Botado en 1892, estas fueron las tres grandes expediciones polares de este barco diseñado para flotar sobre el hielo

El buque polar noruego Fram, cuyo nombre significa “adelante”, es considerado toda una creación trascendental de la ingeniería naval del siglo XIX. Diseñado por el explorador Fridtjof Nansen y construido por el arquitecto Colin Archer, el navío poseía un revolucionario casco redondeado y simétrico, ideado para resistir la tremenda presión lateral de los hielos polares. A diferencia de los barcos tradicionales que terminaban aplastados por las placas de hielo ártico, la forma del Fram le permitía deslizarse y ser empujado hacia arriba, flotando de manera segura sobre las capas congeladas. Botada con éxito en 1892, esta robusta nave de madera iniciaría tres legendarias expediciones que cambiarían para siempre la historia de la exploración de los polos terrestres.

Para garantizar su resistencia, el Fram fue construido con roble de la armada militar secado durante treinta años, reforzado exteriormente con una durísima capa de madera de guayacán que funcionaba como una armadura contra el hielo. Con laterales de hasta 80 centímetros de espesor y una proa blindada con acero, su estructura era indestructible. Contaba además con soluciones de vanguardia como una hélice y un timón retráctiles que podían resguardarse en un pozo interior para evitar roturas. El aislamiento interior incluía múltiples capas de fieltro, corcho y pelo de reno, mientras que una turbina eólica generaba la energía necesaria para la calefacción e iluminación a bordo durante los crudos inviernos polares.

La primera gran travesía polar se inició el 24 de junio de 1893, bajo el liderazgo de Fridtjof Nansen y la capitanía de Otto Sverdrup, rumbo a los confines del Ártico. Tras cruzar los mares de Barents y Kara, y embarcar a los perros esquimales, el navío quedó atrapado intencionadamente en la banquisa en septiembre de aquel año. La audaz e innovadora hipótesis de Nansen consistía en demostrar la existencia de una corriente marina transpolar que fluía de este a oeste, transportando los hielos directamente a través del Polo Norte. Durante el prolongado confinamiento, la estructura redondeada del barco respondió de manera impecable a los embates del hielo, ascendiendo sobre él sin sufrir daños. La expedición funcionó como un gran laboratorio científico que redefinió el saber geográfico.

Ante la lentitud de la deriva del hielo y con la certidumbre de que el barco no pasaría exactamente sobre el Polo Norte, Nansen tomó una audaz resolución tras 18 meses de viaje. En marzo de 1895, acompañado por Hjalmar Johansen, abandonó el Fram para emprender un histórico asalto a pie utilizando trineos de perros, kayaks y esquís de fondo. En su ardua travesía, los dos hombres enfrentaron temperaturas extremas de hasta 40 grados bajo cero y un terreno caótico de bloques helados. Aunque se retiraron tras alcanzar un récord histórico de latitud de 86 grados y 13 minutos norte, su viaje fue una epopeya sin precedentes. Tras sacrificar sus perros, navegaron en kayak e hibernaron ocho meses en una precaria choza.

Mientras tanto, a bordo del Fram, el resto de la tripulación continuó su deriva bajo la firme dirección de Otto Sverdrup, manteniendo una estricta disciplina y realizando valiosas mediciones científicas. El buque demostró una solidez ejemplar, resistiendo los constantes temblores y presiones de los témpanos árticos sin sufrir el menor rasguño. En agosto de 1896, el navío logró liberarse finalmente del hielo al noroeste de Spitsbergen, emergiendo intacto a aguas abiertas exactamente en la zona que Nansen había pronosticado años atrás. La expedición fue un éxito absoluto, al no registrarse ni una sola baja humana ni daños estructurales.

Su propio museo

Tras cinco años de descanso y restauración, el Fram emprendió su segunda gran expedición en 1898, esta vez bajo el mando absoluto de Otto Sverdrup, quien había sido segundo oficial de Nansen. Aunque el propósito inicial contemplaba la circunnavegación de Groenlandia, las implacables condiciones del hielo en el estrecho de Smith obligaron a modificar los planes hacia el Ártico canadiense. Durante cuatro productivos años, el barco funcionó como una estación científica flotante, albergando estudios en biología, meteorología y geología marina. El infatigable equipo exploró y cartografió cerca de 200 mil kilómetros cuadrados de territorio virgen, descubriendo las islas del archipiélago de Sverdrup, en lo que resultó ser la campaña más productiva de la exploración polar.

La tercera y última gran travesía comenzó en agosto de 1910, cuando el prestigioso explorador Roald Amundsen solicitó el Fram para su célebre expedición a la Antártida. Aunque originalmente planeaba navegar al Ártico, Amundsen desvió su rumbo en secreto con el objetivo de conquistar el Polo Sur antes que sus rivales. El barco navegó más al sur que cualquier otro navío en la historia, alcanzando la latitud récord de 78 grados y 41 minutos. Tras el histórico éxito del 14 de diciembre de 1911, el Fram realizó largos viajes por mares templados que deterioraron gravemente sus maderas. Tras su regreso en 1914, pasó años olvidado hasta que Sverdrup logró restaurarlo para exhibirse en su propio museo de Oslo.