El Mediterráneo se “tropicaliza”: aparece por primera vez en Balears una planta invasora de zonas mucho más cálidas

Que el Mediterráneo se esté calentando no es ninguna sorpresa para nadie. Expertos llevan años advirtiendo que la temperatura del mar no para de subir, lo que está afectando a sus ecosistemas y las especies que habitan en él. El Mediterráneo se calienta el doble o triple de rápido que otros mares, por ser un mar cerrado con mucha radiación del Sol y sin apenas intercambio con otros océanos. El instituto de investigaciones Mercator Ocean International registró durante los meses de verano de 2025 temperaturas récord en sus aguas: una temperatura superficial media de 26,68°C en julio. 

Esto ha llevado a que especies originarias de zonas más tropicales y cálidas se sientan “como en casa” en el Mediterráneo. Especies invasoras están llegando y reproduciéndose en sus aguas, lo que afecta directamente a la biodiversidad del mar. Hace unos meses, investigadores del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), del Centro Balear de Biología Aplicada y del Centro de Estudios Avanzados de Blanes hallaron la presencia de una planta marina invasora de origen tropical en Balears, a tan solo tres kilómetros del puerto. 

El hallazgo de la especie Halophila stipulacea ha supuesto el registro más occidental de esta planta en todo el Mediterráneo, ya que su presencia se centraba en puntos muchos más al este. De hecho, es nativa del Mar Rojo, el Golfo Pérsico y el Océano Índico. 

El primer registro de esta planta en el Mediterráneo consta de hace unos 150 años, cuando se abrió el canal de Suez. Sin embargo, cada vez se ha ido desplazando más hasta el oeste, llegando finalmente a aguas españolas. Desde su presencia en el estrecho de Mesina, en Italia, los investigadores españoles estaban alerta para su posible llegada a nuestras aguas. “Una vez en el estrecho de Mesina, pasan al sur de Cerdeña y luego el siguiente punto es aquí. No nos sorprende, pero esperábamos o confiábamos que no llegase tan pronto”, explica Lucía Loubet, técnico en ecología marina del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados y que ha participado en el estudio. 

Los investigadores observaron la especie por primera vez en octubre de 2023, cuando un pescador avisó al Centro Balear de Biología Aplicada tras sacarla a la superficie mientras pescaba. Posteriormente, comenzaron con las investigaciones y análisis para confirmar la presencia de pequeños parches de esta especie establecidos sobre fondos arenosos. “En los últimos años está avanzando hacia el Mediterráneo occidental y este descubrimiento es el más al oeste que se ha encontrado”, asegura Loubet. 

Para su correcta detección, es importante concienciar a la gente, sobre todo a los pescadores, pues son quienes mejor conocen el mar: si encuentran o sospechan que han encontrado indicios de la Halophila stipulacea, debe comunicárselo al Centro Balear de Biología Aplicada, o la entidad correspondiente. 

Loubet explica cómo esta especie llegó al Caribe hace unos 20 años y arrasó con todo: “Las condiciones son mucho más óptimas allí, pero en el Mediterráneo cada vez son más óptimas para ella y otras especies”. El calentamiento de las aguas del Mediterráneo está llevando a que ecosistemas enteros se alteren y empiecen a asemejarse a aquellos mucho más cálidos. 

La Halophila stipulacea ya está entrando en conflicto con la conocida posidonia oceanica, endémica del Mediterráneo y que tiene una gran presencia en sus aguas. Loubet explica cómo esta planta marina invasora, aprovechando los espacios alterados por la actividad humana, está sustituyendo a la posidonia en muchos puntos, ya que “es una especie que se adapta mucho mejor a los cambios de temperatura, de luz y de nutrientes”.

¿Cómo llegó a Balears?

Su llegada a aguas cercanas a Palma se debe, con casi toda seguridad, al tráfico marítimo. Según Loubet, los principales portadores de esta especie podrían ser grandes barcos recreativos como cruceros, que recorren el Mediterráneo desde Grecia hasta Cádiz y arrastran diferentes especies a su paso. “Siempre se ha hablado del tráfico comercial, pero cada vez más el recreativo (el barco grande, los megayates) está trayendo muchas especies”, explica Loubet. 

Los cruceros y las grandes embarcaciones utilizan grandes cantidades de aguas de lastre (agua bombeada a los tanques de los barcos para garantizar su estabilidad y seguridad) que pueden transportar microorganismos o especies invasoras y su gestión está regulada internacionalmente para proteger los ecosistemas. Sin embargo, hay casos como el de la Halophila stipulacea que, a través del anclaje de las embarcaciones, se ha transportado de un lado a otro del Mediterráneo. 

La proximidad al puerto de la bahía de Palma (unos tres kilómetros) refuerza la hipótesis de haber sido introducida debido al tráfico marítimo y embarcaciones de gran tamaño. Los investigadores creen que la especie podría haber llegado antes a Balears, pero que no hubiese tenido las condiciones correctas y adecuadas para sobrevivir. Es en verano, ante las altas temperaturas del mar, que la planta crece rápidamente y se extiende con más facilidad. 

Especies que se “desorientan” debido al cambio climático

El incremento de las temperaturas no solo del océano, sino también de hábitats terrestres, está “desorientando” a algunas especies, que están empezando a aparecer en zonas que no les corresponden. Por ejemplo, a finales de 2025, se detectaron mosquitos por primera vez en Islandia, como consecuencia de su calentamiento. Hasta octubre del año pasado, Islandia era uno de los únicos territorios en el mundo que no contaba con la presencia de estos insectos. 

Y, sin ir más lejos, en el Mediterráneo también se han registrado ejemplares de la medusa tropical Cassiopea andromeda en aguas de Almería. Otra especie como la Halophila stipulacea, que entró al Mediterráneo a través del canal de Suez, y cada vez se está desplazando más hacia el oeste por las cálidas temperaturas del mar. 

También es el caso del pez león: antes era raro su avistamiento, pero su progresiva presencia en el Mediterráneo ha hecho que ahora sea normal ver unos 15 o 20 ejemplares bajo el agua al mismo tiempo. Es un gran depredador de peces más pequeños, como los gobios, que ya han desaparecido casi por completo en varias zonas. 

Incluso un reciente estudio detectó un aumento de la Gephyrocapsa oceánica en el Mediterráneo, una especie de cocolitóforo (un tipo de plancton microscópico) más común en aguas atlánticas tropicales y que sigue apuntando a la tropicalización del mar.