Menos machistas que antes pero más antifeministas: los adolescentes buscan apoyo frente a un mundo desconcertante

Un chico adolescente cuenta sus reflexiones sobre cómo cree que habría que darle una vuelta a la masculinidad hegemónica. Un par responden que no está mal querer ser un hombre de alto valor, un alfa, y le acusan de ser un beta. Otros cuantos aseguran que no quieren reproducir el tipo de masculinidad que tienen sus padres, que es inaceptable. Las chicas afirman que ya no van a aceptar según qué comportamientos, que ya saben detectar las “banderas rojas”, pero una de ellas, más adelante, pregunta si está mal que su novio le diga que no se ponga determinado bikini. 

Si pusiéramos la oreja en la pared que da a una clase de cuarto de la ESO en la que se está impartiendo un taller sobre igualdad, el llamativo “antifeminismo” de las nuevas generaciones sonaría más o menos así. Esta postura es, en definitiva, una especie de cóctel de discursos políticos y mediáticos en cuyo poso —especialmente denso— se atisba mucha, mucha confusión.

Y es que el número de jóvenes que se identifican como feministas no ha dejado de caer desde 2021. Seis de cada diez ya no lo hace. Isa Duque (@lapsicowoman), psicóloga y autora de Acercarse a la generación Z, cuenta que ella ha ido experimentando año a año estas cifras en las propias aulas: “Hace una década decía que era ciberactivista feminista y la chavalería me quería solo por decir eso. Ahora ya no me presento diciendo la palabra ‘feminista’, pero hay aceptación en cuanto a lo que después transmito”.

De momento es una reacción todavía discursiva, explica la politóloga María Freixanet, coordinadora del estudio de 2025 Chicos, chicas, y un abismo. Opiniones sobre la igualdad y el feminismo, elaborado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials. “Pero si no lo trabajamos podría transformarse en un pensamiento profundo, en una forma de ver el mundo, y en una involución real”, advierte.

Menos machistas, pero más antifeministas

Y, si queremos entenderles de verdad, debemos asumir que la heterogeneidad es algo que, como al resto de la sociedad, les caracteriza; que no es un problema generacional, pues factores como la ideología o el género tienen mayor influencia en todo esto que la propia edad; y que entre lo que dicen y la forma en la que actúan hay una gran brecha.

Porque no, no son alarmantemente machistas. Al menos no más que generaciones anteriores. De hecho, según las conclusiones del estudio Más allá del compromiso y la reacción del Consejo de la Juventud de España, más de siete de cada diez personas jóvenes son favorables, al menos, a los principios básicos de la igualdad de género (el derecho al aborto, la penalización a las empresas que discriminan a las mujeres tras su maternidad, o la gravedad de la violencia sexual y de género).

En esta investigación se divide a la juventud española en cuatro perfiles: el igualitario (42%) —el más numeroso, que destaca por identificarse con posturas hacia la igualdad de género más ambivalentes, sin ser hostiles a las mismas—; el feminista (34,6%), en el que 3 de cada 4 son mujeres—; el tradicional (17%) —8 de cada 10 son hombres y se ubican muy a la derecha en el espacio ideológico—; y el distante (6%) —que muestra opiniones poco claras hacia los diferentes aspectos sobre la igualdad de género—.

Un término que genera rechazo

Néstor (17 años) explica que el feminismo en su generación causa “bastante rechazo”. “Pero es por la imagen en sí. La gente lo odia. Casi cualquier política feminista puede ser completamente razonable, pero a lo mejor en cierto vídeo se comunica tan mal, como si fuese una lucha entre bandos, que acaba pasando esto”, explica. Aitana (16) cree que las chicas en general “sí que piensan que hay que apoyarlo”, pero que ellos creen que “ahora es todo para que la mujer sea mejor que el hombre”. Algunas de sus compañeras, asegura, también están de acuerdo con esta posición.

Miguel Lázaro, presidente de EQUALS, el recién nacido Instituto de Masculinidades e Igualdad, sostiene que, más allá del enorme impacto que ha tenido la ultraderecha y la desinformación en el relato, también hay responsabilidad en el hecho de que “no se le puede dar una respuesta individual a un problema estructural”: “Hay un discurso de: ‘Los hombres lo que tenéis que hacer es revisaros y deconstruiros’, y eso es como enviarnos al rincón de pensar, pero cuando empiezas con ello te das cuenta de que te puedes pasar toda la vida en ese rincón, descubriendo ideas patriarcales”.

