El científico que inspiró a Julio Verne con su geografía y que se adelantó al pensamiento ecologista

Geógrafo, viajero y poeta, esos son solo algunos de los apelativos y profesiones que acumuló durante sus más de 75 años, Élisée Reclus, un pensador comprometido que también participó en los debates políticos y científicos del siglo XIX, donde coincidió con figuras como Darwin o Jules Verne, que habría leído su obra para inspirar los lugares de sus novelas.

Lo especial de Reclus fue aportar una perspectiva original a la geografía, relacionándola con las luchas sociales de la época, a la vez que tomó en consideración el entorno natural, adelantándose varias décadas al pensamiento ecologista. Así fue como su disciplina se convirtió no solo en la contemplación, sino también una manera de criticar la política, sociedad y economía de su tiempo.

La vida y obra de Élisée Reclus: geografía comprometida

Élisée Reclus nació en Sainte Foy la Grande, en las proximidades de Burdeos, Francia, el 15 de marzo de 1830. Su padre fue un pastor protestante, cuya rigidez religiosa hizo que sus hijos acabaran estudiando ramas de ciencias. Ese fue el caso de Reclus, que comenzó a publicar sus primeros artículos en 1850, pero tan solo un año después se marchó de Francia tras el golpe de estado de Napoleón III. Después de estar en Londres con su hermano, se marchó a Irlanda y luego a Estados Unidos, donde llegó a trabajar como tutor en una plantación, siendo observador directo de la sociedad esclavista estadounidense.

No soportó este trabajo y lo dejó, pero continuó viajando, acabando en lugares como Colombia. Así, tras seis años de exilio llegó habiendo sido testigo del esclavismo, el colonialismo y la desigualdad social, lo que tendría relevancia en su trabajo después. Al volver a Francia se unió a la Sociedad Geográfica de París y a la editorial Hachette para escribir guías de viaje, donde metió sus propias exploraciones. Así fue como publicó en 1869 una de sus principales obras Historia de un arroyo, con la misma editorial que publicaba a Julio Verne, quien se basaría en los estudios geográficos para describir los lugares de aventuras de sus novelas.

Poco después, se planteó que se continuara la colección con Historia de una montaña, finalmente publicado en 1880, que se considera uno de los mejores libros de literatura natural y que ha publicado la editorial Errata Naturae recientemente en español, con gran tamaño e ilustraciones destacadas. Un libro que se atrasó por varios acontecimientos trágicos de la vida de Élisée Reclus, perdiendo a dos mujeres y con exilio incluido en Suiza, que le llevaría a escribir parte del libro en prisión. A pesar de todo ello, la negatividad, que se aprecia al comienzo de la obra, gracias a la conexión con la naturaleza se va suavizando y acercando al optimismo.

Ferrer Guardia y Blasco Ibáñez divulgaron su obra en España

En su obra, se puede apreciar su discurso ecológico, la responsabilidad de los humanos hacia todos los seres vivos, a la vez que combina la descripción junto a las sensaciones e incluye reflexiones críticas sobre la sociedad de su tiempo. Una de sus afirmaciones es que la sociedad humana no es inseparable de la naturaleza misma:

“Si no hubiera pasado largas horas tumbado en la hierba. mirando o escuchando a estos pequeños seres, mis hermanos, tal vez no habría comprendido hasta qué punto está viva esta gran tierra que acoge en su seno a todo tipo de seres y los sostiene, junto a nosotros, en el cosmos insondable”, escribe, por ejemplo, en Historia de una montaña.  En 1892 obtuvo su mayor distinción con la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París por su Nouvelle Géographie Universelle, que incluía 19 volúmenes. En España, la obra de Reclus llegó gracias a la divulgación que hicieron nombres como Francisco Ferrer Guardia y Vicente Blasco Ibáñez.

La Comuna de Paris, en 1871, fue un acontecimiento crucial en su vida, que le acabaría moldeando su pensamiento político hacia el anarquismo, lo que le hizo ser un activista en ello. Para él era “la más alta expresión del orden”, con su fe en la ayuda mutua y desconfianza en toda forma de dominación. Durante sus últimos años fijó su residencia en Bélgica, donde impartiría clases universitarias y moriría en julio de 1905.

Los documentos y planos de su carrera geográfica se perdieron por la fatalidad de que iban dirigidos al Instituto de Geografía de Tokio Élisée Reclus, y mientras estaban en el puerto de Yokohama se produjo un terremoto, se incendió el muelle y se hundió el barco con la carga.