Evacuaciones masivas por incendios que cercan pueblos enteros: la nueva normalidad para la que no estamos preparados
El fuego que ha asolado en los últimos días diferentes puntos de la península y que obligó el jueves a declarar la emergencia nacional ha dejado más de 100.000 personas afectadas, entre evacuadas y confinadas. En total, las llamas han arrasado más de 70.000 hectáreas en Ávila, Madrid y Toledo y un nuevo fuego, en Castelló, ha calcinado más de 4.000 hectáreas. Según los últimos recuentos, las autoridades se han visto obligadas a desalojar más de medio centenar de municipios.
Los expertos advierten de que los incendios que castigan España este verano están alimentados por una combinación de elementos adversos: altísimas temperaturas —con tres olas de calor, que se intercalan con otras jornadas especialmente cálidas—, una baja humedad y, en los últimos días, un viento que ha dificultado las tareas de extinción en algunas zonas.
El número de evacuados en los últimos cuatro días —más de 75.000 entre los incendios de Madrid, Ávila, Toledo y Castelló— es una muestra del peligro cada vez más presente para determinadas poblaciones. Según los datos del Ministerio del Interior, el verano de 2023 se saldó con 22.300 personas evacuadas preventivamente; en 2024, Protección Civil contabilizó 6.612; y el año pasado, fueron 42.913, según el Informe Anual de Seguridad Nacional. La comparativa enfrenta los evacuados en menos de una semana con los de todo un verano.
Para el profesor del Área de Ingeniería Agroforestal de la Universidad de León, Víctor Fernández-García, “lo que estamos viendo estos años responde a la confluencia de problemas a corto plazo y problemas estructurales más a largo plazo”. A corto, “la meteorología primaveral —lluviosa— y del verano —sequedad— son clave y tienen mucho que ver con el cambio climático”.
No obstante, indicaba el experto en declaraciones al Science Media Centre, “estas condiciones actúan sobre un territorio que lleva décadas transformándose en un polvorín en todo el país, con abandono de cultivos y aprovechamiento, acumulación y continuidad de la vegetación, expansión de las zonas residenciales hacia el monte y plantaciones y matorrales cada vez más cerca de los núcleos de población”, donde los vecinos han tenido que abandonar sus hogares.
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, informó a primera hora de la tarde del domingo que había 43 viviendas “destruidas” por el fuego y otras 300 “con muchos daños” en la Comunidad. Una cifra que, en sus propias palabras, “se va a elevar enormemente, como nunca habíamos vivido”.
“La mejor manera de proteger las viviendas es evitar que el combustible —la vegetación— y las viviendas estén próximas”, indicaba Fernández-García, para quien “en las zonas de interfaz urbano-forestal las normativas autonómicas han avanzado en esa dirección”. “Determinadas urbanizaciones, edificaciones e instalaciones colindantes con terrenos forestales deben disponer de un plan de autoprotección y mantener una franja perimetral libre de vegetación seca y con el arbolado poco denso. También, gestionarse las parcelas sin edificar, los accesos y las cunetas”. El problema de fondo, considera, es que “aprobar normas y planes no garantiza su aplicación”.
Los responsables al frente de la emergencia llevan días explicando las prioridades del operativo. Primero, las vidas humanas; después, la protección de las poblaciones, los domicilios y las casas; y, por último, el medio natural. Lo explicaba la directora general de Protección Civil, Virginia Barcones, en una entrevista en elDiario.es, en la que advertía que estos incendios, veloces e intensos, van a ser la norma los próximos años. “Es una realidad. El año pasado tuvimos la peor campaña de incendios forestales simultáneos de la historia reciente del país”, señalaba.
“Es la crónica de una situación anunciada. Una vez hemos aceptado, como sociedad, cambiar el clima, estos incendios pasan a estar dentro de la normalidad; es decir, es lo que esperábamos”, añade, también al SMC, el profesor del CSIC en el Centro de Investigaciones sobre Desertificación, Juli G. Pausas: “Desde hace décadas se viene anunciando que, si seguimos aumentando las temperaturas, las consecuencias pueden ser muy negativas, incluyendo el incremento significativo de la actividad (frecuencia, tamaño e intensidad) de los incendios”.
