Cantante de ópera y esgrimista, Julie d'Aubigny desafió todas las normas sociales del siglo XVII

Aprendió esgrima, participó en duelos y llegó a enfrentarse a hombres vestida como tal, algo excepcional para una mujer del siglo XVII; pero también le dio por las artes, y desarrolló una exitosa carrera como cantante de ópera, debutando en la Ópera de París. La vida de Julie d’Aubigny (1670-1707), conocida como en el escenario La Maupin, estuvo tan llena de aventuras que son muchos los autores que la han utilizado como inspiración.

Quizá uno de los más memorables fue el escritor romántico Théophile Gautier, quien dio a conocer al mundo la historia de Julie en su novela Mademoiselle de Maupin, publicada en 1835. En su famoso prólogo, Gautier defendió la idea de que el arte no debía servir a la moral ni a fines prácticos, lo que generó una enorme polémica por su rechazo al moralismo de la época.

Así, en el libro, Gautier cuestionó las convenciones sociales de su tiempo y exploró los límites de la identidad, el deseo y la libertad individual. No había un personaje mejor que el de Maupin para mostrar esa ruptura con las normas establecidas, una mujer que poco tenía de “dama”, que practicó el travestismo y de la que incluso se dice que fue bisexual.

Las aventuras de Julie

Detrás de la leyenda, encontramos a una mujer llamada Julie que nació en torno al año 1670 en París, hija única de Gaston d'Aubigny, un hombre que trabajaba como secretario de Louis de Lorraine-Guise, conde de Armagnac. Cuando era pequeña, su madre falleció, por lo que fue su padre quien se encargó de su educación.

Este fue quien plantó la semilla de la transgresión. Crió a su hija rodeada de los pajes reales que habitaban la casa del conde de Armagnac, le enseñó literatura, gramática, danza y dibujo, aunque quizá una de las disciplinas que más le marcaron fue la esgrima. Su padre creía que el arte de la espada la ayudaría a defenderse en las calles de París, y fue él mismo el que la preparó.

Sería en su juventud cuando llegó su interés y pasión por la música, lo que la llevaría a convertirse en una popular cantante de ópera, primero en Marsella y luego en París. Se dice que en aquella época siguió metiéndose en problemas, peleando con los actores y actrices con quienes compartía escenario. Pero antes de obtener la fama en el mundo de la ópera, Maupin ya había protagonizado episodios dignos de una historia de ficción.

Tuvo un romance con el conde de Armagnac, jefe de su padre, que acabó concertándole un matrimonio con el señor Maupin, al que debe su apellido, pero del que también terminó huyendo. En las plazas de los pueblos se vestía “de hombre” para enfundar la espada y batirse en duelo, y en una de estas se enamoró de la hija de un mercader, a la que se dice que fue a rescatar a un convento después de que sus padres la internaran para mantenerlas separadas.

Tras una vida de aventuras y una carrera musical exitosa, Maupin se retiró de los escenarios con solo 32 años. Falleció apenas dos años después, en 1707.