Duque celebra que desde las pedagogías feministas ya se esté haciendo autocrítica en este sentido. “Hay personas que han ido a acercar estos temas muy a la defensiva con los hombres jóvenes. Pero su realidad, aunque solo sea por la edad que tienen, no tiene nada que ver con la de los hombres adultos”, continúa. Una vez que ella adaptó la forma de interpelarles, dejó de ver “posturas antifeministas super rígidas”. “Esta generación es más feminista que sus padres y sus abuelos, pero no te lo van a decir con esa palabra”, resume.

Iguales, pero desiguales

Néstor no conoce a ningún chico de su instituto que crea seriamente que las mujeres son inferiores, o al menos nadie que defienda eso abiertamente. “Pero sí que me han contado que en otros institutos sí que hay alguno así”, dice. Aitana también cree que, en general, sus compañeros no piensan que “por ser mujer no puedas hacer algo”. Únicamente nota cierta discriminación en el ámbito deportivo. 

Esta visión coincide con lo que dicen los expertos. “Creo que la mayoría ya ha normalizado que las mujeres conducen, trabajan, tienen dotes de liderazgo, porque lo ha visto en su entorno”, sostiene Lázaro. “Puedes encontrarte con un chico que sostenga que el feminismo es odio hacia los hombres, y que después te diga que espera tener una pareja y que ambos cuiden y trabajen por igual. Pero para ese chico eso no es feminismo, eso es normal”, afirma Freixanet.

Lo formal les está diciendo: ‘Las chicas son vuestras iguales’ y los canales informales de socialización (pornografía, música, redes) les están diciendo: ‘Ellas son unas desiguales, ellas son cosas, objetos’

En tiempos donde existe esa relativa igualdad formal, es, quizás, más sencillo ignorar de forma deliberada el enorme cúmulo de violencia y discriminación que hay por debajo de esa aparente “formalidad”. De hecho, llama la atención que hay un mayor acuerdo entre los varones jóvenes ante frases como “los hombres están desprotegidos ante las denuncias falsas” (57,6%) que ante la afirmación “vivimos en una sociedad patriarcal que discrimina y violenta a las mujeres” (33%), según recoge un reciente estudio de Fad Juventud

Pero no mirar el problema no hace que deje de existir. “La verdad es que los chicos están en un momento histórico paradójico, porque reciben un doble mensaje. Lo formal les está diciendo: ‘Las chicas son vuestras iguales’ y los canales informales de socialización (pornografía, música, redes sociales, etc.) les están diciendo: ‘Ellas son unas desiguales, ellas son cosas, objetos’. Entonces ella es una igual pero ella es una desigual”, profundiza Freixanet.

Por otra parte, la persistencia de las narrativas que reproducen los mitos del amor romántico en la ficción, además de los divergentes mundos que les muestran los algoritmos (skincare para ellas y manosfera para ellos), están contribuyendo a que los estereotipos de género sigan reforzándose.

Tienen más claro el consentimiento, pero persiste la violencia sexual

Por su parte, a ellas, cuenta la investigadora, les preocupa mucho la violencia sexual. “Sufren de forma crítica las presiones que dicen vivir en el terreno íntimo, en sus primeras relaciones sexuales. Peticiones de ciertas prácticas, imaginarios pornográficos, etc. La sexualidad es lo que las desiguala”. Según el informe de Fad Juventud, el 20% de ellas y el 8% de ellos se han sentido forzados a tener relaciones sexuales con su pareja pese a no querer hacerlo. Además, el 12,4% de ellas y el 3,2% de ellos dice sufrir acoso sexual con frecuencia.

No obstante, todos los jóvenes con los que ha hablado elDiario.es destacan de su generación que tiene más claro e integrado el tema del consentimiento. “Se tiene muy en cuenta en la mayoría de las relaciones, de los líos que hay”, dice Pablo (19 años). “La mayoría de gente que conozco es muy respetuosa y delicada con eso”, dice Aitana. 

