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Los obispos españoles callan ante el desahucio de Maricarmen o la crisis humanitaria en Ceuta

Jesús Bastante

en religiondigital.com —
25 de septiembre de 2026 22:36 h

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El pasado lunes, Maricarmen fue desahuciada de la casa en la que había permanecido durante más de siete décadas. La acción judicial y policial, motivada por un fondo buitre, sacó a la anciana, de 87 años, de su hogar ante el clamor popular. Entre los que se manifestaron tratando de impedir el desahucio, y protestando por ello en las calles de Madrid, Barcelona, València o Sevilla, había muchos católicos. Cristianos de base, monjas, sacerdotes y movimientos como la HOAC. Pero ningún obispo. La Conferencia Episcopal no emitió ningún comunicado, ni hubo reflexión alguna de los obispos en sus redes sociales. Y eso que muchos de ellos se expresan a través de X prácticamente a diario.

¿A qué se debe este silencio, que se suma a la extraña falta de locuacidad –salvo honrosas excepciones, como las de los obispos de Mondoñedo, Málaga o Sant Feliu, y lamentables opiniones, como la del ultra arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz– respecto a la tragedia de Ceuta, que León XIV ha calificado este viernes de “crisis humanitaria”?

Las opiniones difieren entre algunos obispos consultados por elDiario.es. “Todavía no hemos sabido reposar el viaje del Papa”, explica uno. “Ya hablará el portavoz en la rueda de prensa de la Comisión Permanente [prevista para el 1 de octubre]”, apunta otro. “En realidad, no sabemos bien qué decir”, admite un tercero, que explica la “situación de letargo” que se vive en el seno del episcopado ante los futuros cambios internos y, especialmente, “ante el más que previsible cambio de Gobierno”.

“Hay mucho miedo en algunos sectores, especialmente en los temas sociales, después de los ataques de Vox a los obispos, a Cáritas y las ONG de la Iglesia que trabajan con migrantes”, resalta un experto de estas instituciones, que como casi todos los interrogados para este reportaje prefiere no desvelar su identidad. “Pero sí, es especialmente preocupante que no alcemos la voz, como Iglesia institución, y más que no lo hagamos después de la visita del Papa”.

Un León XIV que fue especialmente incisivo en la defensa de la acogida a los migrantes, tanto en su aplaudido (y olvidado) discurso en el Congreso de los Diputados, como en el muelle de Arguineguín. Un Prevost que, por cierto, recibió en la Cámara Baja, de manos de la portavoz de Sumar, Verónica Barbero, una carta del Sindicado de Inquilinas de Madrid en la que le pedían ayuda para “frenar la especulación y a extender los valores de solidaridad, justicia y fraternidad”.

“Nos dirigimos a usted, aprovechando su visita a Madrid, para hablarle de la crisis de vivienda que estamos sufriendo y, más concretamente, cómo está afectándonos a inquilinos e inquilinas que vivimos en viviendas propiedad de entidades vinculadas a la Iglesia Católica”. Así arranca la misiva en la que el sindicato destaca la situación del mercado inmobiliario en la comunidad “más rica de España”, como es Madrid, donde ha habido varios intentos de desahucios ligados a instituciones religiosas.

Una de las religiosas que, desde hace años, trabaja con las personas en riesgo de desahucio es Pepa Torres. La teóloga, miembro de las Hermanas Apostólicas del Corazón de Jesús y unas de las fundadoras de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, denuncia que casos como el de Maricarmen muestran la “absoluta vulnerabilidad de la persona desahuciada”.

“Al hacer este desahucio, la ley española está incumpliendo un reglamento de la ONU en donde exigía a los gobiernos que llevan a cabo desahucios”, lamenta la religiosa, que denuncia cómo “en Madrid conviven dos modos de ser ciudad. El Madrid del gran capital, el de los fondos buitres, que expulsan a los vecinos para enriquecerse; y el Madrid de los pobres, el de los barrios con cada vez menos estructuras y apoyos”. Entre quienes siguen apoyando los barrios, muchas parroquias y voluntarios, a través de Cáritas, o instituciones como la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), que sí ha alzado la voz junto a los sindicatos, reclamando medidas destinadas a frenar la especulación, ampliar la protección frente a los desahucios y garantizar alternativas habitacionales para las personas y familias en situación de vulnerabilidad.

“Pedimos que dejen de cruzar reproches mientras hay personas que pierden su hogar. Es urgente impedir que las familias vulnerables sean desahuciadas sin una alternativa digna, ampliar la vivienda pública y afrontar las prácticas especulativas”, denuncia su presidenta, Paloma Becerra, quien sostiene que la Doctrina Social de la Iglesia “nos recuerda que tierra, techo y trabajo son derechos sagrados”.

“Las palabras del papa Francisco, asumidas por León XIV nos comprometen. Como Iglesia, estamos llamados a escuchar y acompañar a quienes sufren, a denunciar las situaciones que vulneran su derecho a la vivienda y a apoyar a las organizaciones vecinales, sociales y sindicales que lo defienden”, insiste Becerra. Sin embargo, ningún obispo español ha sido capaz de hacer el más mínimo apunte ante el desahucio. Sí lo ha hecho la ultraderecha ‘católica’, que ha llegado a criticar a los cristianos que se oponían a la expulsión de Maricarmen de su hogar, acusándoles de “crear un Evangelio a la imagen del PSOE”.

Un silencio muy extraño, ya que, en circunstancias similares, como el desalojo de una nave okupada por migrantes en Badalona en las navidades pasadas, que dejó a centenares de personas en la calle, en pleno invierno y sin alternativa habitacional, los obispos catalanes emitieron un pronunciamiento oficial conjunto, en el que lamentaban una medida que tachaban de “aporofobia y xenofobia”.

Entonces, los obispos señalaban que “la respuesta no puede ser el silencio ni la indiferencia. Ante todo, hace falta una respuesta humanitaria inmediata”. Ahora, un inquietante silencio. Que, como apuntaba uno de los prelados consultados, podría tener que ver más con la precaución ante un previsible giro político a la derecha. Pero que se da de bruces contra el anuncio del Evangelio, que no entiende (o no debía hacerlo) de componendas políticas. ¿O es que temen los obispos el ascenso de la ultraderecha?

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