Dolores Vázquez, homenajeada por el Gobierno: “Pasé un calvario, pero he perdonado y siempre recordaré este día”
25 años después de que Dolores Vázquez fuera condenada injustamente por el asesinato de Rocío Wanninkhof, ha sido homenajeada en un acto de reparación este lunes en Madrid. En el marco del Día de la Visibilidad Lésbica, que se celebra cada 26 de abril, el Ministerio de Igualdad ha entregado la Medalla de Promoción de los Valores de Igualdad a la mujer, que pasó 17 meses en la cárcel siendo inocente. El caso fue uno de los mayores errores judiciales de las últimas décadas, profundamente atravesado por el linchamiento mediático y los prejuicios lesbófobos. “Es un día muy especial para mí. Casi 26 años después me siento una persona distinta, sin olvidar, pero lo llevo mejor, mi vida la llevo mejor”, ha afirmado poco antes de entrar al acto.
Vázquez, que ha reconocido haber tenido miedo durante mucho tiempo a la prensa y que no suele hablar con los medios de comunicación, ha hecho unas declaraciones minutos antes del inicio del homenaje a los periodistas que le esperaban a las puertas. “Pasé un calvario que está ahí, pero ahora puedo usar palabras que antes no podía usar. Siempre recordaré este día como un día hermoso y lindo”. La mujer fue condenada en septiembre de 2001 por un jurado popular a 15 años de prisión, sin ninguna prueba y solo en base a supuestos indicios, pero el asesino real de Rocío era Tony Alexander King, que volvería a matar dos años después.
Vázquez ha hecho un repaso sobre los efectos que tuvo para ella lo ocurrido y ha reconocido que espera que “mucha gente” en el día de hoy “pueda entender que era y soy inocente”. La homenajeada ha reconocido que la condena le “destrozó” la “vida entera” y su profesión. Tuvo que dejar de trabajar y se fue a vivir a Reino Unido. “Si miro hacia atrás, veo que no podía ni salir a la calle. Durante tres años y pico no pude ni ir al INEM –el antiguo SEPE– a apuntarme como desempleada para seguir cotizando. No tengo pensión porque me faltaron dos años y dos meses. Recibo una ayuda”, ha afirmado.
La mujer ha contado que cuando salió de prisión lo pasó “muy mal” y que todavía hoy el sonido de los cerrojos de la prisión no le dejan dormir. “Salí muy enfadada con el mundo y con todos. Eso quedó ahí siempre pero lo superé y me siento muy bien. He perdonado hace muchos años porque comprendí que estar enfadada con el mundo me estaba volviendo una persona que no era yo. Estaba en un pozo y no salía. Todo por algo que no había hecho. Pero poco a poco lo fui superando. He aprendido a vivir y a querer”, ha dicho.
Aún así y pese al error judicial, Dolores nunca fue indemnizada. “Pienso que sí, que merezco una indemnización, pero no depende de mí”, ha dicho antes de lamentar que “pese a las calumnias” sobre una supuesta reparación dineraria, “no me han compensada en nada económicamente”. “Es el Gobierno el que tiene que decidir y con buena fe todo es posible”, ha añadido.
Presentado por la abogada Eva Pérez Nanclares, el acto ha comenzado con una actuación musical de Rocío Saiz y una mesa redonda en la que se ha abordado la cobertura mediática y la lesbofobia que guió el caso. En ella ha participado la activista Beatriz Gimeno, autora de La construcción de la lesbiana perversa (Gedisa, 2008), la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTBI+) Paula Iglesias y Marta Redondo, profesora de Periodismo de la Universidad de Valladolid y experta en sensacionalismo mediático.
Acto seguido, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha hecho entrega a Dolores Vázquez de la medalla. “Es un acto de verdad, justicia y reparación. Se cometió una enorme injusticia contigo, un linchamiento social e institucional contra ti, contra tu persona. Es una vergüenza compartida”, ha afirmado la titular del departamento.
Vázquez ha agradecido en varias ocasiones el reconocimiento y, emocionada, ha querido dedicárselo a su familia y a las personas de su entorno que la apoyaron. “Lo recibo no para mí, sino para mi familia, mis sobrinas, mis hermanas, mi madre que ya no está y muchas amigas que han estado ahí y que venían por la noche a verme para que la prensa no los cogiera… Por todo el apoyo que he recibido, entonces y a lo largo de este tiempo”, ha apuntado. Tras recordar el impacto que lo sucedido tuvo para ella y retrotraerse a algunos de los momentos más duros, la mujer ha asegurado: “Es el tiempo de Dolores Vázquez, pero de Loli Vázquez también. Estoy orgullosa de mí misma”.
El caso
Dolores Vázquez había tenido una relación de pareja de varios años con Alicia Hornos, la madre de Rocío. Cuando la joven de 19 años desapareció, en octubre de 1999, ya no estaban juntas, pero eso sirvió a la Guardia Civil para atribuirle un supuesto móvil: vengarse de Alicia haciendo daño a su hija. Fue detenida el 7 de septiembre del año 2000 y desde entonces, mediáticamente comenzó a instalarse un discurso que presentaba a la acusada como una asesina despiadada. Casi cualquier cosa, fuera verdad o no, sirvió para apuntalar esta versión: se usó su físico y se la dibujó como una mujer fría, calculadora y vengativa.
Durante el acto, se ha recordado cómo la investigación de la Guardia Civil nunca recabó pruebas contra ella y montó la acusación en base a supuestos indicios, en algunos casos insostenibles. Los hechos que hacían dudar de la culpabilidad de Dolores Vázquez con claridad –su registro de llamadas desde casa en las horas de la desaparición, por ejemplo– nunca hicieron a la Guardia Civil abrir otras posibles vías de investigación y Dolores Vázquez fue condenada por un jurado popular.
Su abogado recurrió y en febrero de 2002 el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía emitió una contundente sentencia que anulaba el fallo y ordenaba repetir el juicio por “falta de motivación”. El dictamen dejó claro que la condena se había basado en “indicios o inferencias” que ni siquiera los jueces dijeron poder conocer porque no habían sido plasmados con claridad. Vázquez salió de prisión y el juicio pendiente nunca se celebró porque en 2003 el verdadero asesino de Rocío Wanninkhof volvió a matar. Esta vez la víctima fue Sonia Carabantes, una joven de 17 años. Fue detenido un mes después, cuando se comprobó que el ADN del hombre estaba también en una colilla hallada en el lugar en el que había desaparecido Rocío cuatro años antes.