Pero ello no quita, cuenta, que haya una minoría muy diferente: “Conozco a otros que son más violentos y no tienen ese cuidado. Incluso sé de un caso en el que él no pidió consentimiento e hizo lo que quiso. Se me vienen a la mente varios chicos que son de esta forma. Hace poco ocurrió algo así en un instituto y los demás chicos que se enteraron quisieron ir a pegarle a él. Casi todos la creyeron a ella porque había audios suyos llorando”.

Una minoría envolvente

Y en esa minoría está la clave. Aitana dice que alrededor del 10% de los chicos de su curso son, de una u otra forma, problemáticos con las mujeres. “Creo que sí que es verdad lo de que creadores de contenido como Llados están influenciando a algunos de ellos, porque a lo mejor en el fondo tienen pensamientos machistas pero con esos vídeos los validan, los normalizan”. Néstor estima que en torno a un 5% de los chicos de su instituto son así.

Pero, pese a que sean pocos, contaminan en mayor o menor medida al resto. Algo en lo que todos coinciden, pese a jurar que “son solo bromas”, es en que los chistes machistas están muy extendidos. “A veces nos dicen: ‘las mujeres a la cocina’”, cuenta I. (15 años).

Sin embargo, hay otras actitudes que sí les preocupan de verdad. “Siempre está el típico que dice ‘esa es una puta’. Los demás se ríen y acaba no pasando nada”, dice Néstor. “Cuando están insultando a una chica por ser más masculina, hay una parte que la defiende, pero otra que se ríe”, explica I. “En mi instituto se dice constantemente, todo el rato, la palabra ‘maricón’. Si eres un hombre, no puedes ser sensible. Están constantemente separando entre lo que está aceptado que haga un tío y lo que no”, prosigue Néstor.

Jesús Moreno, psicólogo especializado en masculinidades y coordinador de Bróders explica que lo que está ocurriendo es que una gran parte de ellos se encuentran “en los grises”: No tienen un pensamiento machista basado en la resistencia, pero tampoco “posibilidad de liderar”. “Ocurre lo mismo con el bullying, y superar esto es difícil. Se juegan, digamos, su estatus social”, asegura.

Dispuestos a aprender, a cuestionarse

Duque observa, pese a todo esto, una neuroplasticidad, una apertura, a poder cuestionarse a sí mismos que no ve en gente de más edad. Están, en general, dispuestos a escuchar y a seguir aprendiendo. “Tenemos que ir mucho más allá de la frase que te pueda decir un adolescente. Es de vital importancia que nos pongamos en su piel para empatizar con todo lo que está viviendo y viendo a su alrededor para poder entender por qué abraza determinados discursos que aparentemente le dan muchísima estructura y seguridad”, sostiene.

Necesitan un acompañamiento real por parte de los adultos. “Que estemos cerca y que les queramos, porque en muchos casos sus necesidades no están siendo atendidas y se sienten alejados de sus referentes más inmediatos. Tenemos que hacer una escucha desde el vacío, acercarnos con una mirada curiosa”, señala.

Al igual que les hemos animado a ellas a empoderarse, ahora tenemos que animarles a ellos ser más empáticos, cuidadores, amorosos, vulnerables

Es imprescindible, por otro lado, “generar conversación, políticas públicas que estén dirigidas a los hombres, y un discurso político que invite a todas las personas a trabajar por ese futuro distinto. Y animar a ello no solo desde el refuerzo negativo, sino también desde el positivo. Al igual que les hemos animado a ellas a empoderarse, ahora tenemos que animarles a ellos a ser más empáticos, cuidadores, amorosos, vulnerables. Esta es una carencia que se nota en las aulas y en el sentir social”, resume Lázaro.

Todos los expertos defienden, además, que la puesta en marcha de una educación sexual integral de calidad en todas las comunidades autónomas debe ser algo inaplazable. “Existe muchísima evidencia científica, de décadas, que habla de que es la mejor manera de poder hacer prevención de agresiones sexuales, de fomento de buenos tratos, de tener mejor autoestima. En los países en los que se hace es una pasada”, recalca Duque.

Y, finalmente, la psicóloga anima a los adultos a hacer autocrítica: las personas jóvenes han de dejar de ser ese lugar en el que echar y proyectar todo lo que no nos gusta de la sociedad.