La vacuna —o vacunas, porque hay varias— para la prevención de la infección por el virus de papiloma humano (VPH) sí son seguras y la evidencia es muy sólida tanto para la seguridad como para la eficacia. ¿Y cómo sabemos que son seguras y eficaces?
Primero porque las vacunas, todas, antes de comenzar a utilizarse entre la población se prueban en un procedimiento que se llama ensayo clínico que es un estudio médico controlado realizado en personas voluntarias. En estos ensayos clínicos se evalúa la seguridad de una forma muy rigurosa, primero con decenas, luego con cientos y después con miles de personas vacunadas. Los ensayos clínicos realizados con las vacunas contra el VPH demostraron que la vacuna era segura. La Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó una revisión sistemática en la que analizó datos de más de 70.000 personas que habían participado en ensayos clínicos. La conclusión de esta revisión es que no se había visto un aumento de efectos adversos graves asociados a la vacuna.
Pero, además, una vez que las vacunas han sido implementadas en los sistemas sanitarios, sigue la observación de su seguridad en la población vacunada. Según datos de la OMS y la Alianza Global para las Vacunas e Inmunización (GAVI, por sus siglas en inglés) desde 2006 que es el año en el que se registró la primera vacuna para la prevención del VPH se han distribuido más de 200 millones de dosis en todo el mundo, más de 60 millones de niñas han sido vacunadas en países de rentas medias y bajas. Y no se ha observado un mayor riesgo de efectos adversos asociados a su administración. Esto es lo que dice la experiencia.
La primera vacuna para prevenir la infección por el VPH se registró en el año 2006, la segunda en 2007 y desde entonces se han lanzado otras cuatro más. Todas ellas son seguras y eficaces para la prevención de la infección por el virus del papiloma humano. Es importante entender que la prevención de esta infección sirve para, eventualmente, evitar el cáncer de cuello uterino, ya que la infección por el VPH está asociada con la aparición de este tipo de cáncer. Si no hay infección por el VPH, no hay cáncer de cuello uterino. Tenemos la suerte de contar con herramientas —las vacunas— para prevenir esa enfermedad que es una causa principal de mortalidad femenina por cáncer.
En muchos países de renta baja, el cáncer de cuello uterino es la primera causa de mortalidad femenina por cáncer. En los países de renta alta no es así porque existen desde hace muchos años programas de cribado para detectarlo de forma temprana y poder tratarlo. Y, además, desde 2006 contamos con la eficacia de las vacunas contra el VPH.
Pero volviendo a la seguridad de estas vacunas, es muy interesante cómo fue su desarrollo porque se utilizó una tecnología, muy innovadora en su momento, llamada VLP o virus-like particles (partículas similares a virus, en español). Se trata de moléculas sintéticas formadas por proteínas virales que imitan la forma externa de un virus pero no contienen material genético por lo que activan la respuesta inmune protectora como hacen los virus, pero no pueden causar ningún daño al organismo como sí hacen los virus.
En cuanto a quiénes reciben esa vacuna, como el VPH es una infección de transmisión sexual, la recomendación de la OMS es vacunar a las niñas entre los 9 y los 14 años. Y desde el año 2011, la Academia Americana de Pediatría recomienda también vacunar a los niños en ese rango de edad.
Otro aspecto que ahonda en la eficacia de estas vacunas es que todas ellas previenen los dos tipos más frecuentes de VPH, que son los genotipos 16 y 18. Estos dos tipos son responsables de más del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino. Y además existen ya vacunas tetravalentes y nonavalente que incluyen otros genotipos también asociados con el cáncer.
Azucena Bardají es médica y doctora en Salud Pública, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y profesora asociada de la Universitat de Barcelona (UB).
Coordinación y redacción:â¯Victoria Toro.
Pregunta enviada por Fuencisla Tomillo.
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