La batalla de Guam dejó cráteres en el fondo marino que revelan cómo cambió el ecosistema del arrecife

La tela avanzó con el viento mientras Leona Jackson levantó la vista hacia el horizonte recién iluminado. La enfermera estadounidense distinguió la bandera japonesa con el sol naciente cuando la claridad del amanecer empezó a imponerse. Varias personas guardaron silencio cerca de ella mientras otras se detuvieron para comprobar lo mismo.

Aquel símbolo ocupó el lugar donde antes había ondeado la Stars and Stripes de Estados Unidos y convirtió un cambio militar en una señal imposible de ignorar. Jackson observó cómo el nuevo emblema dominó el paisaje durante unos instantes cargados de incertidumbre. Ver aquella bandera en lo alto confirmó de golpe que el control de la isla había cambiado de manos.

Las huellas submarinas permanecen en el litoral de Guam

Las marcas de la batalla de Guam siguen presentes bajo el agua más de ocho décadas después del desembarco estadounidense de julio de 1944 , una operación lanzada para recuperar la isla tras más de dos años y medio de ocupación japonesa.

Un estudio publicado en 2026 por la revista Heritage describe cómo un equipo multidisciplinar del National Park Service logró localizar y documentar los cráteres de explosión creados por los Equipos de Demolición Submarina de la Marina de Estados Unidos. El trabajo formó parte de un proyecto ejecutado en 2023 y financiado por NOAA Ocean Exploration para reconstruir el paisaje bélico sumergido de las playas de Asan y Agat.

Uno de los resultados que más llamó la atención de los investigadores fue el estado de conservación de los cráteres. El arrecife de Asan se encuentra en una zona poco profunda sometida a corrientes, tormentas tropicales y aportes continuos de sedimentos, factores que hacían pensar que aquellas huellas habrían desaparecido hace tiempo.

Sin embargo, las depresiones conservan perfiles definidos y apenas muestran relleno sedimentario. Tampoco presentan crecimiento coralino destacado en sus bordes, una circunstancia que apunta a que mantienen dimensiones muy parecidas a las que tenían en 1944.

Los archivos guiaron la búsqueda sobre el arrecife

La búsqueda de esas marcas comenzó lejos del mar. Los investigadores revisaron documentación histórica conservada en el Archivo Nacional de College Park, en Maryland, y recuperaron mapas elaborados a mano por miembros de los propios equipos de demolición.

Aquellos dibujos señalaban la posición de los obstáculos japoneses destruidos en el arrecife. Los documentos sirvieron como guía para orientar el trabajo de campo y permitieron relacionar puntos concretos del fondo marino actual con operaciones ejecutadas durante la guerra.

La investigación incorporó además herramientas de navegación y registro que hicieron posible contrastar los datos históricos con gran precisión. El equipo georrectificó uno de los mapas de reconocimiento del UDT 3 y lo integró en una tableta protegida para uso subacuático.

Ese dispositivo se conectó al sistema de navegación UWIS, lo que permitió dirigir a los buceadores hacia las posiciones señaladas en los documentos. El primer cráter apareció exactamente donde indicaban los registros. Después surgió una alineación de pequeñas depresiones diferenciadas del resto del arrecife, algunas todavía con fragmentos metálicos incrustados.

Las detonaciones abrieron un amplio paso en Agat

En la playa de Agat, la actuación de los equipos de demolición modificó el entorno de una forma aún más amplia. Los análisis de mapas e informes históricos permitieron identificar un canal abierto mediante explosivos a través de la barrera coralina. El objetivo era facilitar que tres buques de desembarco de carros de combate pudieran acercarse de manera simultánea para descargar material y vehículos.

El canal alcanzó unos 60 metros de anchura y todavía conserva en su interior bloques de coral desprendidos durante las detonaciones. Los investigadores cartografiaron la zona mediante fotogrametría y elaboraron un modelo tridimensional para documentar su estado actual.

Las operaciones previas al desembarco fueron extensas. Los UDT 3, 4 y 6 trabajaron durante días eliminando las barreras instaladas por las fuerzas japonesas para frenar la llegada de las tropas estadounidenses. Solo en la playa de Asan destruyeron 623 obstáculos mediante cargas de tetritol detonadas en cadena. Un equipo podía eliminar unos 30 obstáculos en apenas 16 minutos.

Según la información difundida por NOAA Ocean Exploration, en el conjunto de las actuaciones se emplearon más de 10.600 libras de explosivos, equivalentes a unas 4.800 toneladas métricas de carga explosiva ligera.

Los especialistas propusieron aplicar el método en otros lugares

Los autores del estudio consideran que la metodología desarrollada en Guam puede utilizarse en otros escenarios históricos. Entre los lugares mencionados figuran Peleliu, Saipán, Atú, las playas de Normandía o el entorno del HMS Triumph en Gallípoli.

El trabajo defiende que los cráteres y otras alteraciones intencionadas del fondo marino deben tratarse como elementos arqueológicos de primer orden porque registran acciones militares concretas y cambios permanentes en el paisaje costero.

Esa documentación adquiere especial importancia en un momento en que el paso del tiempo, los temporales y el aumento del nivel del mar amenazan con borrar rastros que han permanecido bajo las aguas de Guam desde 1944.