El campamento
más largo

17 de julio de 1936. La Guerra Civil sorprende a un grupo de scouts en pleno Pirineo aragonés. Los jóvenes, que no pueden volver a casa cercados por la guerra, inician un periplo que durará meses


Un reportaje sonoro de Nando Ochando

El campamento más largo: los scouts atrapados por la Guerra Civil

En julio de 1936, un grupo de scouts de Zaragoza se disponía a disfrutar de dos semanas de campamento en los Pirineos que organizaban cada verano.

Nunca se pudieron imaginar que aquella acampada sería la más larga de su vida. Con el estallido de la Guerra Civil española, el valle de Ordesa, donde plantaron sus tiendas, quedó en zona republicana, y su ciudad bajo el bando de los golpistas.

Esta historia narra la travesía que los jóvenes scouts realizaron desde Ordesa a Francia, pasando por Aínsa y Barcelona. Una escapada por la supervivencia en la que no pudieron tener noticias directas de sus familias. Enfrentamientos con los milicianos, escasez de provisiones, rumores de una posible huida a Rusia y una grata convivencia con monjas francesas marcarían su último campamento oficial antes de que, con la llegada de la dictadura franquista, se ilegalizaran los scouts en España.

Con las voces de supervivientes, familiares e historiadores, reconstruimos este periplo que los más jóvenes del grupo de exploradores vivieron como una verdadera aventura.


Las familias al otro lado

Con la división del país en dos bandos, toda posible comunicación entre los scouts y sus familias se vio interrumpida. No fue hasta que llegaron a Barcelona, dos meses después de salir de Zaragoza, cuando sus padres y madres lograron saber tan solo que seguían vivos.

Mientras la guerra se recrudece en nuestro país, en octubre la comitiva consigue salir de Barcelona y llegar a Francia. Es entonces cuando los chicos logran tener la primera comunicación directa con sus familias, que salvando todo tipo de dificultades, les hacen llegar cartas, paquetes y hasta cien kilos de turrón por Navidad.


Rumores de un posible traslado a Rusia

En varias ocasiones se especuló con la idea de que el gobierno de la República mandara a los scouts más jóvenes a la Unión Soviética.

Estos rumores se vieron finalmente disipados tras la intervención de la Cruz Roja Internacional y la Oficina Internacional de Scouts, que organizaron, junto a un obispo francés, la acogida de los más pequeños en un convento de Lourdes.

A pesar de ello, no queda claro que hubiera una intención real de proceder al traslado a la URSS. La República necesitaba el permiso paterno, algo imposible de conseguir en el peculiar caso de este grupo de scouts zaragozano.

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