El Papa llega a España con una Iglesia dividida entre aperturistas y la vieja guardia ultra
León XIV llega este sábado a España. Será la primera vez en 15 años que un pontífice visita nuestro país, uno de los favoritos por sus antecesores. Juan Pablo II vino hasta en cinco ocasiones, Benedicto XVI, en tres. La última, para clausurar, junto al entonces todopoderoso cardenal Rouco Varela, conocido por su dura oposición al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid de 2011.
Desde entonces, ningún Papa ha venido a España. Francisco no quiso hacerlo. ¿Por qué? “Primero tienen que ponerse ustedes de acuerdo”, afirmó en varias ocasiones, subrayando no tanto la creciente polarización social y política en nuestro país, con el creciente papel de la extrema derecha de Vox, sino la profunda división en el interior de la Iglesia. Quince años –y un pontificado– después, la brecha no ha hecho sino aumentar.
La España que acogerá a Prevost está más dividida que entonces. También la Iglesia. De hecho, como adelantó elDiario.es, uno de los ejes de los discursos que el Papa dará en estos días girará en torno a la necesidad del diálogo en el interior de la Iglesia, al respeto de la diversidad y a la unidad de acción dentro de una sociedad donde los cristianos tienen que ser parte de la solución, y no –como ha sucedido en demasiadas ocasiones en los últimos tiempos– del problema.
¿Qué Iglesia se encontrará León XIV? El panorama, contra a las tesis de quienes apuntan a un ‘giro católico’ en la sociedad española, sigue siendo “desolador”, pese a reconocerse ‘brotes verdes’ entre algunos sectores de la juventud. Movimientos sobre los que advirtieron recientemente los obispos por el riesgo de “abuso espiritual” o “bombardeo emocional”, como los ‘retiros de impacto’ (Effetá, Emaús) o Hakuna (omnipresente en este viaje, al igual que el Opus Dei –los máximos responsables de la organización de la visita, entre ellos su coordinador general, Yago de la Cierva, forman parte de la prelatura–), ocupan buena parte de la agenda eclesiástica, orillando a movimientos sociales como la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) o la Iglesia de base. Y también es evidente la fuerte presencia una férrea doctrina en lo moral que, en ocasiones, opaca la ingente labor social de Caritas, Manos Unidas u otras ONG católicas.
La Iglesia española está presidida por el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, quien en su etapa como secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE) argumentaba que apenas había “unos pocos casos, o ninguno”, al referirse al drama de la pederastia y que ahora, como su máximo representante, asegura que la Iglesia es ejemplo de lucha contra los abusos, cuando la realidad muestra que estamos ante la Iglesia más refractaria a asumir su responsabilidad, junto a la italiana o polaca, de todo el continente.
Este viernes por la noche el Vaticano ha anunciado que el Papa se reunirá con supervivientes de la pederastia eclesial en España. Pese al anuncio, la Santa Sede ha evitado ofrecer más detalles de cómo y cuándo se producirá. Ante la ausencia de noticias, varias asociaciones de víctimas tenían previsto concentrarse ante las puertas de la ‘casa del Papa’ en Madrid. “León XIV, no recibiendo a las víctimas, ni siquiera fuera de agenda, ni siquiera veinte minutos de su poblada lista de actos algunos irrelevantes, comete un error mayúsculo que las víctimas nunca olvidaremos ni por supuesto perdonaremos”, explicaba hace unos días a elDiario.es Juan Cuatrecasas, portavoz de ANIR Infancia Robada.
Conservadores y contra el Gobierno
La mayoría episcopal continúa estando, como hace década y media, alineada en el sector más conservador de la Iglesia, en materia de moral sexual, y también política, con declaraciones de varios prelados reclamando, desde hace meses, la dimisión del Gobierno y elecciones, y cuestionando acuerdos firmados, incluso, con la propia jerarquía, como el de la resignificación de Cuelgamuros o el nuevo sistema de reparaciones a víctimas de la pederastia.
Con todo, León XIV, al igual que hizo Francisco, ha mostrado sus preferencias. Y lo ha hecho en la figura del cardenal de Madrid, José Cobo, actual vicepresidente de la Conferencia Episcopal y miembro del dicasterio de Obispos, el encargado de diseñar el ‘mapa’ de futuros obispos. Un Cobo que, en la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal, sigue teniendo una notable minoría de apoyos, apenas una veintena frente a los 70 obispos residenciales en las diócesis de nuestro país.
La tesis de Roma, con Bergoglio y ahora con Prevost, es la de buscar prelados que puedan contribuir a generar en la Iglesia española el espíritu de la sinodalidad y de la apertura social. Prueba de ello ha sido la participación de entidades eclesiales en el proceso de regularización extraordinaria, pese a que ello conllevara duras acusaciones por parte de la ultraderecha, supuestamente católica, de Vox.
Aun así, siguen siendo mayoría los obispos que, en la actual situación, ven con buenos ojos la llegada de los más ultras al Gobierno. “Está bien que Vox controle al PP, que no deja de ser el PSOE de hace diez años”, constata un prelado perteneciente al sector más rigorista del episcopado español y que entiende, como muchos, que la “prioridad nacional” también pasa por reivindicar los valores ‘católicos’ de la sociedad española. Un movimiento identitario en el que grupos como Abogados Cristianos o HazteOír han vuelto a lograr, pese a la cercanía de algunos de ellos con El Yunque (sociedad secreta prohibida por la Iglesia) volver a tener altavoz en las parroquias.
El Papa hablará, y mucho, a la clase política y social. Desde su llegada este sábado al histórico discurso en el Congreso de los Diputados, o sus gestos con los migrantes en el muelle de Arguineguín. Pero sus mensajes también estarán orientados hacia el interior de una institución que necesita, con urgencia, trabajar para aflojar el ambiente de crispación generalizado, y ofrecer respuestas a las víctimas de abusos, los migrantes y las realidades históricamente olvidadas por la institución, y que el pontificado de Francisco ayudó a visibilizar en el interior de la Iglesia. Bergoglio lo intentó, pero no tuvo éxito en España. Tal vez por ello no quiso visitar nuestro país. ¿Lo logrará Prevost? Este viaje marcará la pauta del futuro de la Iglesia española. ¿Hacia dónde? Lo veremos.
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