El dolor neuropático es el que está causado por una lesión primaria o enfermedad en el sistema nervioso somatosensorial. Este sistema está formado por las estructuras, centrales y periféricas, que procesan la información sensorial del cuerpo como el tacto, el dolor, la temperatura y la posición corporal. Explicado de forma muy simple, funciona con receptores que recogen la información y nervios que llevan esa información hasta el cerebro.
Las enfermedades que pueden provocar dolor neuropático son muchas. Por ejemplo, puedes tener una hernia. Antes se pensaba que el dolor estaba provocado por la presión, es decir, que la compresión podía dañar el nervio. Pero ahora sabemos que el daño también puede estar provocado por la reacción química que se genera al salir el material de la hernia al espacio neural. Es decir, el concepto de estrés químico, que provoca inflamación, está cada vez más presente en los estudios sobre el dolor.
También en muchos casos, esos dolores neuropáticos crónicos están provocados por algunas de las quimioterapias que se utilizan para tratar el cáncer; por enfermedades degenerativas del sistema nervioso que pueden dañar los nervios; o, por ejemplo, en el caso de la diabetes, sabemos que la glucosa mantenida en sangre a lo largo del tiempo genera daño neuropático periférico.
Pero responder a tu pregunta es complicado porque hablas de dolor crónico. Es decir, no te refieres a un dolor agudo puntual. Cuando hablamos de cronicidad en el dolor hay que introducir un concepto que cambia completamente las posibles formas de abordarlo.
El dolor crónico tiene una peculiaridad que es la que va a marcar el posible abordaje. Cuando se mantiene en el tiempo, las cuestiones que influyen en cómo se siente son múltiples y dependen de cómo afecta a tu vida en todos los sentidos: personal, profesional, íntima, etc. Es decir, cómo lo vives, cuánto sufrimiento te genera y de qué tipo es ese sufrimiento.
Además, todo ello influye en cómo se transmite la información dolorosa en tu organismo. En el caso de un dolor puntual, los nervios trasmiten la información sobre el dolor que se produce en ese momento. En el caso del dolor crónico que es continuado se generan cambios en la transmisión de la información y en la interpretación que hace el sistema de las mismas. Por ejemplo, si dura mucho tiempo, a veces se producen cambios en la vía inhibitoria porque se mueren las interneuronas, que son unas neuronas cuya función es la conexión con otras neuronas para pasar información y, a la vez , se producen cambios plásticos en el cerebro.
Todo esto supone que a la hora de abordar un dolor crónico, cuando evaluamos un posible tratamiento, no nos vale con atacar el origen de ese dolor, tenemos que actuar también en esos cambios que se han producido en los nervios que, a veces, son irreversibles. Esto no quiere decir que no se pueda tratar. Es difícil, a veces, incluso muy difícil, pero existen tratamientos posibles y hay varias vías de investigación abiertas en la actualidad.
En general, los mejores resultados se están obteniendo con lo que se denomina afrontamiento activo del dolor. Se trata de un tratamiento que no se centra en el síntoma sino en las funciones. Cuando una persona hace su vida alrededor de su dolor crónico y este tiene un peso enorme en su actividad y en su día a día, de lo que se trata es de descentralizar el dolor. O lo que es lo mismo, sacar el dolor del centro de su vida. Para esto es imprescindible, además de la fisioterapia, utilizar los recursos de otras disciplinas como la psicología o la medicina.
Para responder a tu pregunta, tengo que decirte que no podemos prometer a nadie que vamos a ser capaces de curar su dolor crónico, pero sí que podemos mejorar su función, su calidad de vida y disminuir considerablemente su dolor y, por lo tanto, su sufrimiento. Pero siempre va a ser con la combinación de diversas terapias.
Andrea Caminero es fisioterapeuta, COE de Fénix Fisioterapia y profesora en la Universidad Europea Miguel de Cervantes.
Coordinación y redacción: Victoria Toro.
—Pregunta enviada por Mina Peidro.
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