Este experto apuesta por fragmentar las grandes superficies forestales, estimular la actividad rural extensiva, limitar la interfaz urbano-forestal y realizar un manejo agresivo de la vejetación alrededor de las viviendas en esas zonas, donde “también se debe potenciar la autoprotección y la asunción de responsabilidades y costes por vivir en paisajes inflamables”.
Tras dos días con todos los elementos en contra en los operativos de Madrid y Ávila, que acabaron confluyendo en uno solo, el cóctel meteorológico amainó durante la noche del sábado al domingo. Fue “muy positiva”, señaló el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una comparecencia este domingo. El teniente coronel de la Unidad Militar de Emergencias (UME), Alfonso Arribas, informó a primera hora de que el perímetro estaba “contenido”, pese a que algunas zonas ardían todavía fuera de control.
El avance era significativo, después de que el fuego estuviera “fuera de la capacidad de extinción” apenas unas horas antes. Durante la tarde del domingo, según indicó el Delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, las labores se centraron en utilizar una “ventana amplia” de condiciones óptimas para intensificar el trabajo sobre el terreno y vencer “definitivamente” al incendio, el peor en términos de superficie calcinada y personas evacuadas de toda la historia en la región.
Pero los trabajos estaba lejos de finalizar. Según explicó Martín, el frente este estaba ya consolidado; en el oeste el objetivo continuaba siendo frenar el avance del fuego; y en la zona norte, en torno al embalse de San Juan, continuaban focos activos. Las próximas horas todavía serán claves para controlar la situación.
Mientras la situación parecía dar algo de tregua por estos frentes —en los que el Gobierno tampoco descarta nuevas evacuaciones— y el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, anunciaba que los vecinos del otro gran incendio que ha tenido en vilo a las autoridades esta semana, el de La Mierla (Guadalajara), podían volver a casa, el fuego en Vall d'Uixò (Castelló) hizo saltar todas las alarmas, con unas 17.000 personas evacuadas.
Y, en León, el Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI), reunido en la Delegación Territorial, decidió por la mañana realojar a los vecinos de Ponjos y Murias de Ponjos, unas 40 personas, mientras continúan evacuadas las poblaciones Andarraso, Rosales y Folloso, con un total de 37 vecinos. El incendio mantiene el Índice de Gravedad Potencial 2 por comportar un grave riesgo a poblaciones y bienes no forestales.
En el siguiente mapa puedes ver la evolución actualizada de los diferentes fuegos activos en el país.
Zonas gravemente afectadas
El presidente Sánchez ha anunciado que el próximo Consejo de Ministros, previsto para este martes, aprobará la declaración de los lugares quemados en Madrid, Ávila y Guadalajara como “zona gravemente afectada” —la antigua “zona catastrófica”—, que permite la puesta en marcha de ayudas directas y de otro tipo, como fiscales, por ejemplo, tanto a particulares y empresas, como a otras administraciones.
El presidente de la Junta de Castilla-La Mancha ha pedido que se solicite a la Unión Europea ayudas a través de los Fondos de Solidaridad y el castellano y leonés Alfonso Fernández Mañueco y la madrileña Isabel Díaz Ayuso han avanzado que han empezado ya a trabajar con agricultores y ganaderos para facilitar alimento para los animales y que se pondrán en marcha en cuanto sea posible los trabajos de recuperación de viviendas afectadas.
Mientras tanto, desde el Gobierno central llevan días reclamando al Partido Popular que se una al pacto de Estado por la crisis climática, que ya pusieron sobre la mesa el pasado verano. “No podemos acordarnos de los incendios o emergencias cuando se producen. Necesitamos concienciar a la ciudadanía, tomarnos la emergencia climática en serio”, reclamó ya el miércoles. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, avanzó el jueves que se convocaría una nueva convención para abordar el asunto tras el periodo estival. “Esperamos que el PP asista”, apuntó.
Ese plan, presentado en septiembre y ampliado en diciembre de 2025, incluye 15 ejes de actuación, entre los que destacan la aplicación del conocimiento científico sobre el cambio climático, la extensión de un modelo de gestión forestal —competencia de las comunidades autónomas— del siglo XXI, el impulso del sector agrario en la prevención y la mitigación de los eventos climáticos extremos, el refuerzo de los servicios de emergencia y la financiación del propio pacto.