Paola Ríos, geriatra: “Para que envejecer en su propio hogar no se convierta en un riesgo, la casa debe evolucionar”
No hay nada como nuestra propia casa. Es cómoda, familiar y está llena de recuerdos. Para muchos adultos mayores, envejecer en casa es clave para su independencia y para su buena calidad de vida en la vejez. Pero con la edad, la movilidad disminuye y las cosas que antes se hacían sin dificultad ahora pueden suponer un reto mayor. Quizás las escaleras parezcan más empinadas o ya no se tiene la misma estabilidad al entrar y salir de la ducha. Son pequeños desafíos que van apareciendo de forma gradual y que hacen que el hogar no sea tan seguro ni tan cómodo como antes.
Pero eso no significa que se tenga que renunciar a la independencia ni abandonar el lugar donde queremos vivir. Con algunas adaptaciones, nuestro hogar puede ser igual de seguro que siempre. “Para que el deseo de envejecer en su propio hogar no se convierta en un factor de riesgo, la casa debe evolucionar al mismo ritmo que nuestras capacidades físicas y cognitivas; no se trata de cambiar de vida, sino de adaptar el espacio para mantener la autonomía el mayor tiempo posible”, nos explica Paola Ríos Germán, doctora especialista en Geriatría y Medicina Preventiva.
Mantener la independencia y lograr la seguridad en el hogar no tienen por qué ser objetivos contrapuestos. Más bien al contrario. “La adaptación del hogar no debe verse como un paso hacia la dependencia, sino todo lo contrario: es una herramienta de prevención y una inversión de calidad: un entorno amigable prolonga la independencia de la persona y retrasa la necesidad de institucionalización”, afirma Ríos.
Los puntos más críticos de la casa
El hogar debe fomentar la independencia, no obstaculizarla. Las modificaciones estratégicas facilitan y hacen más seguras las actividades diarias a medida que las necesidades evolucionan con el tiempo. Porque una de las mayores amenazas para la independencia en el hogar son las caídas, cuyo riesgo aumenta con la edad debido a cambios en la salud y fisiología.
El 30% de las personas mayores de 65 años y el 50% de los mayores de 80 años se caen al menos una vez al año, según datos del Ministerio de Sanidad. Pero no deben considerarse normales ni inevitables. Tropiezos y quemaduras, incluso situaciones de aislamiento, también pueden evitarse con pequeños cambios.
El baño es uno de los puntos más críticos de la casa. Se calcula que el 66% de los accidentes domésticos que sufren las personas mayores suceden en el baño. Es un espacio que se usa mucho, por lo que es importante que sea seguro y fácil de usar.
Otro de los enemigos de la autonomía a medida de envejecemos son los obstáculos ocultos. “Las alfombras, por muy bonitas o familiares que sean, son la principal causa de tropiezos en el hogar y deberían retirarse por norma general”, advierte Ríos.
Cómo crear un entorno seguro en casa, habitación por habitación
Ya hemos visto que un hogar seguro es clave para fomentar la independencia en la vejez. Incluso pequeños problemas de seguridad pueden dificultar la vida de las personas mayores, sobre todo cuando las capacidades físicas, como la movilidad, el equilibrio o la visión se ven afectadas. Al pasar de una habitación a otra de la casa, veremos cómo unos pocos cambios en el mobiliario y en las instalaciones pueden marcar una gran diferencia.
En el baño: de la bañera al plato de ducha
“La transición más urgente siempre es sustituir la bañera por un plato de ducha a ras de suelo con superficie antideslizante”, aconseja Ríos. En esta habitación también es indispensable la instalación de “barras de apoyo estratégicas, como en el inodoro y la ducha, que no son un símbolo de vejez sino de seguro de vida”. También serán de gran ayuda algunas acciones simples como “elevar la altura del inodoro mediante un alzador o incorporar una silla de ducha adecuada, pequeños objetos que transforman por completo la experiencia diaria, reduciendo el esfuerzo físico y el miedo a los resbalones”, matiza Ríos.
