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CRÓNICA

Pseudohistoriadores, leyes de concordia, redes sociales y raperos fachas: el revisionismo gana terreno 90 años después

17 de julio de 2026 21:41 h

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“Nunca ha habido un relato consensuado sobre la Segunda República, la Guerra Civil y el Franquismo, tampoco entre los historiadores”. “No se puede contar la historia de la Guerra Civil desde un prisma ideológico, debe explicarse también la represión por parte del bando republicano”. “La ley debe incluir a las víctimas de la violencia revolucionaria del Frente Popular, todos los actos de violencia política que se hayan cometido desde 1931”. “La etapa posterior a la Guerra Civil no fue una etapa oscura, sino de reconstrucción, progreso y reconciliación”. “La Guerra Civil inauguró el período de paz más prolongado, fructífero y libre de golpes internos que haya vivido España en al menos dos siglos”. “Si Dios existiera se llevaría a Sánchez y traería a Primo de Rivera”. “Ganamos una vez y ahora nos piden la revancha”. “Vamos a volver al 36”.

El párrafo anterior recoge frases oídas o leídas recientemente. No diré quién dijo quién, pueden jugar a adivinar la autoría: una intervención de un diputado en el Congreso de los Diputados, la exposición de motivos de una ley autonómica, palabras de una concejala de cultura, un libro que ha vendido más de 300.000 ejemplares, unos versos cantados por dos raperos con miles de seguidores, y una canción supuestamente humorística interpretada en mítines políticos.

En el día de hoy, noventa años después del comienzo de la Guerra Civil (que comenzó en 1936, no en 1934 ni en 1931, no está de más recordarlo), no parece que hayan alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos ni que la guerra (ahora cultural) haya terminado: la propaganda neofranquista avanza en todos los frentes (político, institucional, mediático, editorial y digital), ha normalizado su discurso y obtenido legitimidad creciente, en tanto resuena en tribunas de parlamentos, ayuntamientos y gobiernos autonómicos.

Lo comento con el antropólogo del CSIC Francisco Ferrándiz, que trabajó durante años en el intento de resignificación democrática del Valle de Cuelgamuros (ex Valle de los Caídos): “Es un fenómeno global, no solo español; y multidimensional, tiene que ver con una nueva relación con el pasado derivada de muchas cosas: el vértigo de la información, las redes sociales, los pasados fingidos y hasta generados con IA; junto a la decadencia e incluso el fracaso del modelo ético memorial que se basaba en la idea pedagógica de que recordar el pasado impediría su repetición. Estamos ante una situación de emergencia memorial”.

De aquellos Moas, estos revisionistas

Que la República no era tan democrática ni Franco tan sanguinario, o que la guerra la empezaron los socialistas en el 1934, no son ideas nuevas ni las ha traído TikTok. Hace más de veinte años ya conocimos una primera ola de pseudohistoriadores que, con generoso respaldo de medios y de editoriales, y con la simpatía del primer gobierno del PP (Aznar decía ser lector del más vendido de entre ellos), intentaron colarnos como nueva la misma vieja propaganda de la dictadura. Un éxito editorial en un tiempo en que todavía la letra impresa marcaba la opinión pública. Sus autores siguen hoy publicando con éxito, y son invitados y hasta homenajeados en conferencias y jornadas por fundaciones y universidades privadas.

Algunos historiadores bajaron entonces al barro para rebatir a los propagandistas. El más combativo fue Francisco Espinosa, investigador imprescindible para conocer la represión franquista en Andalucía y Extremadura. Le pregunto a Espinosa, que recuerda cómo el revisionismo actual tiene su semilla hace décadas. No se refiere solo a los Pío Moa y compañía, que “se sentían seguros y amparados por la prensa de derechas y el PP en el gobierno”, sino que señala la responsabilidad de una parte de la universidad española, que “durante los 80 y todavía los 90 no favorecía las investigaciones más problemáticas”. “Los departamentos de Historia, al menos en Andalucía, estaban controlados por el Opus, y cuando les llegó la jubilación dejaron en su lugar a gente de orden que no tenía interés en trabajar esos temas”, y eso hizo que investigadores como él trabajasen al margen del mundo académico y con sus propios medios. “No conozco otro caso como el español, ningún país europeo se ha negado así a abordar el pasado”.

