrido en Europa, o en cualquier país rico, hubiera sido muy diferente, ¿verdad?
¡Pero el Congo es muy rico! Yo he ido a las minas y allí tú miras la tierra y ves oro. Los dueños de las minas, todos de compañías extranjeras, tienen su jet privado. Pero toda esa riqueza no repercute en la gente. Es un contraste muy difícil de entender, una zona tan rica en minerales, donde la población vive en unas condiciones tan desfavorables.
Pero entiendo tu pregunta. Un brote así sería totalmente diferente en Europa. Ha habido un caso en Francia y ha sido muy bien manejado. Cuando, en 2014, hubo tres casos en España, por repatriados, se manejaron muy bien. También tengo que decir que el riesgo de que la enfermedad se extienda fuera de África es mínimo: desde el primer brote que hubo, hemos tenido casi 35.000 casos de ébola en África y solo 28 de ellos han sido exportados a otros continentes.
A veces, cuando hablamos de la ayuda internacional, pareciera que los extranjeros vamos a salvar la vida al Congo. Pero en RDC también hay médicos y autoridades sanitarias.
Sí (ríe). Bueno, tú sabes que cuando hay una epidemia, todo el mundo salva la vida desde su oficina. Ya ha habido 17 brotes de ébola en RDC. Por supuesto, aquí tienen capacidad, tienen personas que se han formado en esto. Aunque se complica porque el brote ocurre cada vez en una provincia diferente y es de una cepa distinta del virus. Para la actual, Bundibugyo, no existen vacunas ni tratamiento.
¿Qué es más urgente, la investigación científica en nuevos tratamientos médicos o la comida?
La ayuda humanitaria y la lucha contra las enfermedades debe ser integral. No puedo darle de comer a la persona, pero pensar que no es mi problema si muere de meningitis, malaria o ébola. Tenemos que ver al ser humano de manera integral, no solamente como alguien que necesita comer o que necesita medicinas.
Aunque aún no haya una cura, la esperanza de sobrevivir no es igual si los enfermos se quedan en casa que si van al hospital, ¿verdad?
Si se quedan en su comunidad tienen más probabilidad de morir que si son ingresados en el hospital y reciben tratamiento de soporte. Pero tienen que venir pronto, antes de que el virus les destruya todo el cuerpo.
¿Cuáles son las medidas preventivas? ¿Y cómo se implementan?
Aquí es muy importante la comunicación de riesgo, trabajar con la población para hacerles entender el riesgo vital de comer carne no bien cocida o de animales salvajes; lo importante que es instalar estaciones de lavado de manos en cada rincón y de toma de temperatura antes de entrar a los sitios. La otra clave de las medidas preventivas está en la vigilancia, intrahospitalaria y comunitaria. Esta cepa de ébola no presenta tanto sangrado externo, por eso, se puede confundir con una malaria normal. A veces, la gente piensa que es malaria y no envía ninguna señal de alerta.
En RDC, la malaria es la principal causa de muerte en la población [es el país del mundo más afectado, después de Nigeria]. Tenemos que hacer una vigilancia conjunta. A todo caso sospechoso, le hacemos los test de malaria y de ébola. Muchas veces tenemos que administrar al mismo paciente el tratamiento para malaria y tratamiento de soporte para el ébola.
Uno de los desafíos que tenemos actualmente es que mucha gente no quiere ir al hospital
La primera acción a tomar con los enfermos es el aislamiento, para evitar contagios. Sin embargo, si yo vivo en una aldea y me dicen que se tienen que llevar a mi hijo o a mi madre de mi casa porque tiene síntomas... igual no todo el mundo está de acuerdo, ¿verdad?
Así es. Nos pasa mucho. Uno de los desafíos que tenemos actualmente es que mucha gente no quiere ir al hospital, muchos fallecen en sus casas. Los agentes de salud comunitarios van de casa en casa para ver si hay personas enfermas que no van al centro de salud. Son equipos multidisciplinares, con una persona que hace la comunicación de riesgo. Si hay alguien enfermo y no quiere salir de su casa, intentamos hablar con ellos, hacemos una negociación. Les explicamos cuáles son las ventajas que tiene si viene al médico, cómo le vamos a cuidar, que su familia le puede visitar, que tendrá comida tres veces al día. Es muy importante que sepan que ahora en todos los centros de salud, en todos los centros de tratamiento de ébola es obligatorio que haya una zona de visita para la familia: es un espacio donde pueden verse y hablarse, pero a dos metros de distancia, sin contacto.
Otro gran reto es el manejo de cadáveres...
Sí, eso es nuestro gran caballo de batalla. Tenemos muchos problemas operacionales, porque nos falta material para organizar la gestión de los cuerpos, pero también están los desafíos culturales. En los países africanos, existe una importante cultura funeraria. A veces, el muerto viene a ser más importante que cuando estaba vivo. Lo que tenemos que hacer es mantener sus ritmos, sus ritos, pero sin que sea peligroso. Pero, claro, eso es muy difícil, dado el número de cadáveres.
La respuesta efectiva a un brote debe considerar las costumbres locales, las creencias y las estructuras sociales. Por eso, tenemos también antropólogos sobre el terreno. Tenemos que ver cómo adaptarnos a su cultura, lograr que cultura y ciencia se encuentren. Esto evita resistencia y desconfianza por parte de la población.
¿Cómo es para una persona que llega de fuera, como usted, convivir con tanto dolor, tanto miedo y desesperación?
Es muy difícil. Tengas el cargo que tengas, siempre hay un lado humano que llevas contigo. En un brote como este, hay un montón de historias personales que descubres: cómo alguien se ha infectado, por qué ha huido, cosas de su vida. Todo esto tiene una carga personal para mí, porque yo soy de Haití, un país que está muy destrozado y con mucha necesidad de ayuda humanitaria. Si yo no hubiera tenido la oportunidad de salir de mi país, quizá estaría en esa misma situación.