Un algoritmo facial puede haber resuelto el verdadero rostro de Ana Bolena para romper dos siglos de dudas históricas

Héctor Farrés

18 de mayo de 2026 17:42 h

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Las coronas europeas cambiaron muchas veces de manos por matrimonios que acabaron convertidos en guerras, ejecuciones o rupturas religiosas. Ana Bolena apareció en uno de esos giros que alteraron la política inglesa durante siglos. Enrique VIII dejó a Catalina de Aragón para casarse con ella en 1533 y esa decisión terminó empujando a Inglaterra fuera de la obediencia al papa de Roma.

Su figura quedó ligada al nacimiento de la Iglesia anglicana y también al ascenso de Isabel I, la reina que consolidó el poder inglés en el siglo XVI. Ana Bolena reinó apenas tres años antes de morir decapitada bajo acusaciones de adulterio, incesto y traición. Aun así, su nombre siguió importante porque nunca existió un retrato aceptado por todos como una imagen segura hecha mientras seguía viva.

Stanford revisó dibujos Tudor mediante inteligencia artificial

Un estudio publicado en la revista npj Heritage Science sostiene que el retrato más conocido de Ana Bolena podría mostrar en realidad a otra mujer de la familia Tudor. El trabajo, recogido por la Universidad de Bradford y elaborado junto a investigadores de Stanford, utilizó reconocimiento facial apoyado en inteligencia artificial para revisar varios dibujos atribuidos al pintor Hans Holbein.

Los autores creen que un boceto catalogado durante siglos como mujer no identificada coincide mejor con las descripciones históricas de Ana Bolena que la imagen usada hasta ahora en documentales y enciclopedias. Karen L Davies, autora principal de la investigación, afirmó: “El resultado nos dejó completamente sorprendidos”.

Davies llevaba tiempo dudando del retrato tradicional conservado por la Royal Collection Trust y la investigadora observó detalles difíciles de encajar con las crónicas de la corte inglesa. El dibujo mostraba a una mujer rubia, con una barbilla ancha y una complexión más robusta de la que describían los testimonios diplomáticos del siglo XVI.

Charlotte Bolland, conservadora de la National Portrait Gallery, explicó: “No tenemos un retrato realizado en vida que podamos aceptar como referencia absoluta.” La corta duración del reinado de Ana Bolena y la caída política de su familia dejaron muchos vacíos en el registro visual de la época.

AdaFace comparó rostros Tudor mediante patrones matemáticos

El equipo trabajó con el modelo AdaFace, un sistema capaz de estudiar la estructura ósea de un rostro sin depender del peinado, la iluminación o el estilo artístico. Hassan Ugail, profesor de la Universidad de Bradford, explicó: “Estamos comparando dibujos mediante un algoritmo entrenado por aprendizaje automático.” El análisis convirtió cada cara en una secuencia matemática de 512 dimensiones y después calculó el grado de parecido entre unas imágenes y otras.

Para comprobar si el método funcionaba, los investigadores analizaron rostros de familiares Tudor conocidos. Los hermanos María y Enrique Howard alcanzaron un parecido del 85,5%, mientras las personas sin parentesco quedaron cerca del 36,2%. Esa diferencia permitió levantar una especie de árbol familiar basado en rasgos faciales repetidos.

La investigación también revisó la fiabilidad de las inscripciones añadidas a los dibujos de Holbein en el siglo XVIII. De los cerca de 85 bocetos conservados en Windsor, solo 12 cuentan con documentos contemporáneos que permitan identificar a la persona retratada con seguridad. Muchos nombres dependen de anotaciones posteriores que ya habían provocado errores en otros miembros de la nobleza Tudor.

El estudio señala que casi un 18% de esas identificaciones contiene fallos documentados. A partir de ahí, el grupo dirigió su atención hacia el dibujo RCIN 912190, una obra con cabello oscuro, cuello fino y rasgos más próximos a las descripciones históricas de Ana Bolena.

Ese boceto alcanzó un parecido del 76,9% con un retrato temprano de Isabel I pintado hacia 1546 por William Scrots. El retrato tradicional de Ana Bolena obtuvo un resultado ligeramente inferior y apareció más cerca de Isabel Howard, madre de la reina ejecutada. El soporte del dibujo también llamó la atención de los investigadores porque Holbein utilizó ese papel rosado durante su segunda etapa inglesa, justo en los años del ascenso político de Ana Bolena.

Bendor Grosvenor rechazó las conclusiones del nuevo trabajo

El historiador del arte Bendor Grosvenor rechazó por completo las conclusiones del estudio. Grosvenor fue tajante al decir que “académicamente, esto me parece una tontería enorme.” El especialista mantiene que el dibujo tradicional sigue siendo auténtico y recuerda que alguien cercano a Ana Bolena identificó esa imagen hace siglos. También considera que el color rubio del cabello pudo aparecer por el desgaste de capas oscuras aplicadas sobre la pintura original.

Los propios autores del trabajo evitaron presentar la investigación como una prueba definitiva. Davies y Ugail admiten que cualquier nueva documentación podría cambiar otra vez la atribución de los retratos Tudor. Aun así, el estudio abrió una vía nueva para revisar imágenes históricas que llevaban siglos aceptadas casi por costumbre. Ana Bolena murió en 1536, pero la discusión sobre su rostro sigue lejos de terminar.