Un historiador de la generación ya nacida en democracia, y que sí trabaja en una universidad que no es ya la de aquellos años, es el catedrático de la Autónoma de Barcelona Javier Rodrigo. Para él, aquel revisionismo de los 2000 “no tenía nada de historiográfico, era un relato sesgado y presentista sin más objetivo que oponerse al relato de la llamada memoria histórica. Sus aportaciones eran y son irrelevantes. Otra cosa son las redes sociales, forocoches, videojuegos o tribunas mediáticas: terrenos donde la historiografía tiene un espacio muy limitado; resumir años de investigaciones en un TikTok es complicado e insatisfactorio. No es mi terreno. Las simplificaciones y mistificaciones se las dejamos a otros, vengan de donde vengan, porque desde las instituciones públicas también se simplifica sobre el pasado”.

¿Tienen alguna responsabilidad los historiadores de la Guerra Civil en el éxito social del revisionismo? Lo comento con los investigadores Pablo Sánchez León y François Godicheau, que han reflexionado conjuntamente sobre el asunto y son muy críticos con la forma de trabajar de algunos de sus colegas. Godicheau señala “la preocupante situación de los estudios sobre un asunto de tanta relevancia como la destrucción de la República” y añade que “el paisaje historiográfico actual presenta una tensión irresuelta entre el acopio de investigaciones de campo que en ocasiones abren nuevas temáticas y contribuyen a mejorar la comprensión del período, y el predominio de un formato general de preguntas y métodos de investigación, marcos interpretativos y esquemas narrativos, que no despegan de sus orígenes en el final del régimen de Franco.” Sánchez León apunta un riesgo: “El público al que antes iba dirigida la versión deslegitimadora de la República está ya proyectando un tipo de régimen cuando menos postdemocrático, si es que no ajeno a la democracia, lo cual anticipa que va a ir dejando de demandar relatos que se queden en subrayar el fracaso de la democracia republicana.” Coinciden ambos en que “en un escenario así se necesita un esfuerzo intelectual e institucional que no puede quedarse en la mera reforma de las asignaturas de la enseñanza obligatoria”.

Las víctimas, desprotegidas ante el revisionismo

Volviendo a los propagandistas neofranquistas, todos los consultados coinciden en que su proyección pública en el cambio de siglo fue una respuesta al naciente movimiento de memoria histórica, impulsado por familiares (hijos, nietos, bisnietos) de las víctimas. ¿Cómo ve el activismo memorialista la ofensiva revisionista? Emilio Silva, fundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica desde aquella primera apertura de una fosa en Priaranza del Bierzo en el año 2000, denuncia “las narrativas hegemónicas que se han fomentado en España por las elites del franquismo, que lo han seguido siendo en la recuperada democracia desde ámbitos políticos, económicos, académicos o culturales. Para blanquear sus presentes esas élites han necesitado edulcorar la visión de sus pasados. Una narrativa paralela a la impunidad jurídica”.

Y Paqui Maqueda, activista y escritora, de la asociación andaluza Nuestra Memoria, ve un peligro añadido: “Las víctimas y las familias soportamos estas situaciones en indefensión, poniendo el cuerpo; encabezando un movimiento como el de memoria histórica nos sentimos señaladas, desprotegidas.” Se muestra muy crítica con el Estado “que no ha hecho los deberes a tiempo, sobre todo en materia educativa, donde no hemos perdido la guerra, pero sí batallas muy importantes. Además, las leyes de memoria no se han desarrollado como debían, o se han quedado congeladas y sin presupuesto, como hizo Rajoy o aquí Moreno Bonilla. Leyes que muy raramente han servido para sancionar la exaltación franquista, lo que aumenta nuestra indefensión”.