Dormitorio: una cama cómoda y con la altura adecuada
El dormitorio debería ser una de las habitaciones más cómodas de la casa. Sin embargo, muchas veces los muebles a los que uno está acostumbrado pueden volverse menos accesibles a medida que disminuye la movilidad. Sin duda, la gran protagonista es la cama, y la clave para que sea cómoda es “la altura y la firmeza porque, si es demasiado baja, dificulta el levantarse y sobrecarga las articulaciones”, explica Ríos.
Una buena opción es una cama regulable en altura, ya que permite ajustar la altura y la posición, generalmente mediante control remoto, lo que facilita entrar y salir sin forzar la espalda ni las piernas.
Salón: priorizar la accesibilidad y ergonomía
Igual que la cama es importante en el dormitorio, el sofá lo es en el salón. En este caso, la necesidad es la misma: altura y firmeza. “Es fundamental contar con asientos firmes, con reposabrazos que sirvan de palanca”, afirma Ríos. También hay la opción de contar con sillones reclinables elevadores, que ayudan a prevenir lesiones y reducen el esfuerzo físico necesario para sentarse o levantarse. Basta con pulsar un botón en el mando a distancia y el sillón hará su labor con un movimiento suave y sin esfuerzo. El paso de una posición erguida a una sentada facilita el acceso al sillón.
Además, incorporan otras particularidades que brindan comodidad, como un reposapiés elevado, respaldo reclinable y soporte lumbar.
Es fundamental, tanto en el salón como la habitación y otras zonas, la distribución del espacio, que “debe permitir el paso cómodo, incluso si en el futuro se necesita un bastón o un andador. Forzar a una persona a ‘esquivar muebles’ en su propia casa es una receta para el desastre”, reconoce Ríos.
Por tanto, es clave “mantener despejados los pasillos, eliminando cables sueltos o muebles auxiliares inestables”. Aquí hablaríamos también de las alfombras, que ya hemos visto que suponen un riesgo de tropiezo.
Reorganización de la cocina
La cocina es otro espacio donde algunas personas mayores pueden tener dificultades con el paso de los años: armarios altos que obligan a usar taburetes o sillas para llegar a los trastos de más arriba o armarios esquineros de difícil acceso. Esto, unido al hecho de que, a medida que envejecemos, nos resulta más difícil estirarnos y agacharnos, dificulta muchas veces las tareas más cotidianas.
Siempre que sea posible, es preferible colocar los utensilios que se usan con más frecuencia en lugares de fácil acceso. Los cajones y armarios extraíbles pueden ayudar también a acceder a objetos en zonas de difícil acceso. Esto elimina la necesidad de estirarse o trepar innecesariamente.
Mejorar la entrada a casa
El acceso al hogar es otro punto importante. Adaptaciones como rampas, salvaescaleras, puertas y marcos de entrada más anchos facilitarán la entrada y salida de casa. También se puede considerar instalar una luz exterior que ayude a encontrar el camino cuando esté oscuro.
Una iluminación adecuada
Uno de los sentidos que suelen verse más comprometidos con el paso de los años es el de la agudeza visual. De ahí que “se necesite más luz para caminar con seguridad: una iluminación potente y homogénea, sobre todo en zonas de paso como pasillos, y la instalación de luces con sensores de movimiento por la noche, previenen un porcentaje altísimo de caídas nocturnas”, afirma la especialista en geriatría.
Cambios que no deben pasar por alto la salud emocional
Todas estas modificaciones en el hogar pueden marcar una diferencia significativa en la capacidad de las personas mayores para envejecer en su propio hogar de forma segura y cómoda. Sin embargo, esto conlleva uno de los “grandes retos de la geriatría y de la arquitectura adaptada: lograr que una casa sea segura sin que parezca un centro de mayores”, afirma Ríos.
La comodidad y seguridad no debe estar reñida con “la calidez, la estética y un ambiente acogedor”, reconoce la especialista, para la que la clave está en “hacer pequeños cambios en un tiempo prudencial para que la persona mayor no se sienta fuera de su hogar. Muchas veces la frase ‘sería importante ver un alzador para el inodoro’ puede ser mejor a ‘vamos a tener que reformar toda tu casa’”.
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