La concordia y la nueva memoria “de ambos bandos”

Unas leyes de memoria, estatales y autonómicas, que se convierten hoy en la primera presa a abatir por los gobiernos de derecha y ultraderecha. De la “memoria democrática” a la “concordia” de PP y Vox, que llevan el revisionismo a las instituciones y a la legislación. La ley valenciana, por ejemplo, incluía en 2024 “los actos de violencia política desde 1931”. Preguntado el entonces portavoz de Vox por su insistencia en la violencia del Frente Popular (creado en 1936, no en 1931), su respuesta lo decía todo: “No estamos aquí para dar una clase de historia”. En Extremadura, más recientemente, la portavoz del nuevo gobierno PP-Vox defendía su ley de concordia para “alcanzar la paz social”. Ninguna sorpresa si un futuro gobierno Feijóo-Abascal comienza por derogar la actual ley de memoria democrática y sustituirla por una ley de concordia.

No solo leyes: el revisionismo político hace que gobiernos autonómicos y locales de derecha y ultraderecha intervengan, modifiquen y resignifiquen los lugares de memoria previamente significados por gobiernos de izquierda y asociaciones de memoria. Lo mismo en el proyectado y paralizado Museo de la Guerra Civil de la Batalla de Teruel, que en los refugios antiaéreos de Alicante. Todos pasan a convertirse en lugares de memoria “de ambos bandos”, mientras se protegen cruces de los caídos y otros monumentos franquistas.

Fachosfera, raperos y TikTok

Un revisionismo legitimado en instituciones, discursos políticos, medios y publicaciones, y que con esa legitimidad llega a donde ni siquiera la necesita para extenderse: las redes sociales. Si en los 2000 eran los pseudohistoriadores los que marcaban el paso, hoy son creadores de contenidos, influencers, youtubers y usuarios de TikTok (la red más joven y donde Vox tiene más seguidores) quienes propagan las simplificaciones neofranquistas: “la guerra la empezaron comunistas, socialistas y separatistas”, “todos perdimos”, “con Franco se vivía mejor”, etc. Que se lo digan a los profesores de Secundaria, que se encuentran a diario con adolescentes que vienen ya aprendidos de casa y reproducen el discurso revisionista, exhiben adornos rojigualdas, la renacida Cruz de Borgoña (esas aspas rojas que tantos llevan), y a veces cantan el Cara al Sol como una forma de rebeldía.

La llamada “fachosfera” de Youtubers es parte del frente revisionista, junto a los muchos contenidos que parecen espontáneos y en realidad elaborados y difundidos por grupos ultraderechistas muy activos en redes, y que abundan en el blanqueamiento de Franco (que construyó pantanos, creó la Seguridad Social y dio vivienda a todos los españoles, a cambio de una represión que no era para tanto, ya saben). Añadan el último fenómeno: raperos como El Jincho, Swit Eme o Angie Corine, que falsifican los códigos habituales del hip-hop (de tradición antiautoritaria) para rimar consignas revisionistas, todos con cientos de miles de seguidores en sus canales y redes.

Últimamente abundan, sobre todo en TikTok, contenidos creados por jóvenes que exhiben su “orgullo facha”. Un formato muy repetido es el de quienes publican una foto o vídeo de ellos mismos, en pose muy cuidada, y rodeados de una constelación de palabras que representan sus valores, aquello en lo que creen y que defienden: junto a familia, educación, amor o respeto, incluyen España, Dios, monarquía, jamón (un guiño islamófobo), matrimonio, Semana Santa, y a menudo también derecha, Vox o directamente Franco.

Vuelvo a Francisco Ferrándiz, que no da esta guerra por perdida: “los modelos memoriales que nos han servido para revisar críticamente el pasado necesitan ser actualizados, transformados, porque es evidente que no tienen la suficiente pujanza para enfrentarse a esta nueva realidad. Es un reto tremendo que tenemos, y un mandato de generación: tenemos que trabajar hacia la gente más joven. Cómo hacer que esto se traslade a otras generaciones que no van a leer nuestros libros ni acudir a nuestros actos, que se van a manejar con otros códigos distintos. El daño es inmenso y todavía no somos conscientes de su profundidad. No queda más remedio que rearmarnos, reconfigurar nuestra lucha memorial para buscar soluciones. Si no, este movimiento nos va a arrasar”.